DE PELÍCULA 

Escapada: el pueblo “abandonado” que es ideal para los amantes de la fotografía

A pocos kilómetros de CABA, un destino se mantuvo “detenido en el tiempo” y hoy ofrece un viaje repleto de aventura e historias paranormales. 

A lo largo de Argentina hay un sinfín de localidades y pueblos que han quedado en completo abandono. Ya sea porque el tren dejó de pasar o una catástrofe natural impidió que los habitantes continúen viviendo allí, estos puntos se convirtieron en grandes atractivos que conmueven desde la historia, los paisajes campestres y la cultura.

De hecho, en la provincia de Buenos Aires, muchos vecinos, con el objetivo de volverle a dar vida a destinos que quedaron olvidados, se encuentran desarrollando interesantes proyectos turísticos que invitan a un interesante viaje por el pasado “dorado”  de nuestro país. Asimismos, gracias a enorme tranquilidad de su entorno, se presentan como una alternativa diferente para disfrutar de la familia o amigos.

Uno de los casos más interesantes de esta región es el de un paraje ubicado en el centro norte del territorio bonaerense, él cuál quedó completamente desierto y la naturaleza se encargó de recuperar. Por estos motivos, se convirtió en un lugar soñado para los amantes de la fotografía y los relatos paranormales.

 

Un pueblo “abandonado” a pocos kilómetros de CABA

Máximo Fernández es un antiguo y muy pintoresco paraje que se ubica en el partido de Bragado, centro norte de la provincia de Buenos Aires. Es decir, se encuentra a solo 244 kilómetros de Capital Federal y a unos 20 minutos de la cabecera del municipio.

Llegar a este lugar, que parece digno de una película paranormal, lleva poco más de 3 horas de viaje. En este caso, salir de CABA en sentido a  la Perito Moreno hasta la salida del Acceso Sudoeste. A la altura del Luján, tomar la Ruta Nacional 5 y conducir hasta Bragado, allí empalmar con la Ruta Provincial 46 y finalmente en el kilómetro 29, doblar a la izquierda que está la entrada.

Entre sus calles solitarias, edificios abandonados y campos crecidos, esconde grandes secretos, enigmas e historias paranormales que hablan desde fantasmas, apariciones y hasta extrañas vibras. A raíz de estos hechos y su espectacular arquitectura, el sitio es conocido como “El pueblo que no quiso ser pueblo” y diariamente recibe continentes de visitantes.

Un lugar con historias paranormales

Durante la época de oro del pueblo, los vecinos de la región tenían un buen pasa económico y muchos decidieron gastar el dinero en todo tipo de excentricidades. Uno de los casos más famosos de la zona es el de Juan Francisco Salaberry, quien compró una enorme casa de campo, contrató a un paisajista francés, Carlos Thays, para que  diseñe los jardines con un lago artificial y hasta un zoológico que tuvo desde un oso polar, una pareja de leones y otras fieras peligrosas.

Todo parecía en armonía, pero una noche, Amalia, la hija del cuidador de los animales, se acercó demasiado a los felinos, que aún no habían comido, y se la devoraron. Tras buscar a la pequeña por muchas horas, encontraron su cuerpo sin vida y en partes. Dado que ese era su hogar, los restos fueron enterrados en el propio predio y luego se construyo una imponente iglesia neogótica con materiales traídos de Europa. A pesar de las buenas intensiones de los dueños de la casa, las apariciones comenzaron y la leyenda nació.

Un lugar donde el tiempo no pasa. 

Estos encuentros paranormales le trajeron serios problemas psiquiátricos a la familia, quienes debieron irse definitivamente de la zona. De hecho, tiempo después, la esposa de Salaberry murió sin un motivo claro y las especulaciones de que la estancia estaba maldita se hicieron aún más grandes. Para continuar con los eventos para normales, en 1974, un tornado destrozó gran parte de la localidad y la dejó en ruinas, sin embargo, la capilla, donde estaría el cuerpo de la niña, se mantuvo en pie.

Pese de que intentaron reconstruir el pueblo, todo avancen que hacían al día siguiente estaba desarmado. Muchos de ellos dicen que escucharon muchas veces la voz de la víctima gritando en las oscuras noches, otros aseguran haberla visto mirando desde las ventanas de los edificios, mientras que hay quienes que sostienen que la nena no permite que se acerquen a donde era su casa.

Un destino "poco conocido" que tenes que visitar. 

Un pueblo para vivir una aventura

Gracias al trabajo constante de los pocos vecinos que habitan en la zona, se realizan visitas guiadas por el paraje en donde se recorre la famosa estancia, la iglesia que sobrevivió al terremoto, el viejo molino que mantiene relación directa con la Torre Ifel, los vagones de tren abandonados y otros lugares que fueron tomados por la naturaleza y hacen un espectáculo impresionante, ideal para los amantes de la fotografía.

Además de recorrer las ruinas de Máximo Fernández, en la cercanía, también podes visitar otros pequeños parajes que son muy llamativos y se enfocan en el desarrollo del turismo rural con estancias y casas de campo para conectar con la naturaleza y la tradición.

Un destino donde la naturaleza tiene el poder. 

 

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