La ciudad sagrada de los quilmes, los feroces guerreros

La ciudadela construida desde la base del cerro, conocido como Alto del Rey, se halla en el noroeste de la provincia de Tucumán, en los Valles Calchaquíes. Se trata del mayor asentamiento precolombino de la Argentina, que cubre alrededor de 30 hectáreas.

Por Prof. Antonio Las Heras alasheras@hotmail.com

 

En la ciudad sagrada del pueblo originario de los quilmes se encuentran los vestigios de antiguos alquimistas que desarrollaron sus prácticas siglos antes del nacimiento de Jesús. Las pruebas están a la vista: en lo alto del cerro tucumano todavía pueden verse los morteros tallados en la piedra misma, dispuestos remedando posiciones astronómicas, en los que se mezclaban las sustancias para concretar la transmutación de similar manera en que lo hicieron los pueblos de Oriente, así como de manera más reciente los europeos.

La ciencia oficial no habla de esto. Ni lo sugiere. Se limita a señalar que dichos morteros fueron utilizados (siempre) para moler grano y convertirlo en alimento. Demasiado simple, ¿no? Además, ¿cómo explicar la numerosa presencia de estos en la cúspide de la montaña? ¿Acaso ganas de hacer el esfuerzo para transportar granos hasta arriba cuando podía molerse al pie de la montaña? Además, en el faldeo también hay numerosas piezas que mantienen disposiciones y cantidades simbólicas. La ciencia académica, la "políticamente correcta", admite que los creadores de esta fortaleza sagrada tuvieron una cultura desarrollada y que, además, dominaban la metalurgia. "Herreros y alquimistas", titula su texto Mircea Eliade, que viene a la memoria.

En la ciudad sagrada del pueblo originario de los quilmes se encuentran los vestigios de antiguos alquimistas.

 

Tanto la promoción turística como los escritos académicos se refieren al lugar como "las ruinas sagradas de los indios quilmes." Preferimos utilizar una designación que nos parece más exacta, "ciudad sagrada." Alcanza con ver el lugar desde medio kilómetro de distancia para advertir que, con el trabajo de los expertos, mal puede hablarse de "ruinas"; allí están las paredes de esa ciudad que albergó a un pueblo originario, los quilmes, reconocidos como feroces e inteligentes guerreros a quienes los colonizadores no podían vencer. No es para menos. Este lugar es un Masada, sólo que de mucho menos superficie. Allá, desde la altura del cerro, podían ver acercarse a cualquier enemigo a kilómetros de distancia. Vertientes que aún hoy llevan agua a los alrededores les permitían resistir por largo tiempo.

El Prof. Antonio Las Heras en la ciudad sagrada.

Tras vencerlos en 1667 y no siendo posible someterlos, los españoles decidieron llevar a los 2.600 sobrevivientes hasta lo que hoy se conoce como Quilmes en recuerdo a la "Misión de Santa María de Quilmes", a unos 35 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los obligaron a caminar mil kilómetros casi sin alimentos, lo que provocó que apenas unos 400 llegaran a destino para morir en su mayoría, en especial por afectarles el clima y la falta de maíz y algarrobo que constituían sus principales comidas.

Los morteros fueron utilizados (siempre) para moler grano y convertirlo en alimento.

 

Unos 3.400 más habían muerto durante las contiendas. Es decir, que los quilmes a mediados del siglo XVII sumaban alrededor de 6.000 almas.

La ciudadela construida magníficamente desde la base del cerro, conocido como Alto del Rey, hasta su cúspide, se halla en la noroeste de la provincia de Tucumán, en los Valles Calchaquíes. Se trata del mayor asentamiento precolombino de la Argentina, cubriendo alrededor de 30 hectáreas y situado a 1.978 metros sobre el nivel del mar. En la cima del cerro hay lo que se conoce como Pucará, una fortificación militar que permite una eficaz defensa del lugar. El resto del espacio está constituido por corrales, sitios para almacenar granos y viviendas. De acuerdo con los estudios realizados las primeras construcciones datan del siglo VIII a.C. Si bien hoy es una zona inhóspita, lo más semejante a un desierto alejado aun de otras poblaciones, los lugareños nos indican que sus abuelos decían que hasta no más de medio siglo en la región llovía frecuentemente entre marzo y octubre; lo que tornaba a esas tierras fértiles y aptas para la agricultura.

Las primeras construcciones datan del siglo VIII a.C.
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