¿Qué decía la carta que dejó el presunto femicida de Priscila para engañar a la policía?
El detenido se hizo pasar por la víctima pero una pericia caligráfica lo deschavó. El escrito fue clave para dar con el cadáver de la adolescente de 15 años, que estaba desaparecida desde el 20 de febrero.
El hallazgo del cuerpo de Priscila Martínez, de 15 años, enlutó a la localidad de La Banda, en Santiago del Estero, donde la chica fue vista por última vez el pasado 20 de febrero. Una carta firmada con su nombre fue clave en la investigación de su paradero y posibilitó dar con el principal sospechoso, su tío Rubén Oscar Ávila.
Las averiguaciones comenzaron el 23 de febrero cuando la abuela y la tía de Priscila acompañaron a su madre a denunciar la desaparición en la Comisaría N°2 del Menor y la Mujer.
Desde entonces, todo el territorio provincial compartió su búsqueda, que culminaría de la peor manera el pasado miércoles: el cádaver de la adolescente fue encontrado enterrado y cubierto de cemento, en la casa de Ávila, en la calle Catamarca y Larraburre, del barrio Los Lagos.
Antes de llegar a ese lugar, los investigadores recopilaron testimonios que determinaron que la última persona en ver con vida a Priscila fue su tío, Ávila, quien estaba detenido desde el 10 de marzo por golpear y violar a una chica menor de edad.
Durante la búsqueda también allanaron tres domicilios en La Banda: la casa de Ávila y dos viviendas de un segundo sospechoso, un docente que le pagaba a la chica en ocasiones para que cuidara a su hijo de 10 años. La investigación luego se trasladó a Buenos Aires y Tucumán, aunque esas líneas no prosperaron.
La pista clave que llevó a dar con el cuerpo fue una carta, que apareció dos semanas después de la desaparición de la adolescente, quien supuestamente la había firmado.
El papel, según contaron los familiares de la chica, estaba en un portón de hierro de la vivienda de uno de sus parientes. “Hola tía, estoy embarazada. No vuelvo a casa, me junté”, podía leerse, según reprodujo El Liberal.
Ese escrito fue sometido a una pericia caligráfica, que estableció que la letra no era de Priscila, sino de su tío. A esto se sumaron los testimonios de vecinos, que aseguraron que el acusado había hecho trabajos de albañilería en su casa días posteriores a la desaparición.
Al ingresar a la casa el pasado miércoles, los fiscales Natalia Saavedra y Hugo Herrera, junto con los efectivos, notaron que había dos tipos de trabajos en el piso de la habitación donde dormía Ávila. “Había un alisado muy fino y un contrapiso más elaborado”, manifestó una fuente de la causa.
Debajo de esa carpeta, en un pozo de un metro de profundidad, estaba el cuerpo de Priscila cubierto con revistas, boletas de impuestos a nombre del tío de Ávila y CDs viejos. No había ropa ni ningún objeto que tenía la chica cuando fue vista por última vez.
A pesar del estado de descomposición, el cadáver no presentaba lesiones visibles graves: sólo en una de sus piernas tenía un corte que podría ser un cuchillazo, por lo que esperaban los resultados de la autopsia del Centro de Salud Banda para conocer las causas de muerte.
La Fiscalía, en tanto, investigaba si la casa de Ávila fue la escena del crimen y cuál fue el móvil por el que el hombre truncó la vida de su sobrina.