Un repaso por la historia de los extraños "metapsÃquicos"
Desde su origen europeo hasta las sesiones "mediúmnicas" en Buenos Aires
Por Carlos Parodi (*)@CarlosParodi.64
El concepto de "EspÃritu" atravesó como un soplo divino los estrictos claus- tros académicos europeos a mediados del siglo XIX. Ese particular "ente" invisible e incorpóreo, provocó no pocas sugestiones entre aquellas sociedades ávidas de nuevas experiencias fenomenológicas.
Y esos espacios plenos de extraordi- naria mixtura, prohijaron transfor- maciones reveladoras en el universo cientÃfico y también en sus misterio- sas "ramas" periféricas.
Lo que desde la antigüedad se conocÃa como "Ciencias Ocultas" pasó a llamarse "MetapsÃquica" en el vocabulario de los profesionales de las ciencias y de los incipientes investigadores de las actividades paranormales.
También los metapsÃquicos hablaban del "PeriespÃritu", que Alan Kardec (1804-1869) padre de la doctrina Espiritista, definÃa como "Ese cuerpo fluÃdico de los espÃritus". Y lo cierto es que la aventura de cruzar aquellos lábiles lÃmites originó rechazos y controversias entre los cÃrculos de las Ciencias.
Bajo este nuevo escenario, disciplinas como el Magnetismo, la Hipnosis y el Espiritismo oscilaron entre fluidos y energÃas a través de un laberÃntico devenir de profundos cambios sustanciales en el pensamiento occidental.
Los practicantes metapsÃquicos contaban con el lega- do del psicólogo inglés egresado del Trinity College de la Universidad de Cambridge, Edmund Gurney (1847- 1888) basado en su obras "Phantasms of the Living" y "Hallucinations", en las cuales su autor profundizaba en esas zonas no exploradas por las facultades mentales.
El mismo camino de búsqueda ultra terrenal habÃa emprendido el biólogo Alfred Russel Wallace (1823-1913).
Este cientÃfico, conjuntamente con su amigo el naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882) trabajó en la "TeorÃa de la Evolución" y - acaso como una extensión religiosa paralela a su formación académica- abarcó otros dominios, tal como lo demostró en su libro "Sobre los milagros y el Espiritualismo" publicado en 1875.
Curiosamente Wallace también se interesó en la probabilidad de vida extraterrestre en su obra "¿Es Marte habitable?" del año 1907.
Oscilando en medio de la corriente Positivista se publicó en 1922 el "Tratado de MetafÃsica" del médico fisiólogo francés Charles Richet (1850 -1935) Premio Nobel de Medicina (1913), el cual versaba acerca de misteriosas energÃas que rodean la existencia hu- mana y a su intrincado concepto del Más Allá.
El despertar MetapsÃquico en Argentina
Los registros historiográficos documentan que en marzo de 1858 se creó en Buenos Aires la primera Sociedad de Espiritismo llamada "Fe, Esperanza y Caridad".
Muchas personalidades de los ámbitos cientÃficos, polÃticos y culturales acu- dÃan a las sesiones seducidas por las asombrosas habilidades de los médiums.
El periodista Cosme Mariño (1847-1927) y polÃticos como Rafael Hernández (1840-1903) y Felipe Senillosa (hijo) (1838-1906) fueron las figuras de mayor renom- bre en el ámbito espiritista porteño de esos años.
Felipe Senillosa fue el intermediario para que visite Buenos Aires el médium "del momento", el norteamericano Henry Slade (1835- 1905). A tal efecto, a las promocionadas sesiones de Henry Slade asistieron Aristóbulo del Valle (1845-1896) y Carlos Pellegrini (1846-1906).
Otra curiosidad fue la creación en 1896 de una "Sociedad Magnetológica" inspirada en la enigmática figura del médico francés Franz Mesmer (1734- 1815).
Años después, uno de los metapsÃquicos más conocidos que se afincó en Buenos Aires fue el ingeniero quÃ- mico paraguayo, Ovidio Rebaudi (1860-1931) quien pertenecÃa a la "Sociedad Espiritista Constancia" y se destacaba por sus performances mediante el uso de mesas parlantes y escritura automática.
Rebaudi publicó en 1896 el libro "Apuntes sobre Espiritismo Experimental". En esos tiempos resultaban muy interesan- tes las polémicas que se suscitaban a raÃz de los orÃgenes del Espiritismo, asà como su grado de credibilidad y de aceptación ante la sociedad y la Ciencia.
En tal sentido, mientras Mariño apelaba a una fuerte creen- cia religiosa, Senillosa y Rebaudi le daban un basamento empÃrico y proclamaban poder demostrar su veracidad frente a la escéptica mira- da de los ilustrados cÃrculos académicos porteños.
Hacia 1920 las experiencias espiritistas se extendieron hacia otros puntos geográficos y La Plata fue uno de los lugares elegidos para que los concurrentes se maravi- llaran con las acciones del médium Osvaldo Fidanza (1883-1963). Lo particular de sus sesiones fue que utilizaba las técnicas de "Psicokine- sis" y "TelepatÃa".
Hacia la década de 1950 hubo un auge de las practicas espiritistas y son recordadas las mul- titudinarias asambleas realizadas en el Luna Park. En paralelo a ello, cobró relevancia la figura del psicólogo metapsÃquico egresado de la Facultad de Humanidades de La Plata, Alejandro Erú (1916- 1969) quien tras recorrer India, creó en 1967 en Buenos Aires un "Centro Tibetano".
Según algunos documentos, se re- veló que la singularidad de este me- tapsÃquico es que habÃa conseguido captar la "manifestación" de un ser humano mediante una misteriosa técnica de "Efectos FÃsicos".