"Lo más preciado para una persona es la libertad", aseguró "el Pepo", el cantante que atropelló y mató a dos personas en 2019
Tras purgar una condena por el doble homicidio tuvo una charla íntima con Crónica.
Rubén Castiñeiras purgó la pena por el doble homicidio culposo agravado que les costó la vida a dos integrantes de su banda tras volcar la camioneta que él manejaba. Cómo vive hoy el Pepo, en la misma casa que fue su celda, y la pesada mochila que llevará de por vida, todo en una charla íntima con Crónica.
Faltaban unos minutos para que el día del amigo de aquel 2019 se cristalizara. En la imagen, se veía a Rubén Castiñeiras, alias el Pepo, manejando su Honda CRV blanca, con el cinturón puesto, dedicándole unas palabras a sus amigos y seguidores mientras iba rumbo a la costa para hacer una serie de shows. Poco después, a la altura de Dolores sobre la ruta 63, la camioneta perdió el control, volcó y las dos personas que viajaban en la parte trasera, Ignacio Abosaleh y Nicolás Carabajal, integrantes del grupo, salieron despedidos y perdieron la vida en el acto. Otra vez el mundo tropical se veía empañado por las rutas y la muerte.
Poco menos de cinco años después, El Pepo y la Superbanda Gedienta pasan por migraciones para comenzar una gira por Colombia y México. "Cuando hice el trámite y la luz se puso verde dije vamos!", comenta el cantante y líder describiendo lo que fue la comprobación de que su cuenta con la Justicia estaba saldada. En febrero, el Pepo terminó de purgar la pena por el homicidio culposo agravado, entre otras cosas por el consumo de alcohol, que lo llevó a pasar cuatro años y dos meses entre Melchor Romero y su casa, donde nos recibió para contar el renacer de su carrera, y su vida. "Lo que pasó es algo que no te lo vas a olvidar más, una mochila que voy a tener toda la vida. Lamentablemente tengo que vivir con eso, es algo que no me voy a olvidar más. No voy a sentir el mismo dolor que la familia de las víctimas, pero sí un dolor como siento siempre, porque ellos compartían mucho tiempo conmigo. El lugar de hablarlo es terapia. Yo cumplí con lo que me dijo la Justicia, pero jamás tuve la intención de que pase eso", nos cuenta el cantante desde el patio de su vivienda.
Las penas que el Código Penal pueda impartir nunca estarán a la altura el dolor de los familiares de las víctimas. Y el Pepo lo sabe: "Para la víctima es perpetua, me pasaría a mí también. Uno necesita justicia, pero tampoco venganza. Uno tiene que pedir justicia y aceptar la pena que se le impone. Lo más importante de una persona, después de la vida, es la libertad. Por eso yo la cuidaba tanto, para no cometer de nuevo delitos. Mi problema no fue ese, yo me dediqué a trabajar a formar mi familia".
Cuando el músico habla de cuidar su libertad se remite a hace más de diez años atrás, cuando empezó a tener problemas con la ley tras varios episodios que lo dejaron detenido, por robo, primero días, luego meses y finalmente años, en el penal de Ezeiza. "Yo no estaba haciendo nada para volver a la cárcel y volver a estar en cana por algo que no te esperás fue muy duro. Porque si vos andás choreando y, la verdad te puede pasar. Pero si vos estás laburando, pasan años y seguís laburando, más allá de la vida privada donde yo luchaba con las adicciones que yo iba y venía, no te esperás volver a un penal", se sincera. Y sobre su ingreso a Melchor Romero tras el incidente en la ruta, recuerda: "En el pabellón me recibió Bebote Álvarez (ex líder de la barra de Independiente); tenemos amigos en común, así que el trato fue muy bueno en mi pabellón y en los demás. En ese momento estaba pasando por algo feísimo. Yo había hecho todo para decir no vuelvo más a la cárcel. Y cuando volví fue muy frustrante. Más allá de doloroso lo que pasó y lo que sentí, pasaban los días y yo no me sentía bien, estaba muy triste, el acompañamiento psicológico es una vez cada dos semanas, te escuchan 40 minutos y durante esas dos semanas pasan muchas cosas por tu cabeza. Tuve ganas de hacer cosas conmigo mismo. Pero de a poco fui cambiando el chip", recuerda.
La prisión domiciliaria fue, sin duda, un aliciente: "Cuando vine a mi casa fue una inyección de aire. Mucho mejor estar en tu casa que en un penal, porque estás con tu familia, asimilás mejor todo. En seguida me puse en contacto con un equipo terapéutico que hoy sigo. Además empiezo con grupo de NA (Narcóticos Anónimos), porque una cosa es estar acá contenido por familia, terapeutas, y otra cosa es estar en la calle. En nuestro laburo ves un montón de cosas".
Sobre las cárceles, en tanto, no le escapa a la crítica desde el conocimiento: "Las cárceles no son centros de rehabilitación: son un depósito de gente. Para resocializar tenés que darles un incentivo. Si al preso lo hacés trabajar, dale un sueldo como cualquier persona. Y que eso le cueste, para que lo valore".
Sobre el imaginario popular de los privilegios para quienes son famosos y terminan presos el Pepo lo desmiente en su caso: "Yo no tuve ni un privilegio. Se decía que estaba en pabellón vip, que tenía lavandería para mí, que comía asado. Y yo estaba sin TV, con una radio para todos porque no podías tener televisión. Tenía tres horas de patio por día. Todo lo que se dijo fue más morbo que otra cosa". Sentado en una banqueta alta, desde un patio que no tiene horario, con la ropa de Racing y la ansiedad por volver a la cancha, Rubén Castiñeiras reflexiona: "Quiero seguir tranquilo, con mis tratamientos, mejorar día a día mi vida personal, en familia. Acomodarme a todo lo que es vivir y trabajar en un mundo donde hay un montón de tentaciones y no perderme a mí de vista y tratar de estar bien".