Los violentos no tuvieron piedad ni en la reanudación del torneo. La inmensa ilusión que tenían Talleres y Español, en el comienzo del año futbolístico, se vio opacada por los hechos de violencia ocurridos afuera del estadio, que obligaron al árbitro Germán Bermúdez a suspender el encuentro.

Los violentos volvieron a ganar.

Apenas 12 minutos iban cuando el juez interrumpió el juego, al oír y ser notificado de los graves incidentes que estaban ocurriendo en las inmediaciones de la cancha. Una de las versiones indicó que la gresca se desató cuando un grupo de inadaptados, identificados con los colores del equipo visitante, quisieron ingresar a la tribuna junto a los locales, aprovechando la amistad entre ambas hinchadas. La policía reaccionó y despejó a los violentos con disparos de bala de goma. Varios automóviles que se encontraban en la zona sufrieron destrozos.

Los jugadores permanecieron en el campo de juego un largo rato.

Tanto los jugadores de Talleres como de Español permanecieron en el campo de juego, con la clara intención de continuar. Y cuando los incidentes parecieron cesar, el jefe del operativo le notificó al juez que no estaban dadas las condiciones para seguir.

El presidente local Alejandro Freije y el vicepresidente del Gallego y de la divisional, Gabriel Fernández, intentaron cambiar la decisión mediante una charla entre las partes, aunque surgió un nuevo impedimento: el grupo electrógeno no arrancaba... Los violentos hicieron de las suyas y en Timote y Castro el fútbol brilló por su ausencia.

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