Los pasillos de la droga, el terror de los vecinos

BARRIOS POPULARES. Radiograf铆a de un fen贸meno incontrolable.

Por Mat铆as Resano mresano@cronica.com.ar

En los 煤ltimos a帽os, los barrios populares han experimentado un avance notable, gracias al esfuerzo de sus habitantes, pero estos todav铆a padecen un mal frente al cual est谩n desamparados. Un gigante que los aplasta d铆a a d铆a, representado por una aceitada e inmensa mec谩nica, sobre la que se desarrolla la comercializaci贸n de narc贸ticos, que principalmente tiene lugar en los legendarios y temidos pasillos de la droga.

鈥淓s mal铆simo, porque no vemos una soluci贸n y nosotros tampoco sabemos c贸mo enfrentarlo鈥, detall贸 Patricia Azara, psic贸loga y representante de Abriendo Caminos, una organizaci贸n que brinda asistencia a j贸venes adictos en diferentes villas de emergencia. El testimonio de Azara refleja el estado de situaci贸n con el que conviven miles de vecinos, y en muchos casos hasta los afecta directamente.

En este sentido, en los barrios, la opini贸n es generalizada, aunque suelen expresarla por lo muy bajo; que no tienen otra alternativa de mirar para otro lado mientras la droga circula muy cerca de ellos, preferentemente en los sectores m谩s oscuros o menos transitados. Al respecto, la mencionada especialista se帽al贸 que 鈥渓os pibes comercializan en los pasillos, mientras que los dealers est谩n en sus casas, que se conoce como trincheras鈥.

Estos rincones ya no son tan frecuentados por los residentes del lugar, sino por visitantes con diferentes poderes adquisitivos. Est谩n aquellos que ingresan al barrio a bordo de autom贸viles de alta gama, que simboliza un llamado de atenci贸n para la comunidad, alertada as铆 de un nuevo cliente de los 鈥渧endedores鈥 de la zona. No obstante, el contrapunto de aquellos son los denominados 鈥渇isuras鈥, que representan un verdadero peligro para el vecindario, puesto que, en busca de dinero para volver a comprar sus estupefacientes, llevan adelante diferentes actos de robo, siendo el arrebato la modalidad m谩s empleada, pero no s贸lo de billeteras, relojes y tel茅fonos celulares.

鈥淎hora se cuelgan de las puertas de los patios delanteros o de los balcones para apropiarse de los perros, durante la noche. Los caniches son los que m谩s se llevan, para venderlos en otros barrios. Luego escapan por los techos, son como ara帽as鈥, confes贸 a 鈥淐r贸nica鈥 una mujer que vive en una de las villas de emergencias relevadas. En tanto, quienes encabezan el narcotr谩fico tienen como ley no meterse con nadie del barrio, hasta hay vecinos que aseguran que custodian su radio de influencia para evitar asaltos, mientras que al mismo tiempo marcan su territorio.

Sin embargo, sus presencias son peligrosas y suelen generar da帽os graves e irreversibles a los propios j贸venes del lugar. En referencia a ello, Patricia Azara dej贸 en claro que 鈥渓os vecinos son v铆ctimas, porque se trata de padres que trabajan todo el d铆a mientras sus hijos quedan en la calle, y ellos ven c贸mo los dealers se pasean en autos 煤ltimo modelo y eso los atrae, porque con la venta caminan el camino m谩s f谩cil para tener sus zapatillas y su ropa de marca.

Pero pueden terminar muertos o presos鈥. En este contexto, la droga acecha, los pasillos son de tr谩nsito exclusivo para algunos y prohibido para otros, quienes imploran por una soluci贸n de ra铆z para seguir recorriendo tranquilos ese sendero de sacrificio y superaci贸n que han emprendido por ellos mismos y por el cual hoy las villas son barrios en crecimiento.

Un informe revelador. (Pablo Villan - Cr贸nica)
El paisaje de los barrios urbanos. (Carlos Ventura - Cr贸nica)
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