366 DÍAS

Año bisiesto: por qué existe el 29 de febrero y cuáles son sus antecedentes

Cada cuatro años ocurre un año bisiesto y esta modificación en el calendario tiene un importante rol que se explica a partir de ciertas reglas matemáticas y excepciones.

En este 2024 se producirá un fenómeno excepcional porque febrero tiene 29 días, por lo que se trata de un año bisiesto. Esta anomalía en el calendario solo ocurre cada cuatro años y se trata de un recurso empleado por el calendario gregoriano para equilibrar su ciclo con el calendario solar. 

 

En ese sentido, el calendario tradicional que suele tener 365 días, en los años bisiestos pasa a tener 366 y, a pesar de que se trata de un acontecimiento único y excepcional, muchas personas desconocen la razón por la que febrero tiene 29 días cada cuatro años y desde hace cuántos años se produce este fenómeno.

¿Qué es un año bisiesto?

Tal como se mencionaba anteriormente, el 2024 tendrá un día más en su calendario, es decir, en lugar de 365 contará con 366 días, por lo que se trata de un año bisiesto.

¿Qué significa esto? El día extra que se le agrega al calendario es el 29 de febrero, pero esta fecha surge porque un año normal no dura 365 días exactos, sino que siempre se le agregan 5 horas, 48 minutos y 45 segundos. Si bien no parece una gran cantidad de horas, estas se van acumulando y, después de cuatro años, suman casi día entero.

Entonces, con esas horas sobrantes, el calendario bisiesto “ajusta” ese desfase temporal y así equilibrar los calendarios con el ciclo natural de cada año, es decir, el tiempo que tarda la Tierra en orbitar alrededor del Sol.

Un año bisiesto cuenta con 366 días, en lugar de los 365 tradicionales.
Antecedentes del año bisiesto 

Este problema del “desajuste” en el calendario solar tiene su origen en mayor medida en las sociedades antiguas, específicamente en el 45 A.C. Durante la Antigua Roma, luego de percibir una falla en las estaciones, Julio César notó que el calendario no estaba alineado con el año solar.

En aquel entonces, acudió a Sosígenes, quien fue un astrónomo de origen alejandrino, para que lo ayude a restablecer el tiempo y que coincida con las estaciones del año. Fue así que el matemático propuso crear un nuevo calendario, en base al calendario egipcio, que consistía en años que contengan 365 días, con un día adicional cada cuatro años para evitar ese desfase en las estaciones.

Sosígenes nombró este nuevo calendario como “ante diem bis sextum Kalendas Martias”, que en latín significa “sexto día antes de las calendas (primer día) de marzo”, esto se debe a que para las sociedades antiguas los años en realidad comenzaban en marzo y los meses de fin de año eran enero y febrero. En este sentido, el día extra elegido para integrar en el calendario cada cuatro años fue el 24 de febrero, que pasó a duplicarse.

Con el paso del tiempo, la frase creada por el matemático se simplificó y pasó a denominarse “bis sextus”, lo cual en nuestro idioma se traduce como “bisiesto”. Esto dio el inicio a lo que se conoció como calendario juliano, cuyo nombre rinde homenaje a Julio César, su propulsor.

Ya en 1582, el papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano que rige hasta la actualidad en buena parte del mundo. El cambio más significativo con este nuevo sistema de calendario fue trasladar el día adicional que habían propuesto los antiguos romanos en el calendario juliano al 29 de febrero, fecha bisiesta que se mantiene hasta nuestros días.

Los años bisiestos datan de la época de la Antigua Roma, más precisamente en el 45 A.C.
Cálculos matemáticos para explicar el fenómeno del año bisiesto

Para evitar que se produjeran los desfases o desajustes temporales, se tuvo que inventar un sistema de excepciones para los años bisiestos. Este sistema estableció que:

No serán bisiestos los años múltiplos de 100, por ejemplo, los años 1800, 1900, etc.

Sí serán bisiestos los múltiplos de 400. 

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