Enterate cuáles son las cinco puertas al infierno

CRÓNICA FENÓMENOS PARANORMALES Mucho se dijo y se escribió al respecto. ¿Por dónde se entra a uno de los lugares más temidos por el hombre?

Según Juan Pablo II, el infierno es un estado mental.

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Por Daniel Beylis
paranormal@cronica.com.ar

En el imaginario popular, el infierno es un sitio ubicado probablemente debajo de la Tierra, que reúne a todas las almas pecadoras de este mundo y que van a parar allí después de la muerte. Está vinculado a lo negativo, a la oscuridad y lo nefasto, malintencionado, aunque no existan demasiadas precisiones acerca de su existencia. ¿Es posible que exista el infierno en las profundidades del planeta que habita el hombre?

Es un concepto que se instaló durante milenios y que intenta colocar el castigo divino en el mismo plano de existencia que viven los seres humanos. Según el papa Juan Pablo II, por citar un ejemplo de uno de los sumos pontífices más reconocidos en toda la histortia de la Iglesia Católica, el infierno es un estado mental que incita al arrepentimiento y al perdón de los pecados, pero también puede ser un espacio metafísico donde las almas son lanzadas, indignas de gloria. En última instancia, el infierno está más cerca de lo que muchos pensamos.

Es que tiene demasiadas caras, desde los ardientes pozos del infierno cristiano hasta los complejos inframundos mayas o asiáticos, y de las dimensiones paganas. Muchas de las imágenes de ese devastador territorio infernal fueron talladas en la faz de la Tierra y en las mentes de los más temerosos. Las diferentes religiones de los seres pensantes que habitamos este planeta hablan de portales que conectan a los vivos con los muertos, y de las terribles criaturas que guardan este foso de fuego y maldad.

Por eso surge la pregunta obligada: ¿Dónde están estas puertas al infierno? Normalmente se deberían encontrar en zonas de alta actividad volcánica, o al menos hay indicios de algún tipo de leyendas asociada a ellas. Son pocos los aventureros que se atreven a entrar a estos lugares míticos, inexplorados y peligrosos, con la esperanza de que tal vez todas las historias sobre el inframundo salgan de una buena vez a la luz y puedan ser consideradas verídicas. Así, en el sitio Mundo Esotérico y Paranormal (MEP) se dedicaron a explorar aquellos lugares que durante años estuvieron relacionados a lo paranormal y donde supuestamente habitan las almas impuras, condenadas.

¿Hay para elegir?

En el contexto de encontrar un camino de acceso, existen varios lugares en el mundo que dejan la sensación de estar relacionados con la Puerta del infierno. Esta es una pormenorizada recorrida.

1) El primer punto aparece en Turkmenistán, situado en Asia Central, limítrofe con Kazajistán, Uzbekistán, Irán, Afganistán y el mar Caspio, su capital y ciudad más poblada es Asjabad. Pero en su superficie se encuentra lo que sus habitantes bautizaron el cráter de gas Darvaza como una puerta al inframundo, por su aterrador aspecto. El sitio estuvo ardiendo permanentemente durante casi 50 años en una antigua prospección de gas ubicada en el desierto de Karakum, cerca de Darvaza. En 1971, científicos soviéticos trataron de construir una plataforma de gas, pero acabó colapsando en una caverna subterránea, creando un cráter con temperatura en su interior de 400°C. Se dice que esta misteriosa caverna es una entrada al mismísimo inframundo.

2) La recorrida recae en Turquía, donde se halla el llamado Plutonio de Hierápolis. En conmemoración al dios Plutón, el lugar fue descubierto en 1965 por arqueólogos italianos. La pequeña cueva tiene escaleras que descienden abruptamente y en las que se puede encontrar gas de dióxido de carbono. Muchas personas murieron allí al inhalar el gas, lo que acabó considerándose como un mal presagio enviado por el mismo Plutón para advertir a la gente acerca del inframundo, para encontrarse con el dios Hades. En ese contexto, el geógrafo griego Estrabón, que vivió entre el año 64 a. C. y el 21 d. C., describió el espectáculo: “Cualquier animal que entre se encuentra con muerte instantánea. En cualquier caso, los toros que son llevados a él caen y son arrastrados muertos, y yo arrojé gorriones y de inmediato dieron su último suspiro y cayeron”. Muy descriptivo para aquella época, aunque en estos tiempos la visión ha cambiado, en parte (más información, ver recuadro).

3) En Siberia se encuentra la boca del infierno. Es un cráter de un kilómetro de ancho y 85 metros de profundidad que está creciendo a un promedio de 10 metros al año. Al tragar el paisaje cercano, también revela un registro detallado de hace 200.000 años, que alguna vez estuvo escondido bajo el llamado permafrost. Las leyendas locales hablan que la apertura de esta puerta concluirá una vez que las almas condenadas salgan a nuestro plano de existencia.

4) Ya en el Lejano Oriente, se encuentra el Monte Osore, en Japón. Según la mitología popular y las creencias budistas, las almas difuntas deben cruzar un río para llegar al más allá. Dependiendo de lo bien que lo hayan hecho mientras estaban vivos, el río determinará su transición para llegar al otro lado. Se dice que aquellos que fueron buenas personas pasarán sin problemas a través de un puente. Sin embargo, aquellos que hayan tenido un mal comportamiento en vida estarán acompañados por aguas sucias llenas de serpientes y otros reptiles, que los derrivarán definitivamente en el infierno.

5) Italia también tiene su portal al infierno, en el Monte Etna. El afamado volcán activo más grande de Europa es la fuente de muchas leyendas en la mitología griega y romana, con erupciones que regularmente sacuden toda la región, y que ha costado innumerables vidas. Cubierto de lava y gases nocivos, el mito más famoso es que el Etna es una puerta de acceso al infierno utilizada por el dios Hades. Perséfone, la hija de Zeus, fue secuestrada por Hades desde la falda de la montaña mientras recogía flores, según el mito griego que lo relaciona con el inframundo.

Sobre científicos y sus especulaciones

Con el afán de romper el misterio, hace unos 2000 años un grupo de visitantes se acercó a un templo grecorromano en Hierapolis, en la actual Turquía, que supuestamente contaba con la puerta de entrada al inframundo. Según un informe de la CNN, la primera impresión era impactante, ya que los animales (desde pájaros hasta toros) caían muertos en la entrada. La cueva, llamada el “Plutonio” por Plutón, dios del inframundo, se pensó que eructaba el “aliento de la muerte”, matando a todos los que estaban a su alcance, excepto a los sacerdotes divinamente inmunes que guiaban a los animales al sacrificio. En ese contexto, el autor romano e historiador natural Plinio el Viejo describió el fenómeno como el “alcantarillado de Charon”, el mítico balsero que remaba almas a través del río Estigia y Acheron y hacia las profundidades del inframundo.

De todos modos, los científicos actuales expusieron a principios de 2018 una explicación para el misterio, y no es sobrenatural. La investigación publicada por la revista de Ciencias Arqueológicas y Antropológicas muestra que una fisura en la superficie de la Tierra, en las profundidades del sitio, emite dióxido de carbono a concentraciones tan altas que pueden ser mortales.

Así, utilizando un analizador de gases portátil, Hardy Pfanz y su equipo de vulcanólogos encontraron CO2 en niveles que van del 4 al 53% en la boca de la cueva y hasta al 91% en el interior, más que suficiente para matar organismos vivos. “Los problemas para los mamíferos (incluidos los humanos) comienzan muy por debajo del 5% de CO2. Una estancia más prolongada al 7% y más provoca sudoración, mareos, taquicardia, etc. Un aumento adicional provocaría asfixia debido a la falta de oxígeno y a la acidificación de la sangre y del cuerpo o las células del cerebro”, inició su relato uno de los precursores de esta teoría.

La investigación de Pfanz agrega otra posibilidad: el hecho de que los animales y los sacerdotes son de diferentes alturas. El CO2 es más pesado que el oxígeno, por lo tanto se deposita más bajo, formando un lago de gas tóxico sobre el suelo. “Las fosas nasales de los animales estaban en el lago de gas”, dice, mientras que los sacerdotes eran más altos y estaban sobre el lago de gas.

Pfanz cree que los sacerdotes conocían el gas y sabían que su concentración fluctuaba según la hora del día. Investigaciones recientes, que tomaron medidas durante un período de tiempo, encontraron que el nivel de CO2 era particularmente alto al amanecer y al anochecer, ya que la luz del sol dispersa el gas. Lógicamente que esta descripción fue aceptada por algunos pero menospreciada por otros, que lo vinculan a un hecho sobrenatural.

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