Ni el Jordán ni RÃo Hondo: el pueblito norteño con termas y uno de los hoteles más antiguos del paÃs
En este rincón escondido del norte argentino funciona el que fue el primer balneario termal del paÃs y de Sudamérica. Rodeado de naturaleza y con un establecimiento lleno de historia, es el destino ideal para quienes buscan una escapada reparadora, aguas curativas y un viaje al pasado sin salir de Argentina.
A veces no hace falta cruzar océanos ni volar miles de kilómetros para encontrar un lugar que te saque de la rutina y te permita descansar al 100%. En el norte del paÃs, hay un pueblo chiquito, rodeado de cerros, que esconde uno de los parques termales y hoteles más antiguos del paÃs, ideal para una escapada de relajación extrema y calma total de la mente.
Allà se oculta no solo un parador lleno de historia que data del 1880 sino que también es considerado uno de los primeros balnearios termales de Sudamérica y Argentina, algo que se nota en cada uno de sus rincones: en la arquitectura, en el silencio de sus pasillos, en el ritmo pausado de quienes lo visitan y se sumergen en los relatos de sus habitantes y trabajadores.Â
Un refugio termal entre cerros y silencio ideal para los que les gusta la paz absolutaA solo dos horas de la ciudad de Salta, entre cerros verdes y senderos de tierra que parecen dibujados a mano, se encuentra uno de los parques termales más viejos de la historia argentina, de esos que todavÃa guardan el encanto de otros tiempos. El Rosario de la Frontera no solo tiene el aire calmo del norte, sino también un tesoro termal que sorprende a quien lo descubre por primera vez.Â
Las aguas calientes que brotan desde las profundidades de la tierra le dan vida a una instalación de hospedaje única, que combina descanso, historia y naturaleza sin necesidad de grandes lujos, pero con una energÃa que reconforta. Fundado en 1880, el Hotel Termas es mucho más que un hospedaje, es un pedazo de historia argentina ideal para descubrirlo en cualquier momento del año.Â
Fue creado por el médico español Antonio Palau, convencido de las propiedades curativas de esas aguas, y desde entonces recibió desde presidentes como Sarmiento, hasta artistas, viajeros y familias que volvieron generación tras generación. La arquitectura conserva el estilo señorial de fines del siglo XIX, con pasillos largos, detalles antiguos y una atmósfera que invita a frenar. Es, además, el primer balneario termal del paÃs y de Sudamérica, y eso lo vuelve un sÃmbolo silencioso del turismo de salud de otra época.
Las aguas que nacen en este rincón salteño vienen de nueve manantiales distintos, que emergen desde profundidades de hasta 3.000 metros. Tienen temperaturas que van desde los 25° a casi 100°, lo que permite que haya todo tipo de baños termales según la necesidad de cada viajero: relajantes, circulatorios, desintoxicantes. Están cargadas de minerales naturales como litio, azufre, hierro y bicarbonato, y eso hace que se usen tanto para el descanso como para tratamientos especÃficos.Â
Los caminos entre eucaliptos, el canto de los pájaros, los bancos antiguos de hierro forjado, todo suma a una experiencia de desconexión profunda. Se pueden hacer caminatas suaves, cabalgatas cortas o simplemente sentarse a mirar cómo cambia la luz entre los cerros. Para quienes buscan algo con más movimiento, hay paseos a fincas, avistaje de aves, visitas al Parque Nacional El Rey o recorridas históricas por los alrededores.
El hotel ofrece distintas opciones de alojamiento: desde habitaciones estándar hasta departamentos más amplios, ideales para ir en familia o con amigos. También hay un restaurante que trabaja con productos de la zona, cancha de tenis, golf y voley, salón de juegos, tienda de artesanÃas y tratamientos estéticos con costo adicional.Â