La estremecedora historia de una casa donde quedó atrapado el espÃritu de una niña asesinada
La vivienda, ubicada en Guanajuato, México, pertenecÃa a una familia que se retiró tras la trágica muerte de su pequeña hija. Los testimonios de quienes intentaron vivir allà son escalofriantes.
Para los habitantes de Guanajuato, México, es una historia por demás conocida. Si bien causa estupor, es parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Hablamos de la famosa casa ubicada en el número 903 de la calle Francisco Juárez de la localidad de Celaya, un inmueble que llega a poner la piel de gallina a quien pasa por la cuadra. Rara es la persona que viva en Celaya y que no conozca esta casa o por lo menos un poco de la historia detrás de ella.
La leyenda urbana relata que allà vivÃa un matrimonio con sus dos hijitos, entre ellos una nena. De núcleo familiar tradicional, convivÃan sin mayores problemas y transitaban una vida cotidiana normal. Pero algo les cambió para siempre: la pequeña fue asesinada y sus vidas quedaron destrozadas.Â
Según la cultura popular, al no lidiar con pecados, las almas de los niños descansan en paz desde el momento de su muerte pero, cuando mueren de forma trágica, esa certeza se desvanece: sus almas quedan merodeando en el espacio fÃsico y atormentan a quien quiera habitarlo.
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Tras el terrible episodio vivido, la familia decidió irse de la vivienda y ponerla a la venta. Dicen que ese tipo de energÃas se perciben rápidamente, porque nadie querÃa comprarla. Hasta que, una vez, fue un hombre el valiente que se decidió a habitarla, alquilándola por algunos meses.
Pero la estadÃa se acortó repentinamente, cuando el hombre comenzó a percibir que no estaba solo en el hogar: “Una niña me habla, sale por las puertas, me azotó las ventanas cada noche y me decÃa que me largara de aquÃâ€, relató el sujeto.
De acuerdo a lo que pudo contar, las demostraciones de la niña fueron subiendo de tono hasta que la situación se tornó insoportable y decidió abandonar la vivienda. La familia comenzó a percibir que lo mismo sucedÃa con cada persona y familia que intentó alquilarla: pasados unos meses, la casa quedaba deshabitada de nuevo, sin explicación.
CafeterÃas y tiendas en general intentaron emplazarse dentro de la casa, pero sin éxito. La vibra y las insistentes demostraciones de la presencia de la niña lo hacÃan imposible.
El inmueble fue bendecido en reiteradas ocasiones y, tras algunos años, fue ocupado por el Partido del Trabajo para su Comité Municipal. Sin embargo, tampoco los polÃticos duraron mucho en el lugar.
Hasta la fecha, la casa sigue deshabitada y cada transeúnte que pasa por allà la reconoce. Muchos paran a sacar fotografÃas, mientras que otros se estremecen y cruzan de vereda.