Con la cabeza puesta en la vuelta a la competencia, Midland se prepara para retomar el buen camino que transitaba antes del parate. El crecimiento que tuvo la institución en los últimos años hace que hoy esté en condiciones de dar el salto de categoría para potenciar todo lo bueno. Y justamente en eso coincidió el entrenador, Fernando Rizzo, de una dilatada campaña como entrenador. El hombre es recordado especialmente por los hinchas de Arsenal por el histórico ascenso a la Primera B Nacional, aunque donde estuvo dejó un gran recuerdo. "Me recibí como entrenador en 2002. En 2006 dejé de jugar y ese mismo año empecé a dirigir. Liniers fue el primer equipo. Ahí llegamos a una final y me tocó perderla ante Berazategui. Luego estuve en Argentino de Quilmes, Excursionistas, Dock Sud, Luján, Oriente Petrolero de Bolivia, Reserva de Arsenal, Reserva y cuarta división de Almirante Brown, ayudante de campo en Armenio, ayudante de campo en Gimnasia La Plata y luego dos años con Ricardo Zielinski en Atlético Tucumán", arrancó mostrando su curriculum como cabeza de grupo y acompañante de buenos entrenadores. Después, en una extensa charla con Depo, destacó el presente del Funebrero en la tercera categoría del ascenso, la que a su entender deben abandonar por lo que representa el club en el Oeste del Gran Buenos Aires y el enorme arraigo popular.

-¿Cómo se están preparando para la vuelta?

-Ya con la posibilidad de volver a los entrenamientos presenciales, la verdad que estoy muy a gusto. Tratando de respetar los protocolos con los grupos reducidos, con distanciamiento y con la tranquilidad que todos los testeos dieron negativos. Al término de la primera semana no tuvimos ningún jugador que no haya podido completar lo planificado.

-¿Se hizo complicada la cuarentena?

-Sí, muy larga. Hablo con muchos colegas y todos coincidimos en que el parate iba a ser de un mes o dos, por eso al principio los jugadores salieron a reclamar cuando todas las actividades se paraban menos el fútbol. Sin embargo, después todo se empezó a abrir y el fútbol quedó para lo último. Tuvimos los dos extremos. En los entrenamientos por Zoom llegó un momento en el que era muy difícil sostener el ánimo a los jugadores. Personalmente, la cuarentena me vino bien para estar con mi familia, me gusta mucho estar en mi casa. Además aproveché para hacer cosas en mi casa, estuve entretenido.

-¿Cómo lo agarró al equipo al momento que se estableció la pandemia?

-Nos agarró en un buen momento, pese a que el último partido perdimos con Deportivo Merlo, el puntero. Pero antes veníamos con una seguidilla importante, con triunfos ante Central Córdoba, Laferrere y Berazategui. Tres equipos que estaban ahí arriba, en la lucha por el Reducido. El equipo fue de menos a más desde que asumí como entrenador. El plantel se convenció y hasta que se paró el campeonato se vio un equipo protagonista.

-Por haber perdido el clásico con Deportivo Merlo quizás hubiese tenido que trabajar mucho en lo anímico sino se hubiese frenado el torneo...

-El equipo ya había marcado que ante la adversidad se levantaba. Habíamos encontrado una identidad. Después de una derrota ya nos conocíamos: no había tiempo para lamentos, simplemente saber que existía una receta que está presente en el fútbol cuando un resultado te es esquivo: trabajar el doble. Así nos fuimos planteando partido a partido. Anímicamente el equipo no era muy cambiante. 

-¿Se siente la presión de estar en un equipo grande del Oeste?

-Es un equipo muy popular del Oeste. El hincha es muy pasional, exige y como todos quiere ganar. El club viene creciendo, se están haciendo las cosas bien. Falta pegar el salto de categoría, porque en infraestructura creció muchísimo. Aún en los malos momentos me sentí respetado porque valoran el trabajo. Es muy difícil que a un técnico se lo valore sino salís campeón. El fútbol se guía por los resultados. En el día a día estamos acompañados por Agustín Orion y que una persona con tanta experiencia vea cómo trabajamos, es muy gratificante. En los momentos más complicados siempre nos apoyó. 

-Es una lástima que el fútbol se mida tanto por resultados. Con ese criterio sólo serviría el entrenador que salió campeón y el resto fracasarían todos…

-Sí. El tema del fracaso y el éxito es un tema muy amplio para debatir. Más allá de ser director técnico me considero un entrenador. Cuando veo que un jugador pasó por un proceso mío y creció, me pone contento. Que Ramiro Luna haya ido a Arsenal para mí es muy gratificante. Quiere decir que creció, que mejoró. Creo que hay entrenadores que potencian jugadores y otros no tanto. Las formas y los métodos tienen mucho que ver. El fútbol argentino es muy exitista. Los campeonatos se definen por si la pelota pega en el palo o no o por algún error humano. Y ahí el responsable termina siendo el entrenador. 

-¿Qué sería lo más justo para la reanudación del torneo?

-El fútbol es tan injusto y cambiante que va a ser muy difícil tener a todos conformes. El espíritu de la AFA fue que siempre los torneos se definan dentro de la cancha, y espero que se mantenga. Lo más equitativo es que tengan mejor posición los equipos que hicieron bien las cosas. 

-¿Siente la obligación de tener que conseguir el ascenso?

-Los objetivos se plantean lo más alto posible. Por cómo creció el club, tenemos que tener un equipo protagonista y con ambición de lograr el ascenso. Se generó una linda expectativa. Personalmente aspiro a poder pelear por un ascenso. El club está en un momento ideal para pegar el salto. 

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