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El animal, como vehículo del pánico y el terror

IMPERDIBLES. El subgénero cinematográfico que revivió con una película taquillera

Un subgénero cinematográfico que nunca muere es el de las películas de terror con animales. El atractivo de las películas de miedo se rinde a los “bichos” que parecen tener una vitalidad eterna. Desde criaturas exóticas, marinas hasta simples perritos y felinos acechantes o del más allá, estas propuestas se reinventan una y otra vez porque toca fibras instintivas.

Ahora, con la taquillera “Good Boy” (Buen Chico) y antes con unos cuantos clásicos. La naturaleza salvaje, los vínculos afectivos y el miedo a lo desconocido se combinan en historias donde lo animal se convierte en vehículo del terror más primitivo. Es un subgénero que funciona porque mezcla, en general, lo cotidiano de una mascota con lo impredecible.

Un perro o un gato son presencias familiares, parte de la vida doméstica, pero basta una alteración, como una mirada fija o un comportamiento extraño, para que se instale el desconcierto. En estas películas el espectador siente que algo se quiebra en su entorno emocional: el amigo fiel perruno o gatuno inocente se transforma en portador del mal, o en testigos de aquello que los humanos no pueden percibir.

A diferencia de los monstruos clásicos o los asesinos sobrenaturales, el miedo animal se filtra desde lo íntimo, desde el propio hogar. En ese linaje se inscribe “Good Boy”, película que recientemente se estrenó en todo el mundo y que propone una vuelta de tuerca al género.

La historia sigue a Indie, un perro rescatado que pronto revela una capacidad inquietante: puede ver fantasmas. Su dueño, un joven que se muda a una nueva casa buscando empezar de cero, descubre que no está solo. Indie reacciona con ladridos y gruñidos ante presencias invisibles, y poco a poco una fuerza maligna empieza a manifestarse.

 

A medida que la relación entre ambos se fortalece, el perro se convierte en una especie de guardián espiritual, pero también en un puente peligroso entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

La película combina el terror sobrenatural con una carga emocional intensa, apoyándose en la idea de que los animales perciben energías y entidades que escapan a la razón humana. “Good Boy” se suma así a una larga tradición de filmes donde el miedo adopta forma animal. “Cementerio de animales” (1989 y su remake de 2019), basada en la novela de Stephen King, es probablemente el ejemplo más representativo: los muertos vuelven a la vida, y entre ellos, las mascotas.

El gato Church es símbolo de ese retorno corrupto, un espejo oscuro del amor y la pérdida.

En otras producciones, como “The Pack” (1977) o “Burning Bright” (2010), el terror se origina en la rebelión de los instintos: jaurías salvajes o tigres enjaulados que se vuelven contra los humanos en situaciones extremas. Incluso títulos recientes como “The Reef: Stalked” (2022) retoman el suspenso y el miedo acuático de “Tiburón”, demostrando que lo animal sigue siendo un terreno fértil para la angustia cinematográfica.

El cine de terror con animales persiste porque dialoga con un miedo ancestral: el de perder el control sobre lo que creíamos domesticado. Ya sea a través de la mirada de un perro que ve más allá del velo o de un gato que regresa de la muerte, el género recuerda que el terror puede habitar en lo más cercano, en aquello que duerme al pie de nuestra cama.

Cujo, el perro rabioso

Con “Cujo” (1983), Stephen King consagró a uno de los animales más temidos y recordados del cine. La historia de un San Bernardo infectado por rabia que aterroriza a una madre y su hijo dentro de un auto atrapó al público por su realismo opresivo.

No hay fantasmas ni maldiciones, solo naturaleza desbordada: la violencia del instinto enfrentada a la fragilidad humana. La película, dirigida por Lewis Teague, fue una metáfora del miedo cotidiano, como la pérdida del control y la amenaza dentro del entorno familiar.

Este clásico consolidó la figura del perro como símbolo del terror doméstico. Cuarenta años después, “Cujo” sigue siendo ejemplo de que el horror más efectivo no siempre proviene del más allá, sino de lo más próximo.

UN CLÁSICO: “TIBURÓN”: LA PELÍCULA QUE REDEFINIÓ EL GÉNERO

La película Tiburón (originalmente Jaws), estrenada en 1975 bajo la dirección de Steven Spielberg, se convirtió en un hito dentro de la industria cinematográfica y una obra definitoria del género de terror.

Basada en la novela homónima de Peter Benchley, la trama se centra en los ataques de un gran tiburón blanco a bañistas en la localidad costera de Amity Island. La trama sigue los esfuerzos de un jefe de policía, un biólogo marino y un cazador de tiburones para eliminar al depredador.

El filme es reconocido por el uso efectivo de la sugestión y el terror psicológico. Gran parte de la primera mitad de la película mantiene al antagonista fuera de la vista directa del espectador.

Spielberg optó por mostrar la presencia del tiburón principalmente a través de la perspectiva subjetiva bajo el agua y mediante la tensión creada por la música incidental. A pesar de ser categorizada dentro del subgénero de terror animal, Tiburón se diferencia de producciones anteriores por su enfoque en la tensión dramática y la caracterización de los protagonistas.

El éxito de la primera película impulsó una saga cinematográfica que buscó capitalizar la popularidad la esencia de la original. La franquicia se extendió con tres secuelas: Tiburón 2 (1978), Tiburón 3-D (1983) y Tiburón, la venganza (1987).

Tiburón se mantiene como una referencia en la historia del cine de terror debido a su habilidad para transformar un entorno cotidiano, como la playa, en una fuente de peligro inminente, consolidando la figura del gran tiburón blanco como un ícono de amenaza en la cultura popular.

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