Estos dos lugares de San Telmo ocultan un espeluznante historia y seguro no lo sabÃas
El tradicional barrio porteño de Ciudad de Buenos Aires encierra un sinfÃn de relatos que parecen sacados de la más alucinante pelÃcula de terror.
La Ciudad de Buenos Aires conserva múltiples edificios o estructuras que poseen una rica historia que dejará sin palabras por las aterradoras experiencias que se vivieron en esos sitios. Dentro de la comuna de San Telmo, que es reconocida por sus construcciones antiguas que lo convierte en un barrio superatractivo para el turismo, donde destacan misteriosos relatos.
Una de las residencias coloniales más destacadas del barrio porteño fue la Antigua Tasca de Cuchilleros, construida alrededor del año 1830, y que en la actualidad funciona como una parrilla. Â
A la mejor trama de Romeo y Julieta “porteñizadasâ€, una impactante historia de amor oculta este sitio, donde la hija de un sargento, habrÃa elegido escaparse de un compromiso con el jefe de la Mazorca, Ciriaco Cuitiño, para huir con su amante, Juan de la Cruz Cuello, un payador de mala reputación y mujeriego.
Según detallaron, ambos habrÃan utilizado uno de los pasadizos secretos que atraviesan San Telmo, pero fueron descubiertos en la ciudad de Luján por fuerzas de Cuitiño y la hirieron de muerte.
El mito sostiene que desde ese momento los rosales ya no florecen en ese jardÃn, y que los pétalos de rosa suelen atraer al fantasma de Margarita que deambula por la casa, mientras que otros vecinos aseguran escuchar guitarras durante las noches, aunque el restaurante esté cerrado.
Una de las leyendas más impactantes es la de “Santa Felicitasâ€, que hace alusión a Felicitas Guerrero de Ãlzaga, una de las jóvenes millonarias más deseadas del S. XIX, quien se habÃa casado con el acaudalado MartÃn Gregorio de Ãlzaga.
A los 24 años, enviudó y quiso ser seducida por Enrique Ocampo, aunque se comprometió con el estanciero Samuel Sáenz Valiente. Al momento de su compromiso, en la casa que tenÃan en Barracas, apareció Enrique Ocampo y la asesinó tras una discusión el 29 de enero de 1872.
Tras este hecho, la familia de ella decidió construir una iglesia en el lugar donde fue asesinada, y la leyenda cuenta que las mujeres atan sus pañuelos en las rejas que rodean la Iglesia de Santa Felicitas para que, por las noches, el fantasma de la joven los moje y, de esa manera, lograr felicidad en sus relaciones.