"Se帽ora, s贸lo le robo un minuto para saber qu茅 tango le gusta"

SUPLEMENTO ESPECIAL聽El Decano de Casa de Gobierno, Roberto Di Sandro, relata en primera persona su encuentro con Evita y c贸mo eran los d铆as de la Primera Dama cuando dedicaba sus jornadas a la ayuda social.

Por Roberto Di Sandro

Corr铆a el a帽o 1948 y un d铆a de marzo el entonces presidente Juan Domingo Per贸n invit贸 a los periodistas acreditados en la Casa Rosada a degustar un asado en la Quinta de Olivos. En ese momento, el mandatario se hab铆a instalado en dos residencias. Una en la provincia de Buenos Aires y otra en Austria y Avenida del Libertador. Pero principalmente atend铆a en la residencia de Winneberg y Villate. En aquel almuerzo tuve, por primera vez, la oportunidad de hablar en forma directa con Evita. Hac铆a un a帽o que hab铆a ingresado en la Casa de Gobierno para representar a la agencia Telam, como cronista acreditado. En el primer piso de la Rosada, donde hoy se encuentra instalada la Sala de Periodistas, hacia el lado de Paseo Col贸n estaba la Presidencia. All铆 Juan Per贸n ten铆a su despacho y a su lado, a muy pocos metros se instal贸 Evita. A unos metros su hermano, secretario privado del l铆der, Juan Duarte. Llegu茅 hasta all铆, junto a los colegas de otros medios para conversar con Per贸n en circunstancias diversas y tuve la oportunidad de saludar, sin dialogar, a la Primera Dama. Pero vuelvo a aquel almuerzo porque recuerdo ese breve di谩logo que mantuve, con esa gran mujer, eterna en el alma del pueblo.

"Uno", su tango preferido

En medio del bullicio de acordes tangueros y voces conocidas se desarroll贸 el almuerzo con Per贸n y su esposa. Resulta que mientras se degustaba un exquisito asado algunas figuras salientes de nuestro espect谩culo hac铆an escuchar su voz y su m煤sica. Por ejemplo, Hugo del Carril, Mariano Mores, Antonio Tormo, Nelly Omar, Alberto Castillo y otros 铆dolos de la cultura popular. En esas circunstancias le pregunt茅 al querido “Negro” Eduardo Juvenal Pacheco, amigo directo del general Per贸n, si pod铆a acercarme a Eva para consultarle cu谩l era su tango preferido. Me acompa帽贸 hasta Juan Duarte para cumplir con el protocolo y de inmediato me acerqu茅 hasta el lugar en que estaba sentada la se帽ora.

Di Sandro conoci贸 personalmente a Evita durante un almuerzo organizado por Presidencia de la Naci贸n.

All铆, con cierta timidez me atrev铆 a preguntarle: “Se帽ora…. solo le robo un minuto para saber qu茅 tango le gusta”. Dej贸 de lado un trozo de jugoso lomito para decirme con sonrisa en sus labios: “Me gusta el tango Uno”. Agradec铆, me retir茅 y luego lo coment茅 entre los periodistas que estaban en la mesa. Casi al t茅rmino del almuerzo recib铆 una sorpresa. Se sent贸 en el piano all铆 instalado Mariano Mores y a su lado, micr贸fono en mano Hugo del Carril. Cant贸 entonces el tango “Uno” de su autor铆a (Mores) y Enrique Santos Disc茅polo. Los aplausos interminables coronaron ese momento tan especial y quien escribe sinti贸 una emoci贸n pocas veces percibida. Quise contar esto porque fue la gran satisfacci贸n de poder hablar con Evita aunque hayan sido breves palabras. En estos cien a帽os de una mujer que nunca ser谩 olvidada, tuvimos el privilegio de conocerla y de mantener siempre en el recuerdo ese momento.

"Se帽ora…. solo le robo un minuto para saber qu茅 tango le gusta”.

Lo que conoc铆

Adem谩s de tener esa oficina al lado de su marido, tambi茅n ten铆a un sal贸n sobre los balcones de la Plaza de Mayo. Hoy sigue estando all铆 el recuerdo de la abanderada de los humildes, con su nombre y su retrato. El sal贸n Eva Per贸n es utilizado desde hace a帽os como centro de reuni贸n de mandatarios y sus visitas. Muchas veces, durante el gobierno anterior, lo ocupaban Cristina Fern谩ndez de Kirchner y sus ministros. Hoy tambi茅n lo hace Mauricio Macri. En aquellos d铆as la movilidad de Evita era impresionante. Desde muy temprano llegaba a su espacio de la Casa Rosada y all铆 atend铆a temas relativos espec铆ficamente a la ayuda social. La acompa帽aba mucho, entre otras, una amiga de lealtad superlativa: N茅lida de Miguel. Inclusive diversas ideas que surg铆an en torno a la acci贸n social del gobierno peronista eran conversadas con su esposo. Tras el trabajo en la Casa Rosada, hac铆a una tregua en su tarea para ordenar libros y millones de pedidos que llegaban al edificio en su otro h谩bitat que era, precisamente el sal贸n que hoy lleva su nombre.

Redoblando esfuerzos

En horas de la tarde ya su paso se dirig铆a al lugar donde las emociones se hac铆an cada vez m谩s intensas y el coraz贸n entregado a su pueblo lat铆a con m谩s fuerza que nunca agotando sus energ铆as, brindando m谩s ayuda para todos los que se acercaban hasta donde hoy est谩 la legislatura porte帽a. En ese edificio recib铆a a millares de personas de todo el pa铆s. Hombres, mujeres y ni帽os que arribaban del interior para pedir ayuda, all铆 estaba ella para recibirlos. Atend铆a a todos. No hab铆a forma de detenerla. Aquella famosa entrega de las m谩quinas de coser era constante. Nadie se quedaba sin ella porque no les regalaba nada sino que les daba trabajo al obsequiarle esas m谩quinas que serv铆an para zurcir con rapidez y tener una tarea digna.

Evita comenzaba sus jornadas temprano en la ma帽ana.

Tras eso, cantidades enormes de v铆veres para todos, ropa, trabajo. Todo prolijamente constatado para que nadie tuviera problemas. Inclusive a los chicos les hac铆a pasar a un lugar m谩s aislado, junto a sus madres, y all铆 les serv铆a un abundante desayuno y tambi茅n una cena. “No para nunca”, dijo una vez su auxiliar de la Fundaci贸n Eva Per贸n, el doctor Rodolfo Deker fallecido, lamentablemente, hace pocos meses, a los 96 a帽os. Era su secretario en la famosa Fundaci贸n, y all铆 comenzaba a trabajar con ella a las siete de la ma帽ana y terminaba a la madrugada del d铆a siguiente. En una nota que para “Cr贸nica HD” hicimos con Jorge Cicuttin, Deker nos cont贸 que llegaban a la quinta Presidencial de Austria y Per贸n estaba durmiendo porque eran casi las cuatro de la ma帽ana. “No hagas ruido Rodolfo”, le dec铆a Evita porque si no “el general nos mata”. Claro el Presidente se levantaba temprano para estar a las seis y veinte en la Casa Rosada.

"No, Juan...me quedo"

Una noche, con sorpresa, los periodistas que est谩bamos en la Casa Rosada observamos que, ya pasadas las 23 horas, Per贸n segu铆a en su despacho. Nos gan贸 la inquietud de conocer por qu茅 se quedaba tanto tiempo. No hubo respuestas. Pero todo fue en aumento: eran las tres y pico de la madrugada y el gobernante estaba a煤n en Presidencia. A esa hora, alguien avis贸 a los preocupados periodistas y todos salimos hacia la calle y cruzamos la Plaza de Mayo detr谩s del Presidente que iba encabezando la sorpresiva delegaci贸n.

As铆 fue como llegamos hasta el edificio del ex Consejo Deliberante donde ten铆a su acci贸n imparable Evita. All铆, en medio de verdaderas multitudes de humildes llegados de todos los lugares del pa铆s, Per贸n se acerc贸 y pudimos escuchar: “Negrita…. Son casi las cuatro de la ma帽ana, vamos a descansar…”. La extraordinaria mujer lo mir贸 y con voz firme y sin mostrar cansancio respondi贸: “Juan… yo me quedo… Hay mucha gente y muchos ni帽os m谩s que atender…” Un emotivo momento se registr贸 en esos instantes: Per贸n la bes贸, mientras ella con humildad inigualable le susurraba: “Decile al cocinero que me deje algunas milanesas en la heladera”. El Presidente mir贸 a los costados, tambi茅n a los periodistas, gir贸 comenz贸 a caminar hacia el exterior mientras dec铆a: “Ella es feliz ayudando”. Estos son hechos reales, yo los vi.

Un reto

A Evita le dijeron de todo. La apabullaron con golpes bajos, quisieron destruirla de todas formas. La vapulearon pero no pudieron rendirla. Estuvo al lado de su pueblo durante treinta y tres a帽os. Hasta alg煤n monstruo pint贸 “viva el c谩ncer” cuando Dios se la llev贸 tan joven. Pero el recuerdo perdura. Ese amor por una mujer inolvidable seguir谩 por los siglos de los siglos. Hay docenas de hechos para contar de alguien que no se olvida. Recuerdo un festejo en la Casa Rosada con motivo de fin de a帽o. Per贸n lo ofrec铆a a la prensa, en especial a los periodistas acreditados a quienes les ten铆a gran respeto. En un momento del festejo se acerc贸 Juan Duarte y tambi茅n convers贸 un rato con los acreditados. De pronto se vio aparecer a Evita qui茅n con su sonrisa amplia salud贸 a los cronistas. En medio de di谩logos diversos se escuch贸 a la esposa del Presidente dirigirse a su hermano: “Y vos ten茅 cuidado. No salgas tanto de noche”. Conoc铆a que a su hermano le gustaba la noche de Buenos Aires.

Juan Duarte, Evita y Per贸n, juntos.聽

Con anteojos negros

En nuestros apuntes figuran hechos de los que fuimos testigos y otros que escuchamos de boca de personas muy cercanas a Evita. Uno de ellos mostraba la preocupaci贸n constante de un gobierno que quer铆a el bienestar de su pueblo. Evita, con anteojos negros y acompa帽ada de sus colaboradores, muchas veces recorri贸 algunos hospitales y lugares que deb铆an ser observados. Una vez lleg贸 a cierto lugar y no hab铆a nadie. Cuando llegaron los que deb铆an estar, ya sin anteojos para que la identificaran bien les dio una reprimenda que seguramente no habr谩n olvidado nunca. “El gobierno del general Per贸n necesita gente cumplidora y trabajadora” dec铆a en el momento oportuno. De cualquier manera nunca tom贸 una medida extrema.

Hace cien a帽os que naci贸. La recuerda todo el mundo. El que hoy pisa los ochenta a帽os y quiz谩s alguna vez se mostr贸 cr铆tico a lo que hac铆a, despu茅s se arrepinti贸 porque a trav茅s de su corta vida esta mujer dej贸 huellas de amor, de cari帽o, de lealtad y de como a los pueblos se los debe respetar ofreci茅ndole trabajo y calor humano. Eso, nada m谩s. Evita ser谩 siempre 煤nica. Su car谩cter claro y firme es un verdadero emblema para todas las generaciones. Eva Peron ser谩 eterna. Hoy le decimos feliz cumplea帽os Evita.

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