Vende botones desde hace casi 70 a帽os y le hace frente al paso del tiempo para vivir de lo que ama: "Hay que aguantar los momentos malos, que los buenos siempre llegan"
La historia de Eduardo L贸pez, un comerciante de 83 a帽os que mantiene en el barrio porte帽o de Flores su negocio "El rey de los botones". En di谩logo con cr贸nica.com.ar cont贸 lo que representa su trabajo en su vida y c贸mo lo ayud贸 a superar momentos dif铆ciles.
Llevar adelante el trabajo que realiza y entregarle toda su pasi贸n le brinda a Eduardo L贸pez m谩s tiempo de vida. 鈥淗ay que estar siempre en movimiento, es lo que necesitamos los seres humanos鈥, resalta el hombre de 83 a帽os.
Desde hace casi 70 a帽os dedica su vida a la realizaci贸n y venta de botones, con su negocio situado en Avenida Rivadavia 6283, sobre el barrio porte帽o de Flores.
Hijo de padre espa帽ol y de madre argentina, desde muy chico Eduardo hizo de los botones parte de su vida, a partir de tener un pap谩 que se dedicaba al rubro y un hermano gemelo con el que compart铆a las ganas de meterse en ese mundo.
鈥淐on mi hermano arm谩bamos yo-yos con los botones y luego los vend铆amos en la escuela鈥, explica el comerciante, en di谩logo con cronica.com.ar.
Sin embargo, esta pasi贸n a la que dedic贸 su vida fue mucho m谩s que 鈥渦n trabajo鈥, ya que le permiti贸 atravesar momentos muy dif铆ciles, como la tr谩gica muerte de su hermano.
En conversaci贸n con este medio, Eduardo cuenta que lugar ocupa la botoner铆a en su vida, c贸mo hace para sostenerse a pesar del paso del cambio de 茅poca y cu谩l es su secreto para poder superar los obst谩culos que se le presentan.
HistoriaA los 13 a帽os lleg贸 como inmigrante desde Espa帽a el padre de Eduardo a la Argentina y consigui贸 trabajo en una mercer铆a, donde se dedicaba a realizar los muestrarios de los botones.
Luego en 1933 se independiz贸 y comenz贸 con su negocio propio, tras poner su taller en Avenida del Trabajo y Varela, aunque el 茅xito del comercio hizo que finalmente ponga dos negocios en el barrio de Flores, en la ciudad de Buenos Aires.
Por su parte, Eduardo y su hermano cursaban la escuela y de a poco se acercaron al oficio de su padre. En primer lugar, hac铆an yo-yos como un juego, mientras que a los 14 empezar铆a a trabajar.
鈥淎 los 14 sin contar con un torno hac铆amos los botones cuadrados y un confeccionista nos compraba para sus tapados. Esos fueron los primeros botones que hicimos. Con mi hermano a la ma帽ana estudi谩bamos, mientras que a la tarde-noche ayud谩bamos a nuestro padre con el negocio鈥, resalt贸.
Al respecto, Eduardo agrega que poco a poco comenz贸 a trabajar con m谩s herramientas y comenz贸 a realizar 鈥渂otones alargados y redondos鈥, al tiempo que sol铆a ir a una exposici贸n que se realizaba en Mil谩n 鈥渁帽o por medio鈥 para 鈥渃opiar las m谩quinas que se usaban all谩 y tomar ese estilo para nuestro trabajo鈥.
Los botones son de polyester, pl谩stico, cuero, madera, cristal (conserva unos checoslovacos que son una belleza), n谩car y naturalmente, algunos m谩s fuertes, como los que se usan para los blazers. Abajo del local tiene un s贸tano, donde se apilan cajas y cajas de botones con diferentes formas.
脡l cuenta con un torno colgante con el cual le puede dar las formas que desee.
GolpesPese al gran 茅xito que manten铆an los negocios, Eduardo tuvo que enfrentar duros momentos familiares, en donde el trabajo se volvi贸 un pilar fundamental para poder resistir etapas dif铆ciles y salir adelante.
Sin duda alguna, uno de ellos fue la muerte de su hermano gemelo, que perdi贸 la vida en un accidente.
鈥淐uando 茅l (su hermano) falleci贸 fue sorpresivo y duro, pero el trabajo me permiti贸 superar momentos complicados. Siempre pens茅 en estar activo y mirar hacia adelante. Tuve que cuidar durante ocho a帽os a mi mam谩, que hab铆a quedado en estado vegetativo y cuatro a帽os a mi padre despu茅s de enfermar鈥, explic贸 Eduardo.
Esa motivaci贸n para vivir fue lo que le permiti贸 al hombre poder superar esas situaciones dif铆ciles, as铆 como tambi茅n enfrentar los cambios econ贸micos a lo largo de las d茅cadas y los problemas propios del cambio de la 茅poca.
鈥淭uve que enfrentar hace 18 a帽os un c谩ncer de pr贸stata y lo pude superar. Yo digo que siempre hay que ponerle optimismo a la vida. En los momentos malos hay que aguant谩rsela, que los momentos buenos siempre vienen鈥, expres贸 el comerciante.
Con esa misma visi贸n, Eduardo tambi茅n pudo de alguna forma reinventarse frente al cambio de 茅poca y las necesidades de la gente.
Los dos locales que sol铆a tener Eduardo, con m谩s de seis empleados y los comercios llenos ya no son la postal actual. No obstante, hoy solo en frente de su negocio en el barrio de Flores, mantiene un grupo fiel de clientes y hace 鈥渢rabajos de todo tipo鈥 para sobrevivir.
鈥淗ago combinaciones, de aros, collares, porque en el verano no se vende tanto y uno se la rebusca haciendo tambi茅n otras. Me gustan los desaf铆os. Yo digo que uno puede aprender a hacer de todo, que hay que intentarlo. Y si hoy no pod茅s hacerlo, dejalo y ma帽ana volv茅s a intentar鈥, sostiene.
En ese sentido, se帽ala que tambi茅n realiz贸 鈥110 piezas de un mueble para poder arreglarlo鈥 y que piensa ayudar este verano a su hija bailarina con la refacci贸n de su sal贸n de bailes.
鈥淎l principio viv铆 mi trabajo como un juego. Me gusta lo que hago y mientras que me den las manos pienso seguir haci茅ndolo. Yo digo que los seres humanos nacimos para estar en movimiento, no hay que quedarse porque el trabajo a uno le da a帽os de vida鈥, concluye.
聽
Por M.C.