DE ENSUEÑO

Ni Santiago del Estero ni Jujuy: las termas "escondidas" de Argentina para visitar cuando hace frío

Aunque no son tan conocidas como otras, estas termas sorprenden por su paisaje, tranquilidad y aguas cálidas, ideales para relajarse en otoño. Una escapada perfecta si se quiere pasar tiempo en familia y desconectarse de la rutina.

Si hay algo que invita a hacer el otoño es “frenar un poco†y buscar planes tranquilos que ayuden a recargar energías. Así, entre tantas escapadas posibles que se pueden planear para este fin de semana largo, hay una opción ideal para los que quieren relajarse y combatir el frío.

Se trata de unas termas de Córdoba, menos conocidas que las de Cacheuta (Mendoza) o Larroudé (La Pampa) pero que esconden espacios que valen la pena por su entorno natural, tranquilidad y propiedades curativas.

Es un lugar bien calmo, alejado del bullicio de la ciudad, que está rodeado de árboles crecidos por todos lados y un paisaje que invita a “bajar un cambio†y desconectar completamente de la rutina. Lo mejor es que el agua sale calentita y clara, ideal para afrontar las bajas temperaturas.

Escapada: las termas “escondidas†de Córdoba para visitar durante los días de frío
Escapada: las termas "escondidas" de Córdoba para visitar durante los días de frío. 

Si estás con ganas de cortar un poco la rutina y desconectar del ruido, hay un lugar en el norte cordobés que no muchos conocen, pero que vale la pena: las Termas de El Quicho. Quedan a unos 25 kilómetros de Serrezuela (Salinas Grandes cordobesas) y tienen todo lo que se necesita para pasar un día tranquilo, entre agua calentita, campos abiertos y silencio. Lo mejor es que no hace falta gastar una fortuna ni alejarse tanto para relajar el cuerpo y la cabeza.

Lo más interesante es que estas aguas termales aparecen de manera natural en la zona: tienen casi 39 grados y están llenas de minerales como cloruros y sodio, que ayudan a relajar el cuerpo y aliviar molestias, ya sea como tratamiento de afecciones linfáticas, secuelas de traumatismos y enfermedades de la piel, o simplemente como analgésico para aliviar dolores musculares.

Un dato curioso es que las encontraron de casualidad en 1987, mientras buscaban agua para una escuela rural. Desde entonces, el lugar fue creciendo de a poco, manteniendo esa onda simple, sin perder su esencia tranquila y natural.

Así, no fue hasta 2021 que se animaron a abrir el lugar al turismo. La movida no solo atrajo visitantes que anhelaban conocer el lugar y aprender de su historia, sino que también ayudó mucho a la zona. El pueblo más cercano, Serrezuela, pasó de tener apenas unas pocas plazas para dormir a ofrecer más de 300, lo que hizo que muchos habitantes pudieran conseguir trabajo y que la comunidad creciera a pasos agigantados.

Hoy el complejo tiene un estilo bien relajado, y hay piletones de agua termal al aire libre para meterse y quedarse un buen rato. También hay algunas mesas, asadores y una proveeduría donde podés comprar lo básico. No es un centro turístico lleno de lujos, pero tiene lo justo para pasarla bien en un entorno bien calmo.

Si te dan ganas de quedarte más de un día, hay un espacio de camping con lugar para carpas o casas rodantes, conexión eléctrica, baños y duchas nuevos. Está abierto todos los días de 8 de la mañana a 8 y media de la noche, así que podés organizar una escapada con tiempo, sin depender de horarios raros. Es ideal para quienes disfrutan de estar al aire libre, pero con un poco de comodidad.

Para llegar desde Córdoba capital, son unos 200 kilómetros por la Ruta 38 hasta Serrezuela, y después tenés que seguir unos 25 kilómetros más por camino de tierra. Puede parecer largo, pero el viaje vale la pena: cuando llegás y te metés en el agua calentita, en medio de ese paisaje seco y abierto, se siente como si todo lo demás quedara en pausa un rato.

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