La contundencia que mostró en la serie anterior ante Aldosivi, hizo abrir bien grandes los ojos al país futbolero. ¿Estábamos en presencia nuevamente de un River con instinto asesino, difícil de superar? Es cierto que nadie podía esperar algo similar en la nueva fase de Copa de la Superliga pues Atlético Tucumán es una de las estructuras más difíciles de vulnerar. Lo que no estaba en los cálculos de nadie era una actuación tan deshilachada y llena de horrores, que posibilitaron una caída abultada que ni el más optimista de los hinchas del Decano imaginó. El Millonario cayó 3-0 y el martes próximo estará obligado a ganar por idéntico marcador, o en su defecto por cuatro tantos, para consumar la hazaña y borrar una de las peores imágenes en la era Gallardo.

La pulseada inicial ofreció alternativas cambiantes, con dos equipos ambiciosos, buscando sacar tajada de sus principales virtudes. De a poco empezó a prevalecer River a favor de sus mejores individualidades y en especial, su intensidad que en tantas oportunidades le permitió hacer la diferencia sobre sus adversarios.

El problema fue que todo lo que construyó, sobre todo por el sector izquierdo, se terminó diluyendo porque Borré y Pratto no estuvieron finos. Así el local resistió hasta que en una ráfaga de tres minutos sacó una impensada distancia de dos. A los 34, Barbona jugó con Leandro Díaz, quien con la devolución lo dejó solo ante Armani, quien nada pudo hacer ante el zurdazo cruzado del 19 local. Y a los 37, con el Millonario aún aturdido por el primer golpe, el propio Barbona ejecutó un córner, Sbuttoni cabeceó hacia el medio y Toledo, en el área chica, con otro testazo amplió el marcador.

El Decano fue una fiesta (Fotobaires).

Imposible hablar de justicia, pero si de aprovechamiento de los momentos. Atlético se valió de esos instantes de desorden ajeno y facturó; en cambio River hizo un gran desgaste pero se equivocó en las dos áreas.

Pero en la etapa final, donde necesitaba hacer valer su jerarquía o, en su defecto, mostrar rebeldía, el equipo de Gallardo fracasó rotundamente. Fue un equipo que avanzó pero que prácticamente no atacó. Que sólo inquietó una vez en la etapa cuando Palacios recogió un rebote que Lucchetti le dio a un mano a mano con Pratto pero en vez de rematar fuerte lo hizo a colocar permitiendo el despeje de Lamas. 

La decepción de los jugadores de River (Fotobaires).

En tanto Atlético, que jugó con criterio y esperó agazapado su oportunidad, aprovechó la noche mala de su rival, y en especial de Armani, que no pudo atrapar un remate controlable permitiendo que Toledo, que estaba a la expectativa, marcara el 3-0 definitivo que dejó a River cerca del nocaut.

 
 

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