Un centro ritual y observatorio astron贸mico cerca del Cerro Uritorco
Cr贸nica Fen贸menos Paranormales聽Un descubrimiento inesperado durante el solsticio de verano聽pr贸ximo a las Sierras Chicas de C贸rdoba.
Por Prof. Dr. Antonio Las Heras
paranormales@cronica.com.ar
Ha de haber sido uno de los atardeceres m谩s conmovedores de mi vida. Fue un 21 de diciembre, en el momento exacto del solsticio de verano en el hemisferio sur. En el Parque Municipal El Zapato, unos dos kil贸metros al oeste de la localidad cordobesa de Capilla del Monte, recorriendo lo que a煤n queda, que no es poco, de un santuario ceremonial donde los comechingones realizaban rituales y ofrendas, conformado por grandes rocas, que tuve la oportunidad de descubrir, y hacer las primeras publicaciones al respecto, hace ya d茅cada y media atr谩s.
Esas sierras...Ca铆a el Sol, convertido en esfera dorada. El cielo despejado, salvo algunas lejanas nubes filamentosas blancas en el horizonte. Y, del lado opuesto, el encadenamiento de las Sierras Chicas destac谩ndose el sagrado Cerro Uritorco. El Parque Municipal El Zapato debe su nombre a una roca gran铆tica de varios metros de largo que se destaca en lo alto semiacostada sobre un pilar natural. Para la gente, tiene una curiosa forma de zapato.
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Tambi茅n hace casi dos d茅cadas inform茅 que hab铆a un grave error en esa designaci贸n. 隆Claro que lo parece, pero no hay tal zapato! Si se mira con cuidado y desde los 谩ngulos debidos, lo que puede verse es un rostro, (similar al de los moahis de la Isla de Pascua del oc茅ano Pac铆fico), con la mirada dirigida hacia un sitio determinado del cosmos. Es evidente que est谩 se帽alando alguna posici贸n estelar de alg煤n momento del a帽o que a煤n ignoramos. A m谩s, dicho rostro tiene un prolongado ment贸n semejando las barbas usadas por los faraones egipcios. Un verdadero enigma.
Toda esta regi贸n, muy rocosa de paisaje un tanto des茅rtico, fue territorio ocupado por los comechingones, a partir del siglo V d. C., cuando se constituyeron como cultura.
Astronom铆a puraDesde aquella vez en que hice el descubrimiento de este centro ceremonial comprend铆 que, a la vez, se trataba de un observatorio astron贸mico capaz de determinar posiciones estelares. En el conjunto se destaca una amplia plaza, donde se ubicaba el pueblo, un considerable altar conformado por un solo bloque de piedra tan grande y alto que hoy est谩 quebrado en dos partes, detr谩s del cual se situaba el amauta para hacer los rituales a la vista de todos; tal vez incluyendo el sacrificio de alg煤n animal que, luego, ser铆a alimento de la asamblea, y una serie de rocas, grandes y pesadas, acomodadas siguiendo un sentido desconocido cual si fueran menhires.
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Tambi茅n pueden verse algunas aberturas artificiales entre las rocas. Detr谩s de la pared posterior al altar hay varias piletas excavadas en las enormes piedras que, tal vez, pudieron llegar a servir para las abluciones previas al inicio de las ceremonias. Todo el conjunto, deduje, servir铆a para determinar solsticios y equinoccios, posiblemente tambi茅n eclipses o particulares momentos estelares, como el paso de los planetas visibles a ojo desnudo. El enigma que era imposible responder fue c贸mo deb铆an alinearse, en cada ocasi贸n, esas rocas con el Sol, la Luna o los planetas脿. Todo estaba all铆 a la vista, pero sin respuestas.
Obvio que para un pueblo como el de los comechingones, cuya vida depend铆a de cultivos y cr铆a de animales el inicio y fin de las estaciones era de esencial importancia. "Se estima que los comechingones, afirman los antrop贸logos, realizaban ceremonias adorando los astros, los equinoccios y los solsticios; ceremonias a la Luna llena y otras, que consist铆an en un agradecimiento por los alimentos recibidos, por la salud de sus habitantes...".
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Lleg贸 el d铆aEl anochecer de aquel 21 de diciembre al que me refer铆 al comienzo de esta nota, algunos de esos secretos me fueron revelados. Como siempre suele ocurrir, por obra y gracia del azar. Est谩bamos fotografiando distintos sectores del centro ceremonial cuando qued茅 dentro de la l铆nea recta formada por la ventana excavada en una de las paredes de roca y el segundo menhir de mayor tama帽o situado en la plaza. Fue conmovedor ver c贸mo el disco solar se alineaba perfecto hacia donde yo estaba y, a medida que ca铆a en el horizonte, provocaba un efecto luminoso extra帽铆simo: lanzaba un haz de luz dirigido hacia el coraz贸n del Uritorco. Tengo que sincerarme escribiendo que tanto yo como quienes me acompa帽aban en la expedici贸n, cre铆mos estar dentro de una pel铆cula de Indiana Jones.
La perfecta alineaci贸n se mantuvo durante aproximadamente un cuarto de hora. Empero, bastaba moverse unos cent铆metros hacia los lados para dejar de percibirla; tan precisa es la l铆nea recta que se conforma en ese atardecer de solsticio de verano. Reci茅n en los minutos finales, cuando el Sol ya estaba a punto de ocultarse bajo el horizonte, cierto efecto entre las rocas dio lugar a la aparici贸n de ese singular rayo dirigido hacia el Uritorco. 驴C贸mo no sentir temblar el cuerpo y que se nos pusiera "piel de gallina" de tanta emoci贸n por lo que est谩bamos experimentando? El centro ceremonial continuaba funcionando a la perfecci贸n despu茅s de, al menos, medio milenio abandonado, y vaya a saber uno cu谩nto tiempo de construido.