Ni el Cañón del Atuel ni el Lago Nahuel Huapi: el destino escondido en el Sur con miradores panorámicos de ensueño
Perfecto para una escapada fuera de lo común, este destino patagónico sorprende con su inmensidad, colores únicos y miradores naturales que parecen esculpidos por el viento e invitan a tomar una bocanada de aire en medio de la rutina.
Cuando uno piensa en paisajes majestuosos del sur argentino, el Cañón del Atuel o el Lago Nahuel Huapi suelen estar entre los primeros en la lista. Pero hay rincones escondidos y poco conocidos, que sin fama logran dejarte boquiabierto con solo detenerte unos minutos a mirar alrededor, como es el caso de un destino en Chubut casi secreto que oculta un gran mirador panorámico que parece sacado de un sueño, ideal para una escapada familiar.
En medio de rutas solitarias y formaciones rocosas que parecen esculpidas a mano, se abre paso un escenario natural que invita a frenar el auto, bajar la ventanilla y simplemente contemplar. Los colores de las paredes, el silencio inmenso y los miradores naturales lo convierten en uno de esos destinos que se quedan grabados para siempre.
Un rincón escondido entre paredones rojizos y un lago que parece pintadoEn pleno corazón de la estepa patagónica, sobre la Ruta 25 que une Trelew con Esquel, se encuentra el gran Valle de los Altares, un pasaje natural que parece sacado de una película del Lejano Oeste. A unos kilómetros de allí, el Lago Bagillt suma calma y un toque de verde entre tanta aridez. El valle se extiende por más de 80 kilómetros de curvas y paredones imponentes que llegan hasta los 100 metros de altura, todo enmarcado por un silencio profundo, interrumpido solo por el viento o el sonido de alguna bandada de aves.
Este lugar no solo llama la atención por su belleza, sino también por su historia geológica y cultural. Las formaciones del valle tienen millones de años y, según los estudios, en la zona encontraron en algún momento rastros fósiles, artes rupestres y huellas de antiguas civilizaciones que lo usaban como paso natural. Su nombre se debe a la silueta de las rocas que, vistas desde la ruta, parecen altares tallados por gigantes y aunque no es tan popular como otros paisajes del sur, cada año suma más curiosos y viajeros que prefieren los caminos menos transitados.
Los paredones rojizos son el gran atractivo visual del lugar, sin embargo, hay mucho más para observar si uno se detiene con calma. En las laderas crecen arbustos resistentes, y en el cielo es común ver cóndores, halcones y hasta algún ñandú cruzando el campo abierto. Además, hay senderos no tan marcados que se pueden recorrer a pie para llegar a puntos panorámicos increíbles. La paleta de colores cambia con la luz del día y convierte cada momento en una postal distinta.
El Lago Bagillt, en cambio, ofrece otra energía: es verde, sereno, rodeado de bosques y mucho más húmedo. Se encuentra dentro de una reserva natural y se puede acceder con una caminata tranquila desde la base del valle. Ahí se puede hacer avistaje de aves, picnic, fotografía y pesca deportiva con devolución.
En cuanto a las instalaciones, hay zonas de acampe libre y algunos espacios preparados con mesas, baños secos y cartelería informativa para los que desean quedarse. No es un lugar turístico en el sentido clásico, así que lo ideal es llevar agua, comida y abrigo, pero justamente eso es lo que lo vuelve tan especial.
¿Cómo ir al “Valle de los altares” y al “Lago Bagillt”?Para llegar a esta joya escondida del sur patagónico hay que salir a la ruta con ganas de dejarse sorprender. El Valle de los Altares se encuentra sobre la Ruta Nacional 25, entre Trelew y Esquel, y se puede recorrer tranquilamente en auto. El paisaje empieza a transformarse lentamente: la estepa se abre paso, el cielo parece más inmenso y, de a poco, comienzan a asomar esas enormes paredes rojizas que rompen con la monotonía del camino.
El Lago, en cambio, está más cerca de Trevelin y se encuentra dentro de una reserva natural provincial. Para ir hasta ahí, hay que tomar caminos de ripio y hacer una caminata corta pero intensa, atravesando bosques de lengas y senderos húmedos. No es un sitio masivo ni con carteles luminosos, es ideal para quienes buscan una conexión real con la naturaleza, lejos del ruido, mejor si se hace acompañado de un especialista que conoce la zona.