La escalofriante historia del hombre que se fue al infierno y volvi贸

CR脫NICA FEN脫MENOS PARANORMALES聽Sucedi贸 en 1999, tras un impactante聽accidente en una ruta. El hombre, rescatado gravemente herido, relat贸聽una historia incre铆ble. Im谩genes impresionantes.

Por Jorge Fern谩ndez Gentile
paranormal@cronica.com.ar

Hay historias como la del estadounidense Clifford Hoyt, que resultan muy dif铆ciles de creer, aunque las pruebas, el contenido de la trama, incluso ciertos desfasajes de tiempo, terminen por generar un sinf铆n de dudas. Lo que se parece en mucho a un relato de una novela de ficci贸n, con varios ribetes y condimentos, que la hacen absolutamente impredecible. Hay infinidad de historias, hechos, que no dejan de resultar extra帽os, porque sobrevuelan lo irracional, al l铆mite de lo cre铆ble. Sin embargo, muchas de estas historias, que tienen m谩s de un acto, no consiguen dar una explicaci贸n fehaciente que las desencuadre de un fen贸meno paranormal, un caso extrasensorial, un salto de plano dimensional. Aunque quiz谩 resulte una f谩bula que no resiste una mirada real. El caso, tambi茅n conocido como “El hombre que fue al infierno”, tiene fecha de inicio: sucedi贸 el 5 de diciembre de 1999, en la carretera Maple Grove, estado de Maryland, Estados Unidos, donde se produjo un tremendo accidente que protagoniz贸 Clifford. El hombre, de 31 a帽os, logr贸 salvarse de milagro, y a pesar de sufrir varias heridas y contusiones pudo, gracias a un esfuerzo casi inhumano, mover su cuerpo herido fuera del auto y quedar tendido en la carretera, para luego descompensarse y caer en estado de coma. Para su suerte, minutos despu茅s un cami贸n pas贸 por el sitio y al encontrarse con tan horrible tragedia, de inmediato el transportista llam贸 al 911.

Ya ingresado en el hospital local, se constat贸 que Clifford no s贸lo hab铆a entrado a un cuadro comatoso, sino que tambi茅n ten铆a varias fracturas, hemorragias internas y聽dem谩s lesiones, much铆simas de gravedad. Por lo que su estad铆a result贸 muy larga y la recuperaci贸n fue extremadamente lenta. Lo que los doctores no se imaginaban era que el hombre no s贸lo luchaba por aquellas desgracias f铆sicas que le hab铆an producido el accidente (en el que se registraron dos muertes), sino que algo m谩s ocurr铆a en su interior. Fundamentalmente en su mente, pero tambi茅n en su cuerpo. Los m茅dicos, cuando recobr贸 el conocimiento, les permitieron a las autoridades policiales interrogarlo, aunque antes lo hab铆an hecho con sus familiares. Estos descartaron que Clifford bebiera alcohol o tomara drogas, para entender qu茅 hab铆a sucedido, aclarando que 茅l ni siquiera beb铆a en eventos especiales y menos se drogaba. Era un hombre sano. Aunque en su versi贸n, repet铆a hasta el agotamiento que hab铆a ido al infierno y hab铆a regresado del mismo...

Aquella noche

Seg煤n contaron varios enfermeros y auxiliares del room service del nosocomio, se comenzaron a escuchar gritos de desesperaci贸n de aquel hombre en el hospital, acompa帽ados de golpes a la pared y sonidos desgarradores, angustiantes. As铆, cuando los m茅dicos y enfermeros ingresaron en la habitaci贸n de Clifford, lo encontraron asustado pero gritando como desquiciado, con sus globos oculares que parec铆an salirse de sus 贸rbitas. Se mov铆a tanto y sus alaridos eran tan incre铆bles que para poder inyectarle un calmante debieron agarrarlo entre varios. Y a煤n as铆 no fue una tarea sencilla.

驴Qu茅 era lo que Clifford Hoyt vociferaba? Mientras lloraba sin consuelo, repet铆a que durante todo ese tiempo hab铆a estado en el mism铆simo infierno. Pero no solamente eso: aseguraba que hab铆a experimentado innumerables torturas y vej谩menes, al聽momento que inimaginables brazos lo persegu铆an todo el tiempo, en medio de un clima que se entremezclaba con fuego, olor a azufre pero tambi茅n a podrido, mientras un coro de lamentos parec铆a atornillarle el cerebro.

Aun cuando Clifford Hoyt lloraba sin parar, su manera de relatar y sus dichos mostraban una marcada coherencia, tan v铆vido y cre铆ble, que entre los presentes no s贸lo le creyeron, adem谩s afirmaron que no parec铆a delirar ni daba signos de estar afectado por los medicamentos que le hab铆an prescripto..

Alta, a medias

A pesar de aquella noche incre铆ble, el hombre, reservado, lleg贸 a repetir la historia a algunos m茅dicos, y con el correr de los d铆as comenz贸 a superar las heridas, aunque nunca acept贸 ser tratado por un terapeuta psicol贸gico, fundamentalemente porque su relato se manten铆a pero rechazaba cualquier tipo de tratamiento, y menos de car谩cter psiqui谩trico. Una vez que sus heridas le permitieron ser un聽paciente ambulante, Clifford Hoyt pudo regresar no sin ciertas dificultades a su discreto departamento que alquilaba.

Fue entonces cuando, con el correr de los d铆as, sus vecinos comenzaron a quedarse con el due帽o del edificio, ya que en el piso que alquilaba Clifford se escuchaba m煤sica todo el d铆a, e incluso toda la noche. Ante semejantes quejas, el due帽o del edificio decidi贸 tomar cartas en el asunto y esa misma noche se dirigi贸 hacia el departamento de Clifford, para dialogar cara a cara con 茅l y pedirle que cesara con los ruidos.

Sin embargo, el propietario, al llamar reiteradamente la puerta y no recibir ninguna respuesta a sus incesantes golpes, decidi贸 entrar con la llave maestra, que todo due帽o posee, ya que pens贸 que al tener tan alta la m煤sica, pod铆a ser que no lo escuchara. Jam谩s imagin贸 entonces lo que ver铆a instantes despu茅s, ya que luego de trasponer un desordenado living, donde la m煤sica sal铆a de un equipo a todo lo que daba, se encontrar铆a en una habitaci贸n cont铆gua con Clifford Hoyt l煤cido pero tirado en el piso, abrazando una enorme barra de hielo. La sala parec铆a una pocilga, llena de excremento. El propietario tom贸 fotograf铆as del lugar para entregarle a la polic铆a, a la que llam贸 inmediatamente.

Las primeras palabras que intercambi贸 con Clifford sorprendieron al propietario, ya que, semidesnudo, dijo que la m煤sica estaba al m谩ximo para que los demonios del infierno no se lo llevaran otra vez, y porque solamente as铆 los pod铆a mantener alejados. Y sobre la barra de hielo, que de a poco se consum铆a, la abrazaba porque no soportaba el calor.

Luego de eso, y una vez que las autoridades policiales lo interrogaron y ubicaron a sus familiares, estos se vieron obligados聽a internarlo en un centro psiqui谩trico de Maryland. Los m茅dicos afirmaban all铆 que su comportamiento se debi贸 al da帽o cerebral que sufri贸 durante el accidente, pero Clyfford, hasta la 煤ltima vez que se lo vio, repet铆a sin pisarse ni confundirse, que los demonios aun lo persegu铆an.

Aunque algunos afirman que semanas despu茅s Clifford falleci贸, otros en cambio dicen que sus familiares decidieron cambiarlo de sitio y que a煤n hoy vive, y que sigue repitiendo lo mismo. Sin embargo, lo m谩s sorprendente y a la vez escalofriante es el dato que se muestra a continuaci贸n: en el diario The Baltimore Sun, de Maryland, figura una noticia de un accidente en la misma carretera en 1999. En ese tr谩gico hecho murieron dos personas, una de las cuales se llamaba Clifford Hoyt, quien al momento del deceso ten铆a 17 a帽os. 驴Error? 驴Fraude? Si se hace bien la cuenta, dicho joven tendr铆a 31 a帽os, la misma edad de Clifford cuando tuvo el accidente. 驴Acaso un acto de resurrecci贸n, pero regresado del mism铆simo infierno? 驴Un viaje de ida y vuelta, enmarcado en un mismo tiempo, aunque muy diferente al que se vive aqu铆? 驴O quiz谩s s贸lo un error del periodista de aquella 茅poca? Lo que es cierto es que son muchas, demasiadas coincidencias. Y el caso jam谩s se aclar贸, dado que Clifford Hoyt se perdi贸 en la noche de los tiempos, vaya a saberse en qu茅 psiqui谩trico.

Frustrado di谩logo con un psiquiatra

Cuando Clifford Hoyt fue evaluado por los m茅dicos forences, tras ser hallado casi desnudo y abrazado a una barra de hielo, semanas despu茅s de superar un tremendo accidente, del que pocos entienden c贸mo pudo reponerse, dadas las innumerables contusiones y golpes, externos e internos, adem谩s de quebraduras y torceduras que padec铆a, de los que sali贸 a flote lentamente tras varias semanas. No obstante, y una vez que recibi贸 el alta m茅dica (nunca hab铆a aceptado recibir atenci贸n psicol贸gica y mucho menos psiqui谩trica) sus dichos no solamente sorprendieron por su forma de relatar lo que sent铆a y cu谩nto era lo que estaba viviendo, supuestamente, como por la forma en que encaraba, de forma veros铆mil, cada una de sus respuestas. Tanto es as铆 que medios locales de Maryland lograron rescatar el relato del psiquiatra que le tom贸 declaraci贸n testimonial. El terapeuta, que no dio a conocer su identidad, cont贸 que, cuando Clifford Hoyt entr贸 en su oficina, se mostr贸 en todo momento seguro y decidido en sus dichos, reiterando una y otra vez qu茅 era lo que sent铆a y que percib铆a que hab铆a vivido. El forense le consult贸, directamente: “驴Te importa explicarme el bloque (barra) de hielo Cliff?”, a lo que Hoyt, sentado al otro lado de la oficina, y asegur谩ndose de equilibrar el trozo de hielo que ten铆a entre sus piernas y que nunca abandon贸, respondi贸 sin聽demasiada voz: “Estoy ardiendo”. El polic铆a repregunt贸, como buscando m谩s explicaciones. “驴Ardiendo?” y al instante asinti贸 y apret贸 el bloque de hielo contra su pecho. “Sigo ardiendo”.

Fue entonces que, como se ve en las series, el terapeuta acerc贸 su silla al interrogado y le requiri贸 precisiones, al consultarlo nuevamente: “驴Por qu茅 te est谩s quemando Cliff?” Pero Hoyt, lejos de responder, pareci贸 burlarse, mir贸 el suelo de baldosas grises de esa habitaci贸n sin ventanas y luego comenz贸 a girar alrededor de su cabeza de lado a lado, como si intentara hacer una rara figura, y volvi贸 a hablar: “Se queman. No me dejar谩n en paz”, replic贸. Como si no entrara en razones, el m茅dico replic贸. “Cliff, 驴quieres hablar conmigo sobre tu accidente? 驴Recuerdas lo que te sucedi贸 en diciembre de 1999?”, inquiri贸 el oficial, a lo que Clifford, poniendo su atenci贸n a la barra de hielo que hab铆a comenzado a formar un charco entre sus piernas, apenas balbuce贸: “No puedo recordar. No puedo recordar nada”.

Luego el psiquiatra cit贸 al sheriff Mason Greggs, quien lo hab铆a encontrado tras el accidente. “驴Lo recuerdas?”, le espet贸, pero Clifford escupi贸 el suelo y enseguida aclar贸. “No quiero hablar de eso". Mientras limpiaba el escupitajo, el m茅dico not贸 un hilo de sangre entre la saliva de Hoyt. “驴Recuerdas algo tras el accidente?”, repregunt贸, pero Clifford volvi贸聽a negar con su cabeza y dijo: “Calor ... y quema. Como un bistec (carne asada), o algo as铆”, mientras parec铆a aflojar su agarre de la barra de hielo, que se iba derritiendo. Sin perder la paciencia, el terapeuta volvi贸 a la carga, buscando m谩s ac谩 en el tiempo reflotar en Clifford su vivencia, al consultarle: “驴Qu茅 pas贸 despu茅s de que te despertaste, Clifford?”, pero el hombre que asegura haber vuelto del infierno no perdi贸 jam谩s la hilaci贸n del rumbo tomado en sus respuestas, al declarar que “los segu铆 viendo. Negros, sin rostro. Me gritaron y me quemaron con sus horcas”, grit贸 mientras volv铆a a aferrarse al bloque de hielo con m谩s fuerza. Fue entonces que el m茅dico, ya sin demasiados argumentos, trat贸 de avanzar en la secuencia y pregunt贸 sobre el elevado volumen de la m煤sica, cuando ya se encontraba alojado en su departamento, y recordarle que “el propietario del edificio se ha quejado de que usted mantuvo la m煤sica a todo volumen en su apartamento toda la noche”. Pero Clifford, quien por entonces inexplicablemente golpe贸 al hielo mientras miraba para todos lados, como un ni帽o que busca guardar un secreto, respondi贸 lac贸nicamente: “Los mantuvo alejados. Me ayud贸 a dormir por la noche”.

Tras ese relevamiento, Clifford Hoyt fue analizado por otros dos terapeutas, en diferentes momentos. Luego en la tarde y m谩s a la noche, y si bien el primer psiquiatra afirm贸 haber visto “algo de seriedad en sus ojos”, en cambio, los otros dos llegaron a la conclusi贸n de que el da帽o cerebral que hab铆a producido en el hombre el accidente automovil铆stico claramente hab铆a afectado a su psique.

Por eso mismo, la junta m茅dica determin贸 que lo enviar铆an a la instituci贸n mental m谩s cercana en Maryland. Y eso fue lo que sucedi贸. A煤n as铆, el primer profesional m茅dico dijo sentir “como un cuchillo clavado en mi est贸mago. Antes de su traslado, hice varias pasadas por su habitaci贸n. No se le permiti贸 ninguna visita, pero me qued茅 all铆, escuchando, en la habitaci贸n cont铆gua. Y entonces en la noche, lo o铆. Se oy贸 una risa. Una mezcla entre una carcajada y un gru帽ido que ning煤n hombre en esta Tierra podr铆a replicar. Pero cuando abr铆 la puerta, Clifford se encontraba solo, todav铆a aferr谩ndose a otra barra de hielo que le hab铆an dado. Por eso, a煤n cuando firm茅 su traslado, desde entonces no creo que Clifford Hoyt haya estado mintiendo...”.

Esta nota habla de: