Las redes y el "privilegio" de pensar
Es inquietante la idea de que la atenci贸n y el tiempo para "pensar" se conviertan en las nuevas monedas de cambio de la desigualdad social.
"El cerebro de nuestros ni帽os y de nuestros adolescentes no est谩 en venta. Las emociones de nuestros menores y de nuestros adolescentes no se venden ni se manipulan".
Con estas palabras, el presidente franc茅s, Emmanuel Macr贸n, festej贸 la aprobaci贸n por parte de la Asamblea Nacional de una ley que proh铆be las redes sociales a menores de 15 a帽os y el uso de celulares en colegios.Medidas como la impulsada en Francia ya se aplican en pa铆ses como Australia y otros integrantes de la Uni贸n Europea estudian hacerlo este a帽o.
驴Por qu茅 lo hacen? Seg煤n estudios cient铆ficos, plataformas como TikTok, Snapchat e Instagram perjudican la salud mental de los j贸venes, favorecen comparaciones constantes y exponen a los menores a contenido violento y al riesgo de ciberacoso.Pero existe una raz贸n m谩s profunda.
Mientras el resto del mundo corre hacia la digitalizaci贸n, las 茅lites europeas est谩n pagando por la desconexi贸n, que, llamativamente, se ha convertido en un s铆mbolo de estatus. En colegios de 茅lite de pa铆ses como Gran Breta帽a, Suiza y Francia, la tendencia no es tener m谩s iPads, sino volver al papel, al l谩piz y a la interacci贸n cara a cara.
O sea, antes, tener una computadora por alumno era se帽al de riqueza. Hoy lo es tener un profesor humano que obligue al chico a dejar el tel茅fono en un casillero. No solo se evita el celular en clase, tambi茅n en los recreos y comedores, para forzar el desarrollo de habilidades sociales y empat铆a.
Algunos art铆culos en Europa y Estados Unidos se帽alan una paradoja social: mientras las escuelas privadas m谩s costosas est谩n eliminando las pantallas, los sistemas p煤blicos (con menos presupuesto) las utilizan mucho m谩s.
El acceso a la tecnolog铆a ya no es el privilegio, lo es el acceso a seres humanos y a un entorno libre de distracciones digitales.Es inquietante la idea de que la atenci贸n y el tiempo para "pensar" se conviertan en las nuevas monedas de cambio de la desigualdad social.
驴No es conveniente dar este debate en la Argentina? Ya que admiramos y pretendemos copiar tantas cosas de los pa铆ses m谩s desarrollados, 驴no tendr铆amos que pensar por qu茅, mientras muchos padres argentinos buscan darles a sus hijos el mejor celular, en Francia los adultos prefieren que no los usen?