Pocas mujeres marcaron la historia y la pol铆tica argentina como Eva Duarte de Per贸n. O para decirlo m谩s apropiadamente, Evita.
鈥淐uando eleg铆 ser Evita s茅 que eleg铆 el camino de mi pueblo鈥, dijo de s铆 misma. 驴La diferencia entre Eva Per贸n y Evita? La explic贸 ella con gran claridad en 鈥淟a raz贸n de mi vida鈥: 鈥淯nos pocos d铆as al a帽o, represento el papel de Eva Per贸n; y en ese papel creo que me desempe帽o cada vez mejor, pues no me parece dif铆cil ni desagradable".
鈥淟a inmensa mayor铆a de los d铆as soy en cambio Evita, puente tendido entre las esperanzas del pueblo y las manos realizadoras de Per贸n, primera peronista argentina, y 茅ste s铆 que me resulta papel dif铆cil, y en el que nunca estoy totalmente contenta de m铆. (...) De Eva Per贸n no interesa que hablemos. Lo que ella hace aparece demasiado profusamente en los diarios y revistas de todas partes. En cambio, s铆 interesa que hablemos de Evita; y no porque sienta ninguna vanidad en serlo sino porque quien comprenda a Evita tal vez encuentre luego f谩cilmente comprensible a sus descamisados, el pueblo mismo, y 茅se nunca se sentir谩 m谩s de lo que es ...鈥.
Nada mejor que dejarla explicar a ella, c贸mo fue que aquella jovencita nacida en Los Toldos dej贸 su vida pueblerina para convertirse en la abanderada de los humildes. Hoy cumplir铆a 99 a帽os, pero una cruel enfermedad termin贸 su vida cuando apenas ten铆a 33. Pero no hubo ni habr谩 enfermedad alguna que logre sacarla del coraz贸n de su pueblo
All铆 dej贸 una marca que nada puede borrar. Esa que se gan贸 acompa帽ando a Juan Domingo Per贸n, trabajando intensamente por y para el pueblo, luchando para que la mujer tuviera el rol que se merec铆a en la pol铆tica argentina, consiguiendo el voto femenino. Ese amor que se gan贸 junto a cada m谩quina de coser que entregaba a una costurera, como lo fue su madre Juana.
Ese terremoto, ese encuentro Fue en un festival a beneficio de las v铆ctimas del terremoto de San Juan, realizado en enero de 1944 en el Luna Park, cuando Evita conoci贸 a Juan Domingo Per贸n. Un encuentro decisivo para la historia pol铆tica argentina. Pas贸 a ser la Primera Dama en 1946. Pero fue m谩s, much铆simo m谩s.
Sus tareas sociales, su claridad pol铆tica, su rol junto a Per贸n, su infatigable lucha para darles dignidad a los olvidados del pa铆s, hicieron que se convirtiera en una de las mujeres m谩s influyentes de la historia argentina.
Porque acompa帽贸 a Per贸n en todos los actos y viajes, pero nunca estuvo a su sombra. Nunca una mujer hab铆a tenido ese rol en la historia nacional.
Volvamos a sus palabras, para entender el lugar que ocup贸 junto a Per贸n: 鈥淓sta es una circunstancia fundamental y se relaciona directamente con mi decisi贸n de ser una esposa del Presidente de la Rep煤blica distinta del modelo antiguo. Yo pude ser ese modelo. Esto lo digo bien claro porque tambi茅n se ha querido justificar 鈥榤i incomprensible sacrificio鈥 arguyendo que los salones de la oligarqu铆a me hubiesen rechazado. Nada m谩s alejado que esto de toda realidad, ni m谩s ausente de todo sentido com煤n. Pude ser una mujer de Presidente como lo fueron otras. Es un papel sencillo y agradable: trabajo de los d铆as de fiesta, trabajo de recibir honores, de 鈥榚ngalanarse鈥 para representar seg煤n un protocolo que es casi lo mismo que pude hacer antes, y creo que m谩s o menos bien, en el teatro o en el cine. En cuanto a la hostilidad olig谩rquica, no puedo menos que sonre铆rme. Y me pregunto: 驴por qu茅 hubiese podido rechazarme la oligarqu铆a? 驴Por mi origen humilde? 驴Por mi actividad art铆stica? 驴Pero acaso alguna vez esa clase de gente tuvo en cuenta aqu铆 o en cualquier parte del mundo, estas cosas, trat谩ndose de la mujer de un Presidente? Nunca la oligarqu铆a fue hostil con nadie que pudiera serle 煤til. El poder y el dinero no tuvieron nunca malos antecedentes para un oligarca genuino (...) Pero adem谩s, yo no era solamente la esposa del Presidente de la Rep煤blica, era tambi茅n la mujer del conductor de los argentinos鈥.
Todo lo que dio Evita en su tarea pol铆tica y social dej贸 mucho m谩s que el voto femenino y la ayuda a sus 鈥渄escamisados鈥.
Cre贸 el Partido Peronista Femenino, del cual fue presidenta, y la Fundaci贸n Eva Per贸n, a trav茅s de la cual se crearon hospitales, escuelas, orfanatos, jardines de infantes y maternales, asilos para ancianos y madres solteras.
Muchos ni帽os por primera vez supieron lo que era disfrutar de las vacaciones a trav茅s del Plan de Turismo Infantil y sus colonias. Patrocin贸 campeonatos infantiles de f煤tbol, en los que muchos ni帽os por primera vez disfrutaron de una ropa adecuada para hacer deporte. El Tren Sanitario Eva Per贸n, que contaba con los aparatos m茅dicos m谩s modernos, acercaba a los m茅dicos a los pueblos alejados.
Comedores, viviendas para obreros, barrios universitarios, escuelas, todo se constru铆a en aquella primera presidencia de Juan Domingo Per贸n, con la marca inconfundible de Evita. Pero no era beneficencia, no. Aborrec铆a esa palabra impuesta por las damas de la oligarqu铆a que tanto la odiaron. Todo lo que hac铆a era en pos de la justicia social. Por eso los poderosos no la quisieron. Por eso se escribi贸 鈥淰iva el c谩ncer鈥 en los barrios de la clase alta. Evita fue una bisagra hist贸rica en la participaci贸n de las mujeres argentinas en la pol铆tica.
Como se帽al贸 el 27 de febrero de 1946: 鈥淟a mujer argentina ha superado el per铆odo de las tutor铆as civiles. La mujer debe afirmar su acci贸n. La mujer debe votar. La mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos m谩s extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformaci贸n del concepto de mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el n煤mero de sus deberes sin pedir el m铆nimo de sus derechos鈥.
Eterna Dejando en claro que renunciaba a los honores pero no a su puesto de lucha, Evita rechaz贸 la propuesta de la CGT de acompa帽ar a Juan Domingo Per贸n en la f贸rmula para la reelecci贸n segura de 1951. El pueblo se lo pidi贸 a gritos en el cabildo abierto sobre la avenida 9 de Julio, pero ya sufr铆a de met谩stasis en gran parte de su cuerpo y, adem谩s, una parte del Ej茅rcito se opon铆a a su postulaci贸n.
La foto en la que se la ve votando en su cama el d铆a de las elecciones, demostraba su grave estado de salud. Tanto que la 煤ltima vez que el pueblo pudo ver a Evita en un acto fue el 4 de junio de 1952, al asumir Per贸n su segunda presidencia . Para mostrarse fuerte ante la multitud, le hicieron un cors茅 de yeso y alambre para mantenerse firme, y le dieron m谩s morfina que la que estaba acostumbrada. Muri贸 el 26 de julio de 1952, a las 20:25 horas.
Su multitudinario velatorio en la Secretar铆a de Trabajo, el Congreso y la CGT, en d铆as de fr铆o y lluvia, se convirti贸 en una de las demostraci贸n de dolor popular m谩s significativas de la historia. Evita no tuvo hijos, pero se la recuerda como la madre de todos. Por eso es que a 99 a帽os de su nacimiento, su imagen y sus palabras no han perdido vigencia. Sigue siendo Evita, la abanderada de los humildes.