ESCÁNDALO

Tara Moore demandó a la WTA por 20 millones de dólares tras su suspensión por dopaje por comer carne contaminada

La británica Tara Moore, suspendida por dopaje en 2022 y nuevamente sancionada tras una apelación de la ITIA, inició una demanda millonaria en Nueva York contra la WTA y cuestiona el sistema antidopaje del tenis.

La tenista británica Tara Moore, quien alcanzó el puesto 145 del ranking mundial en 2016, presentó una demanda por 20 millones de dólares contra la Women's Tennis Association (WTA) tras haber sido suspendida durante cuatro años en un caso de dopaje que, según su defensa, se originó por el consumo de carne contaminada.

Moore, de 33 años, dio positivo en un control antidopaje durante el WTA de Bogotá 2022 y fue suspendida de manera provisional de forma inmediata. Posteriormente, un tribunal independiente la absolvió al considerar que la sustancia prohibida había ingresado a su organismo a través de carne contaminada, lo que le permitió regresar a la competencia desde mediados de 2024 hasta el segundo semestre de 2025.

Sin embargo, la International Tennis Integrity Agency (ITIA) apeló el fallo y logró revertir la decisión. Como consecuencia, la jugadora no podrá participar en torneos organizados bajo la órbita del circuito hasta diciembre de 2027.

El eje de la demanda de Tara Moore  contra la WTA

La presentación judicial, radicada en un tribunal de Nueva York, sostiene que la WTA no advirtió a las jugadoras sobre el riesgo de consumir carne local en determinados países, donde podría estar alterada por sustancias o aditivos suministrados al ganado.

"Tara Moore ha sido una víctima doble: primero por la negligencia de la WTA y luego por un sistema antidopaje que presume culpabilidad sin pruebas de mala intención", afirmó Daniel Weiss, abogado de la tenista, en declaraciones al New York Post.

El descargo de Moore: "Arruinaron mi carrera"

Moore, nacida en Hong Kong y ganadora de siete títulos individuales y 18 en dobles en el circuito ITF, manifestó en reiteradas oportunidades que la sanción "arruinó" su carrera deportiva, tanto en lo competitivo como en lo económico.

El caso vuelve a poner bajo la lupa los protocolos antidopaje en el tenis profesional y podría sentar un precedente en el vínculo legal entre las jugadoras y la WTA.

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