Especial a 47 a帽os de la muerte de Juan Domingo Per贸n: una partida que paraliz贸 totalmente al pa铆s
Varios聽m茅dicos intentaron salvarle la vida al entonces Presidente de la Naci贸n聽en la residencia de Olivos, pero ninguno pudo hacerlo, y aquella ma帽ana del 1 de julio de 1974聽se apag贸 la vida del caudillo que dej贸 una marca en nuestra historia.
POR ROBERTO DI SANDRO
Hace 47 a帽os entraba en la inmortalidad uno de los m谩s grandes l铆deres de Am茅rica y tres veces presidente de la Argentina: el general Juan Domingo Per贸n. A las 13.15 se anunciaba el fallecimiento del gran estadista que cumpl铆a su tercera gesti贸n al frente del gobierno.
Se paraliz贸 el pa铆s mientras la vicepresidenta, su esposa, Mar铆a Estela Mart铆nez, formulaba la infausta nueva al pueblo. Como bien afirm贸 un colega, 鈥渉asta las paredes lloraron鈥. El diario Cr贸nica, en una sola palabra, expres贸 en su tapa el sentimiento del pueblo trabajador hacia su l铆der: MURI脫. Inmenso dolor recorri贸 el pa铆s a partir de su paso a la inmortalidad. Su coraz贸n hab铆a dejado de latir a las 10.15, aproximadamente. Se recuper贸 s贸lo unos instantes y fue llevado hasta el primer piso del chalet de Olivos donde, a pesar de los esfuerzos realizados, los m茅dicos no pudieron rehabilitarlo.
En la Casa de Gobierno los periodistas escucharon exactamente a las 13.15, de la voz de la vicepresidenta de la Naci贸n y esposa del gran caudillo estas palabras: 鈥淎caba de fallecer el Presidente de la Naci贸n, General Juan Domingo Per贸n鈥. Estaba cumpliendo 79 a帽os y sus fuerzas se agotaron. A帽os de lucha, exilios en varios pa铆ses y dem谩s padecimientos lo tuvieron alejado de la Argentina casi 18 a帽os a帽os.
Lo hab铆an derrocado en 1955 tras un sangriento golpe de Estado que -semanas antes- hab铆a asesinado a m谩s de 300 personas durante un ins贸lito y criminal bombardeo a la ciudad. Per贸n dijo el d铆a de su derrocamiento, a pesar de los deseos del pueblo de que continuara al frente del gobierno: 鈥淎ntes que la sangre, el tiempo鈥. Alud铆a as铆 a su rendici贸n para evitar una masacre, pero insinuando un retorno que se produjo de manera definitiva en 1973.
聽
聽
Varios fueron los m茅dicos que estuvieron junto a su lecho para salvarle la vida. Ninguno pudo hacerlo. Los doctores Cossio, Liotta, Matera y Taiana, brillantes cirujanos, se turnaron para asistirlo. El viejo coraz贸n del caudillo no resisti贸 m谩s y dej贸 de latir para entrar en la historia. Per贸n cerr贸 los ojos mientras descansaba y le铆a un libro en una gran reposera que hab铆a tra铆do de su exilio en Espa帽a.
Impacto nacionalLa actividad se detuvo en el pa铆s. Largas colas se instalaron frente a los diarios y mostraron su gran tristeza en cada lugar de nuestro extenso territorio. Las l谩grimas recorrieron millones de rostros de trabajadores, de los dos sexos, que recordaban a un presidente que les hab铆a otorgado la dignidad que nadie, antes, les hab铆a dado. Los despose铆dos se silenciaron para rendirle homenaje.
En la Casa Rosada cesaron las actividades. En la Sala de Periodistas las m谩quinas de escribir iniciaron un largo relato de quien hab铆a generado durante a帽os una historia de calor y apoyo para los pobres y de rechazo para otros muy distantes de los que luchan diariamente por el trabajo. El pueblo en general comenzaba a juntarse en la Plaza de Mayo para mostrar su dolor y tristeza. En tanto, aquellos que nunca lo quisieron exhibieron un equilibrio emocional que puso en evidencia un respeto que en otras 茅pocas hab铆an marcado ese gran signo que tiene un solo concepto: divisi贸n entre hermanos.
De all铆 que se escribieron an茅cdotas de rueda de periodistas tipo 鈥渋nformales鈥 que los hombres de prensa acreditados en la sede gubernamental ten铆an con el Presidente. Se produc铆an cada 15 o 20 d铆as y Per贸n recordaba momentos personales en los cuales no ocultaba su preferencia por el deporte y m谩s por el boxeo y el automovilismo.
Al propio tiempo, se met铆a en el terreno pol铆tico y sent铆a admiraci贸n por Hip贸lito Yrigoyen, por Ricardo Balb铆n y hasta mostraba, ya en ese tiempo, un especial inter茅s en escuchar a un dirigente muy joven que se ven铆a acomodando entre los cuadros pol铆ticos del radicalismo. Su nombre: Ra煤l Alfons铆n.
聽
聽
Todo este tipo de confidencias se mezclaban con proyectos y realizaciones que beneficiaban a la industria y en especial al trabajo en sus diferentes aspectos. Hablaba de los artistas y preferencias, mostrando su afecto a Hugo del Carril, Mariano Mores, Tita Merello y otros cultores del cine, la radio y la televisi贸n que, sab铆a bien, no eran peronistas, 鈥減ero grandes int茅rpretes鈥.
El presidente Per贸n record贸, muchas veces, en esas conversaciones 鈥渙ff the record鈥, algo sumamente importante para los cronistas acreditados: hablar con todos los destacados exclusivamente 鈥測a que todos los d铆as est谩n firmes detr谩s de la informaci贸n鈥, recalcaba. Es un hecho que alguien como el que escribe esta nota lo remarca siempre. Una menci贸n que qued贸 en mi recuerdo es aquel d铆a en que, caf茅 tras caf茅, el l铆der de los trabajadores -ya en su tercera presidencia- mencion贸 su profundo an谩lisis de todo lo que significa el medio ambiente y trajo a la memoria algo que alguna vez dijimos en escritos sobre temas de verdadero inter茅s, como el acopio de informaci贸n de una visita que hizo al pa铆s, durante el gobierno de Arturo Illia, el jefe de Estado de Francia en aquel momento, Charles de Gaulle.
Contaba Per贸n que solicit贸 todos 鈥渘uestros estudios鈥 acerca de la ecolog铆a 鈥渜ue luego el general franc茅s puso en vigencia durante su gobierno鈥. Estas an茅cdotas y mucho m谩s recorrieron escritos del periodismo de aquel momento. Adem谩s, otros profesionales abundaron en detalles de tipo pol铆tico. Al cumplirse este jueves聽47 a帽os de la muerte de Juan Per贸n, descorremos este abanico de encuentros con esa figura que seguramente ser谩 recordada hoy en un contexto sumamente dif铆cil que a煤n vive el pa铆s ante la existencia del Covid-19, virus que conmueve al mundo desde hace un a帽o y medio.
鈥淪e rompi贸 el molde鈥En aquel 1掳 de julio de 1974, la conmoci贸n por la muerte del fundador del Partido Justicialista fue impactante. Se viv铆a una situaci贸n dif铆cil ante hechos violentos que se suced铆an a cada instante en el pa铆s. Sectores rebeldes generaban temor en las calles de Buenos Aires y de otros puntos de la Argentina. Sin embargo, la gente se instal贸 en cualquier camino que desembocaba en el Congreso para estar presente en su velatorio.
En Olivos, rato antes de su traslado al Palacio de las Leyes, un grupo de ayudantes cambi贸 de ropa a Per贸n y le puso el traje de teniente general. Lo hab铆an subido al primer piso de la residencia todos los m茅dicos que lo atendieron, y su esposa, Mar铆a Estela Mart铆nez de Per贸n, a la que llamaban Isabelita, anunci贸 su deceso ante la presencia de todo el gabinete. El desfile del pueblo fue incesante e impresionante.
Los medios dieron detalles salientes del hist贸rico momento. Dos relevantes circunstancias reflejaron el dolor general: El ya mencionado t铆tulo de Cr贸nica en primera plana, 鈥淢URI脫鈥, recorri贸 el mundo con esa palabra y gener贸 comentarios de relevante sentido period铆stico, ya que con esa expresi贸n involucraba todo un editorial. El otro impacto fue la imagen de un soldado parado frente al edificio del Congreso, llorando desconsoladamente por la partida del gran l铆der argentino.
El paso de los a帽os luego dio rienda suelta a otros conceptos que cerraban los homenajes a Per贸n. Uno de ellos surgi贸 del coraz贸n de un laburante e ingres贸 al 谩lbum de los recuerdos. Con claridad meridiana y poni茅ndole un poco de picard铆a pol铆tica dijo: 鈥淢uri贸 Per贸n y se rompi贸 el molde鈥. Sin duda como 茅l no habr谩 alguien que se le aproxime, seg煤n los que militamos en el peronismo hist贸rico.
Seguramente muchos m谩s lo piensan pero no lo dicen. Juan Domingo Per贸n dej贸 este mundo cuando hab铆a logrado establecer un v铆nculo con su m谩ximo adversario, el radical Ricardo Balb铆n. Ambos se encontraron en muchas circunstancias despu茅s del gran abrazo. Antes de morir Per贸n, el di谩logo entre ambos era constante. Claro que nadie lo sab铆a porque los dos se trataban reservadamente.
Este escriba, que vivi贸 ciertas situaciones, se sorprendi贸 a medias alguna vez. Ocurri贸 cuando ambos aparecieron en el Patio de las Palmeras en la Casa Rosada, y pudo comprobar que los dos dialogaban con fruici贸n sobre diversos temas. Por supuesto que era un sitio donde solamente estaban los custodios, y a distancia. All铆 pod铆an abordar algunas ideas. L谩stima que, pasado alg煤n tiempo, no pudieron cuajar con la idea de ambos: uno como presidente, Juan Per贸n, y el otro como vice, Ricardo Balb铆n, que hubiera sido tal vez el mejor continuador de un proyecto com煤n.
聽
Cu谩ntas veces se habl贸 de esto. pero la falta de esp铆ritu de unidad de sectores de ambos lados, destruy贸 esa idea que hubiese sido superadora de cualquier divisi贸n. No pudieron conformar una f贸rmula presidencial, pero la amistad qued贸 sellada. Seguramente hoy, en ciertas entidades se continuar谩 con la costumbre de homenajear al General Per贸n. Sin duda, los hist贸ricos del peronismo junto a las nuevas generaciones honrar谩n a esta figura sobresaliente de la historia pol铆tica argentina.
聽