Cuántos argentinos se exiliaron durante la última dictadura militar
Partieron para salvar la vida y terminaron siendo la voz de la Argentina en el mundo. La historia del exilio que la dictadura no pudo silenciar.
El 24 de marzo de 1976 no solo comenzó el terror hacia adentro. También comenzó una diáspora sin precedentes en la historia argentina. Miles de personas entendieron rápidamente que quedarse podÃa costarles la vida, y partieron hacia un exilio que para muchos durarÃa casi una década.
El número que no se habla tanto
Mientras los 30.000 desaparecidos se convirtieron en el sÃmbolo más conocido del terrorismo de Estado, hay otra cifra que suele quedar en segundo plano. Determinar cuántos argentinos se fueron durante la dictadura es, en sà mismo, una tarea imposible. No existe un registro oficial ni una fuente única. Las estimaciones académicas varÃan enormemente según los criterios utilizados: si se cuentan solo los exiliados polÃticos directos, si se incluye a quienes huyeron por miedo sin haber sido amenazados directamente, o si se suman quienes emigraron por la crisis económica. Lo que sà es indudable es que la diáspora fue masiva y no tuvo precedentes en la historia argentina.
No todos eran militantes polÃticos. El exilio fue heterogéneo: dirigentes sindicales, intelectuales, artistas, periodistas, profesionales y también miles de personas sin militancia activa que simplemente habÃan recibido una amenaza, conocÃan a alguien desaparecido o sentÃan que su vida corrÃa peligro. La represión no discriminaba demasiado, y el miedo tampoco.
Las caras del exilio
Entre los perseguidos por la dictadura figuraban Norma Aleandro, Héctor Alterio, Luis Brandoni, Julio Cortázar, MarÃa Elena Walsh, Fernando "Pino" Solanas y Nacha Guevara, entre muchos otros. Sus nombres aparecieron en listas negras confeccionadas por la Junta Militar y distribuidas en medios y organismos del Estado para impedir que fueran contratados.
Mercedes Sosa fue una de las artistas más reconocidas forzadas al exilio. Vivió en España y volvió al paÃs recién con la democracia. Osvaldo Soriano escribió sus novelas más importantes desde Bruselas y ParÃs. Julio Cortázar, que ya vivÃa en Francia desde antes del golpe, intensificó su denuncia desde el exterior y murió en ParÃs en 1984 sin haber regresado definitivamente.
Adónde fueron
Los destinos principales fueron México y España, seguidos por Francia, Venezuela, Suecia, Brasil y en menor medida Italia y Estados Unidos. México fue el refugio más emblemático: el gobierno de Luis EcheverrÃa y luego el de José López Portillo abrieron las puertas a miles de argentinos y les ofrecieron trabajo, vivienda y documentación.
España tuvo un simbolismo particular: muchos argentinos llegaron en los mismos barcos en que los republicanos españoles, exiliados desde 1939, volvÃan a su paÃs tras la muerte de Franco. Dos exilios cruzándose en el Atlántico. Francia, por su parte, fue el centro neurálgico de la denuncia internacional: desde ParÃs, los exiliados organizaron campañas que llegaron a los parlamentos europeos y a los organismos internacionales de derechos humanos.
Los que no volvieron
El retorno a la democracia en 1983 trajo de vuelta a muchos, pero no a todos. Una parte del exilio habÃa echado raÃces en el exterior: habÃa formado familias, construido carreras, aprendido otros idiomas. Otros volvieron y encontraron un paÃs que no reconocÃan, o que no los reconocÃa a ellos.
El exilio también dejó una herida cultural profunda. Una generación entera de escritores, músicos, cineastas, cientÃficos y académicos desarrolló su obra lejos de la Argentina. El paÃs perdió durante años una parte enorme de su producción intelectual y cientÃfica, un daño que tardó décadas en repararse.
El exilio como forma de resistencia
Lejos de callar, los exiliados fueron una pieza clave en la denuncia internacional de los crÃmenes de la dictadura. Desde Europa y América Latina organizaron conferencias, publicaciones y campañas que mantuvieron vivo el nombre de la Argentina en los foros internacionales cuando dentro del paÃs el silencio era obligatorio.
Esa red de denuncia fue fundamental para que organismos como AmnistÃa Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pusieran la lupa sobre el régimen. El exilio, en ese sentido, no fue solo una huida: fue también una forma de pelea.