El mayor suicidio colectivo de la historia
CR脫NICA FEN脫MENOS PARANORMALES聽El 18 de noviembre de 1978, en el remoto pueblo de Jonestown, el pastor evang茅lico estadounidense Jim Jones logr贸 que m谩s de 900 personas se envenenaran "para salvarse".
Por Jorge Fern谩ndez Gentile
paranormal@cronica.com.ar
La combinaci贸n de un liderazgo mesi谩nico, embebido con cuestiones m铆sticas, emparentadas al fanatismo religioso pero tambi茅n pol铆tico, el poco aclarado uso de ciertas drogas, un elevado estado de esquizofrenia y nerviosismo generalizado, gener贸 un movimiento de masas que confluy贸 en un c贸ctel letal, de inevitables derivaciones.
Quiz谩 todas esas cuestiones, y algunas otras m谩s que habr谩n quedado flotando en el aire enrarecido, debieron eclosionar aquel 18 de noviembre de 1978, en aquella remota aldea al norte de uno de los pa铆ses de los que menos se habla en Sudam茅rica, como es Guyana. En aquella nefasta jornada, en Jonestown, como era llamado informalmente el caser铆o donde funcionaba el Proyecto agr铆cola del Templo del Pueblo, una comunidad cerrada que hab铆a fundado tiempo atr谩s el pastor evang茅lico estadounidense Jim Jones en la actual regi贸n selv谩tica de Barima- Waini, de la Guayana Esequiba, 918 personas se quitaron la vida, la mayor铆a envenen谩ndose.
Se concretaba as铆 el suicidio colectivo m谩s importante en la historia de la humanidad. Y quiz谩s tambi茅n, el m谩s inexplicable, a partir de los escasos fundamentos para tomar tan dr谩stica determinaci贸n de toda una comunidad, en la que diferentes analistas incluso suman cuestiones emparentadas con la paranormalidad y la brujer铆a. Aunque los escas铆simos sobrevivientes hablan de un crimen mucho m谩s grave, directamente relacionando con el manejo indiscriminado del poder del reverendo, para terminar en semejante tragedia.
El inicio de todo
El punto de partida pasa inevitablemente por el pastor Jim Jones, ide贸logo de toda esta locura de este hombre de imagen inexpresiva que se adue帽贸 de las ideas del Templo del Pueblo, una agrupaci贸n religiosa fundada en la d茅cada de 1950, en la que el oscurantismo, los secretos, la religi贸n y la pol铆tica se entremezclaban, siempre lideradas por ese llamativo protagonista que defend铆a la igualdad de clases y valores, aunque de una manera poco ortodoxa.
James Warren Jones hab铆a nacido el 13 de mayo de 1931 en Lynn, Indiana, en un ambiente de segregaci贸n racial y de fundamentalismo cristiano. Su padre, James Thurmond Jones, hab铆a combatido en la primera guerra mundial y era un confeso simpatizante del grupo separatista Ku Klux Klan, aunque no existen registros de actividad con ese nefasto grupo. Su madre, Lynetta, era una imaginativa empleada que le ense帽贸 a Jim a ayudar a los pobres y a amar los animales. Quiz谩 por eso, desde joven mostr贸 su vocaci贸n por la pr茅dica, apunt谩ndole a la integraci贸n racial y el socialismo, como base igualitaria para emparejarlo todo. Eso comenz贸 a generarle problemas con sus superiores religiosos, ya como activo participante de la Asamblea de Dios, al insistir en que los negros se sentaran adelante en los bancos de esa iglesia lo obligaron a cambiar de aires.
Una referencia no menor es la que dio su esposa, Marceline Baldwin, quien afirm贸 que cuando se casaron, en 1949, Jones ya era un comunista comprometido. Se consideraba mao铆sta pero simpatizaba con Jos茅 Stalin y admiraba a la Uni贸n Sovi茅tica. Y mezclaba todo, entre su ideolog铆a que emparentaba el socialismo con lo religioso o socialismo apost贸lico, hasta hacer alarde de su ideolog铆a “Dios Todopoderoso, el Socialismo”.
Por eso en 1955 fund贸 la Iglesia de la Comunidad Unida y tiempo despu茅s, evolucion贸 hasta la conformaci贸n de la llamada The Peoples Temple Full Gospel Church, algo as铆 como la Iglesia del Evangelio Completo del Templo de los Pueblos. Su mensaje era de igualdad racial. As铆, se gan贸 el reconocimiento de los negros, en tiempos inestables racialmente hablando.
Ya en 1959 tuvo a su hijo Stephan Ghandi Jones y adopt贸 otros ni帽os de razas diversas en lo que 茅l llamaba su “familia arcoiris”. En 1960 el Templo del Pueblo fue aceptado en la Iglesia Cristiana, como Disc铆pulos de Cristo.y ya en 1961 Jim es nombrado director de la Comisi贸n de Derechos Humanos de Indian谩polis para la integraci贸n de varias reparticiones p煤blicas. Luego comenzar铆a un peregrinar por Estados Unidos de su idea religioso-pol铆tica, hasta que en 1975, cuando las presiones del gobierno estadounidense eran elevadas, debido a sus incompatibles ideas de izquierda, Jim Jones y los seguidores del Templo del Pueblo decidieron mudarse desde California, donde hab铆an recalado, a ese punto rec贸ndito en la jungla guyanesa.
En suelo sudamericano
Ya en 1975 y no bien se afinc贸 en la regi贸n del norte de Guyana, en la regi贸n de Barima-Waini junto a esos fieles seguidores, comenz贸 a levantar la llamada ciudadela bautizada Jonestown (ciudad de Jones, en la traducci贸n del ingl茅s). Se trataba de una serie de edificaciones en las que no existieran fronteras ni diferencias raciales, donde todos lucharan por una justicia igualitaria y se buscara alcanzar un mundo mejor. Nada m谩s ideal, como para ganar adeptos entre los seguidores que ten铆a en Estados Unidos m谩s unos cuantos nativos que fueron sum谩ndose a la propuesta, en medio de una poblaci贸n con cierta educaci贸n pero carenciada de afectos y sue帽os, poco menos que irrealizables, todo bajo el aprovechamiento de que all铆 se hablaba la lengua inglesa (de all铆 su inter茅s de afincarse en ese c贸nclave con un pasado brit谩nico). As铆 fue como, entre cantos, gestos de contenci贸n y un atractivo discurso, seductor por cierto, la poblaci贸n de Jonestown comenz贸 a crecer. Adem谩s, otros seguidores, llegados de Estados Unidos, se sumaron a un culto que d铆a a d铆a se acercaba al fanatismo y la idolatr铆a hacia un hombre calculador.
Lo concreto es que en Jonestown se realizaron varias actividades, bajo los preceptos de que hablaba de igualdad econ贸mica y racial. Por eso ah铆 todo parec铆a encajar: entre los pocos lugares que se sumaron y cerca de 900 compatriotas que lo siguieron se alcanz贸 una congregaci贸n de m谩s de mil personas que trabajaron para construir de la nada sus casas, los tinglados y dem谩s establos. As铆 se estableci贸 una comunidad que muchos de quienes en ella llegaron a vivir antes de la matanza en masa, no dudaron en describir como el verdadero para铆so. Un “para铆so socialista”, como el mismo Jones citaba en varios audios encontrados, una vez que la tragedia se concret贸. As铆, se crearon granjas comunitarias que proveyeron gran parte de los suministros de Jonestown y los que faltaban eran tra铆dos desde Georgetown, la capital de Guyana, gracias a un acuerdo comercial con el gobierno del pa铆s. De todas maneras, poco a poco, la personalidad de Jones comenz贸 a volverse err谩tica, con actitudes de intromisi贸n y a la vez de celos por ciertas cuestiones, a la vez que lo preocupaban rumores provenientes de su pa铆s, en los que se citaba que la agencia gubernamental FBI segu铆a de cerca sus pasos, habida cuenta de algunas denuncias de irregularidades manifiestas.
Noches blancas
De todas maneras no todo funcionaba como lo afirmaba la propaganda. Los indicios de los federales estadounidenses, algunos afincados en Georgetown, capital de Guyana, no estaban errados. Es que se sab铆a que, de acuerdo al relato de las investigaciones revelado por el FBI, Jones generaba actividades poco claras, a las que llamaron las "noches blancas". En esas jornadas se simulaban suicidios con cianuro y otras sustancias, probablemente con el uso de drogas, aunque tambi茅n con actividades de esoterismo y brujer铆a. Quiz谩 porque en su mente, ya estaba instalada la idea del suicidio colectivo, como modo de quedar en la (triste) historia.
Quiz谩 por eso mismo el representante a la C谩mara por el estado de California, Leo Ryan, comenz贸 un mes antes a mostrar preocupaci贸n las denuncias sobre abuso y fraude que escuchaba sobre Jonestown. Recu茅rdese que esa hab铆a sido la anterior sede de la iglesia creada por Jones. Advertido y como contrapartida, en sus discursos el reverendo comenz贸 a mencionar supuestas traiciones, acusando a los “cerdos capitalistas", de la Central de Inteligencia (CiA) para describir supuestas amenazas contra su “para铆so”, en denuncias que apuntaban a algunos fieles que hab铆an desertado del enclave guyan茅s.
Por eso mismo, luego se pudo conocer, de parte de un agente del FBI, qu茅 suced铆a en las noches blancas. En esos encuentros Jones le daba a los miembros de Jonestown cuatro opciones: huir a la Uni贸n Sovi茅tica, cometer un suicidio revolucionario, quedarse en Jonestown para luchar contra seguras invasiones o huir hacia la selva, en lo que no era otra que un verdadero lavado de cerebro, en el que no se descarta el uso de drogas y actividades esot茅ricas.
Ryan viaja a Guyana
Si algo sac贸 de quicio a Jones fue el enterarse de la segura visita de Ryan, quien habr铆a anticipado que aquellos que quisieran volverse con 茅l podr铆an hacerlo. Eso encresp贸 al reverendo, que trat贸 de potenciales traidores a quienes lo abandonaran. As铆, y haciendo alarde de un inusitado coraje, seg煤n los pocos sobrevivientes del multisuicidio, el 18 de noviembre el congresista Ryan concluy贸 una visita a Jonestown, en medio de una inocultable tensi贸n, y en la que el parlamentario estadounidense dialog贸 con varios seguidores de Jones, e invit贸 a varios a retirarse del lugar. As铆 fue como unos pocos miembros del Templo del Pueblo aceptaron la invitaci贸n y salieron con la comitiva que inclu铆a a tres periodistas. Sin embargo, a mitad de camino varios de ellos sacaron varias armas y comenzaron a disparar contra Ryan y los dem谩s. Y todos murieron.
Final apocal铆ptico
La cordura de Jones entonces entr贸 en crisis. Primero congreg贸 a todos sus fieles de Jonestown y reiter贸 que las amenazas al para铆so eran reales. Fue entonces que explic贸 que hab铆a que hacer una “revoluci贸n de muerte” y lanz贸 una lac贸nica frase: “Por el amor a Dios, ha llegado el momento de terminar con esto”, se puede escuchar en las grabaciones en estado de casi delirio.
Entonces lanz贸 otra frase premonitoria de la muerte: “Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo. Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados. Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agon铆a”, pontific贸. Enseguida, las secretarias y las auxiliares de enfermer铆a que trabajaban en Jonestown comenzaron a entregar a los fieles frascos llenos de cianuro. La abrumadora mayor铆a de la gente lo ingiri贸, incluso se lo dieron a ni帽os y a los beb茅s. As铆. 913 personas se desplomaron muertas dentro del enorme tinglado de madera y sus alrededores. Cerca de 200 eran menores, muchos de ellos muy peque帽os. A ellos se sumaron el congresista Ryan y su comitiva, para que la cuenta cerrara en 918. Jones fue hallado muerto tambi茅n, pero a diferencia de la inmensa mayor铆a, incuida su mujer e hijos, todos fallecidos por envenenamiento de cianuro, el deceso del reverendo se produjo por el disparo de una escopeta. Y aunque los sobrevivientes se pudieron contar con una mano, palabras m谩s, palabras menos, los medios que cubrieron el hecho, ante semejante panorama, titularon como “el mayor suicidio colectivo de la historia”. Y as铆 fue.