Los libros inspirados por ciertos espíritus
FANTASMAGÓRICAS. Los escritores del pasado que fueron “visitados” por seres espectrales, venidos desde otros planos.
Por Carlos Parodi (*)carlosparodi64@gmail.com
El cautivante universo de la literatura ha preservado instantes que inspiraron una extraña esencia que trascendió al propio autor y a su obra.
Ante tales circunstancias, y poseídos por esa laberíntica senda hecha a base de pesadillas, hechos traumáticos y experiencias sobrenaturales, el mismo acto de la creación quedó impregnado para siempre por el vaho de aterradoras fragancias. Un singular caso es de la autora estadounidense Pearl Curran (1883- 1937) (sentada en la pintura) y que no tuvo mejor idea para inspirarse que experimentar con la siempre maldita, peligrosa y nada lúdica tabla “Oujia”.
Sucedió el 8 de julio de 1913 en su casa de Missouri, en los Estados Unidos. Esa noche, ante el acto de invocación, se presentó el espíritu de una mujer que en vida se llamaba Patience Worth (imagen etérea de pie), y que habría vivido en el siglo XVII en Dorset, Inglaterra.
“Hace muchas lunas que viví y ahora vengo de nuevo” habrían sido las lúgubres palabras del espectro. De acuerdo a varios encuentros fantasmagóricos, Curran supo que Patience había fallecido a causa del ataque de una tribu de aborígenes que invadió su campiña.
Presa de la conmoción, la escritora “permitió” que el espíritu se corporizara en ella y comenzara a dictarle historias referidas a antiguos tiempos y que metódicamente transcribía a través del sistema de “escritura automática”, tan en boga por aquellos años en las prácticas espiritistas.
La exacta descripción de una época remota y la fluída y refinada prosa llevaron a Curran a escribir gran cantidad de poemas, novelas y obras de teatro que llamaron la atención tanto de editores como de los escépticos. Otra escritora estadounidense también escribió bajo un influjo fantasmagórico: Emily Grant Hutchings (1870-1960) autora de una novela que según confesó le había sido inspirada por el espíritu del escritor Mark Twain (1835-1910).
En este caso, tanto los editores del genial autor como sus lectores, llevaron el caso a la Corte y el mismo juez preguntó al jurado popular “¿Es que acaso estamos deliberando ante un caso de esencia sobrenatural?”, y un silencio invadió la sala y se decidió cerrar la sesión.
El caso continuó por años con el apoyo de sus lectores y el repudio de sus detractores, que acusaron a la escritora de ser una gran farsante.
El anticuario inglés John Aubrey (1626-1697), apasionado por la arquitectura gótica, la Heráldica y la Astrología, llevaba una vida apacible cuando empezó a tener sueños premonitorios y sensaciones paranormales que sucedían en su comercio.
A partir de entonces se interesó por los bosques y acantilados de Gales y también por los monumentos megalíticos que estaban esparcidos por Gran Bretaña. También se lo considera el descubridor de “Stonhenge” y del templo druida de Averbury.
A raíz de los viajes de exploración, su acomodada vida de “burgués gentil hombre” dio un giro abrupto. Así, redactó aquellas pesadillas que lo angustiaban y complió datos que recogía de voz de clientes que le ofrecían extraños objetos para exhibir en su tienda.
En Escocia se encontró con videntes y magos, uno de los cuales le indicó una curiosa forma de alcanzar el poder de la invisibilidad: “A medianoche del solsticio de verano, tiene que matar a una serpiente y secar su piel a la sombra, una vez obtenido ese polvo, cúbrete con el y serás invisible”.
Aubrey recogió historias sobrenaturales que enseguida lo convirtieron en un antecedente directo de Charles Fort (1874-1932). Se ocupó de anotar aquellos sucesos sobrenaturales que sucedían en varias regiones de Londres.. Su último libro, “Misceláneas”(1696) fue “best sellers” de su época.
Poco antes de morir y sobre su inusitado interés por los temas paranormales, se refirió a encuentros con entidades espirituales que lo “visitaban” asiduamente en su local. Su legado permanece entre los anales del misterio, tanto como su simple y despojado epitafio, que apenas reza: “Aquí yace John Aubrey, un extraño”.
AUTORA DE “CUMBRES BORRASCOSAS”: LA DESOLADA ESCRITORA EMILY BRONTE
La escritora británica Emily Bronte (1818-1848) es considerada una de las figuras más brillantes y extrañas de la literatura inglesa.
Sus biógrafos señalan que para escribir se internaba en páramos solitarios y en cementerios. Vivió en una época dominada por un muy rígido patriarcado y tuvo que apelar a seudónimos masculinos para publicar sus textos.
Su obra más conocida es “Cumbres borrascosas” (1847) y firmada con el apodo de Ellis Bell. Muchos estudiosos sugieren que la redactó bajo un clima inhóspito y especialmente abrumador. Emily Bronte fue también una apasionada por la lectura de textos de autores místicos.
Ella misma sentía que la vida material no conllevaba ningún valor, en virtud de lo cual pensaba que la verdadera noción de la existencia se encontraba oculta.
En sus cartas y diarios hizo referencia a los “visitantes nocturnos” que la inspiraban y también le generaban una sensación de experiencias visionarias que la acompañaron durante su breve paso por este mundo, ya que desencarnó a la temprana edad de 30 años.
(*) Investigador paranormal y ufológico