Chiche

60/40, hoy

El periodista Samuel Gelblung pelea contra el deterioro de su salud con la dignidad de los aut茅nticos grandes.

"Me quiero morir en c谩mara", me dijo Chiche la primera vez que lo internaron. Si Dios lo quiere, va a tener que venir a buscarlo en vivo. Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas.

Lo internaron 6 veces en 5 meses. Por una infecci贸n urinaria, por un paro card铆aco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por precauci贸n y por las dudas. Cuando lo recibieron la 煤ltima vez no pod铆a hablar ni pisar. "60/40, Chiche: 60% la cont谩s, 40% no la cont谩s" dijo el jefe de guardia del Mater Dei. Y lo meti贸 a terapia intensiva, esa frontera de silencio a la que solo entran dos verbos: vivir y morir. "Me voy a escapar por la ventana, necesito volver" me dijo cu谩ndo todo se complic贸 en la primera semana por los gl贸bulos blancos. Con infecci贸n, no hay operaci贸n, sin operaci贸n, no hay alta, sin alta, nadie lo puede escuchar.

Los respiradores, las agujas clavadas en los brazos, los sueros, los monitores, los drenajes y los cables sedan el dolor pero te separan de las cosas. 

La cama no es una opci贸n para los cazadores: Chiche satura ox铆geno solo cuando persigue a la Argentina.

Una ca铆da en el pasillo de Cr贸nica, una ca铆da desde un auto en movimiento, una ca铆da al lado de la ba帽era y otra a la salida de un restaurante en La Recova en donde quedo boca arriba como las tortugas de mar que se alejan de la costa y porque no pueden trepar a la roca. Chiche se cay贸 varias veces y jam谩s se derrumb贸.

Pero esta vez era diferente. "Ma帽ana te amputan el pie" le dijo el m茅dico de piso. Una ulcera en el empeine se le infect贸 y gangren贸 todo. La herida lo estaba comiendo desde abajo. Como siempre. Como nunca. El parte m茅dico de todos los d铆as eran placas rojas de su propio cuerpo con cada vez menos palabras: hay que ver, no sabemos, si, no, abrazo.

"Estas contando bien la muerte del Indio" me contest贸 la 煤ltima vez que le pregunt茅 por el asunto rest谩ndole importancia a su propia resignaci贸n. Escribi贸 Indio pero quiso decir "No tengo idea, no me rompas m谩s las pelotas". 

No s茅. Siempre pens茅 que lo que m谩s le importa a Chiche est谩 afuera de s铆 mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llen贸 la angustia de la espera con novedades de los otros.

De Trump a mi mudanza frustrada. Porque en Argentina el Dios de los vac铆os son los amigos. 

"Hay que cortar". "No que cortar". "No s茅 si podemos salvar la pierna". "No vas a volver a caminar".  Los 煤ltimos 15 d铆as el cuerpo de Chiche fue un bingo lleno de m茅dicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Y al final se salv贸. Y al final no le cortaron nada. Y al final le dieron el alta. Y al final vuelve.

Una junta m茅dica le hizo firmar un papel de consentimiento para que la muerte sea culpa suya. Hay un periodista que vive.