Opinión

Los buenos, vivos

En tiempos donde la crisis económica y el retroceso social empujan a la supervivencia como única opción, la música funciona como una herramienta para explicar el presente. La persistencia de una red humana que se niega a naturalizar la crueldad.

"Poder jugar en otro juego es lo que imagino

Donde la gente de mierda esté muerta y los buenos, vivos"...

Suena en mis auriculares. Volví a escuchar Callejeros más seguido este último tiempo. Como cuando era adolescente y esas canciones podían explicarme el mundo mejor que los diarios, los políticos o los noticieros. Hay épocas donde uno vuelve a la música no por nostalgia, sino por supervivencia. Y esta es una de esas épocas.

La canción saltó en modo aleatorio mientras caminaba yendo al laburo y nunca fue más justa:

"Que no se quede mi pueblo dormido Que ya no me engañen más ni jueguen conmigo"

Y pensé: otra vez estamos acá. Distinto, pero acá. Porque no son los ‘70. No son los ‘90. No es el 2001. Es 2026.

Y sin embargo hay jubilados cagados a palos en el Congreso, hay discapacitados teniendo que explicar por qué necesitan un derecho básico, hay cada vez más gente durmiendo en la calle, hay más trabajadores pobres, hay más pibes con hambre y hay un discurso cada vez más fuerte que quiere devolvernos a las mujeres a un lugar que costó siglos romper.

"Por fin el gobierno va a ser de una mujer".

Qué paradoja. Y se cumplió. Y fue una conquista enorme. De todas nosotras. Mujeres ocupando lugares de poder, lugares históricamente negados, lugares donde antes parecía imposible imaginarnos. Pero incluso esa conquista hoy parece discutirse entre dientes, como si hubiera sectores desesperados por devolvernos a la obediencia prolija, al silencio, a la casa.

Que presidenta ni presidenta. Derechito a casa. Y entonces entendés que resistir también es existir.

Porque el mal tiene algo inmediato. Arrasa rápido. Rompe rápido. Humilla rápido. El bien tarda más. Porque el bien construye. Y construir siempre lleva más tiempo que destruir.

Por eso somos resistencia aunque estemos cansados. Porque hay gente que todavía para la olla en un comedor, porque todavía hay docentes poniendo plata de su bolsillo para que un pibe tenga una fotocopia, porque todavía hay médicos sosteniendo hospitales destruidos, porque todavía hay jubilados que marchan aun cuando saben que los pueden tirar al piso.

Los buenos tardan más porque están ocupados intentando salvar algo mientras los otros están ocupados haciendo negocios con las ruinas.

Y sí, el pueblo a veces se duerme. O se cansa. O se decepciona. Porque también es agotador vivir sobreviviendo. Pero hay algo que sigue latiendo abajo de todo eso. Algo que vuelve. Siempre vuelve.

La bronca, la memoria, la ternura y las ganas de pelear por una vida más digna aunque alrededor te quieran convencer de que no vale la pena.

Capaz de eso hablaba la canción desde el principio y recién ahora terminamos de entender: que los buenos siguen vivos.

Aunque nos quieran callados, aunque intenten convencernos de que perder nuestros derechos es normal.

Porque el éxito del mal siempre parece urgente, pero nunca dura para siempre. "El éxito será eterno, será eterna la flor, el ser humano y la verdad".