Con poco más de una semana de retraso, Maximiliano Gagliardo se hizo el regalo ideal de cumpleaños. El 21 de abril pasado había apagado 36 velitas y seguramente entre sus deseos estaba el que se terminó concretando en cancha de Banfield: el título de la B Nacional con Arsenal y la consecuente llegada a la Primera División, categoría para él novedosa. Justo en la etapa culminante de su carrera, el gran arquero atrapó el deseo máximo de todo futbolista que milita en el fútbol del ascenso. Su liderazgo fue fundamental porque trasladó toda la experiencia adquirida guiando junto a otros “viejitos” a un grupo de pibes que asumieron una enorme responsabilidad y que terminaron demostrando que están para grandes cosas.

Y además fue fundamental por la seguridad que transmitió en el arco del Arse que, contra todos los pronósticos, volvió a la élite en un año con la idea de asentarse y no volver a caer en desgracia. Gagliardo, un gran profesional y mejor persona, dialogó con Crónica del Ascenso sobre el inolvidable triunfo sobre Sarmiento, los festejos por el ascenso y lo que viene. Porque como se suele decir, lo mejor está por venir.

El arquero del campeón (Rubén Paredes).

-¿Qué cosas pasaron por tu cabeza una vez que terminó el partido?

-Uff. Un montón de cosas. Primero fue una sensación de alivio y felicidad porque se cumplía mi sueño, el de mi familia y mis amigos. Y después de un grupo que la luchó. Cuando llegó, parecía mentira. Tanto, que tardé uno o dos días en caer. En esos momentos en que me costaba entender lo que habíamos conseguido, recibí muchos llamados y felicitaciones. Es algo que soñé siempre. En todo momento esperando que se dé este objetivo y que se haya cumplido... se hace difícil explicarlo. Ahora, a disfrutarlo.

-¿Qué fue lo mejor que tuvo el equipo?

-Tuvimos una bandera que la levantamos a través del trabajo y la unión de un gran grupo. Pasamos momentos complicados; hubo inconvenientes económicos y un paro de empleados pero nosotros siempre fuimos igual para adelante en pos de un objetivo. El club necesitaba más que nunca pegar la vuelta a primera y por suerte lo pudimos conseguir.

-Tuviste la oportunidad de jugar en Primera cuando estabas en Los Andes, pero dijiste no; conseguiste la revancha por tus propios medios...

-Es así. En aquel momento, en 2015, acababa de renovar en Lomas cuando me vino a buscar precisamente Arsenal y le dije que no era el momento. Por suerte ahora se dio la oportunidad de llegar a Primera ganando una final, a un gran equipo como Sarmiento y en el tiempo regular. Estoy muy feliz.

-¿Qué encerró ese abrazo interminable con el Huevo Rondina?

-Fue emocionante, ¿no?. Pero no podía ser de otra manera. El siempre confió en mí, me llevó a varios clubes y en este equipo no fue la excepción. Fue un abrazo hermoso entre dos amigos que trabajaron por algo importante que se cerró de la mejor forma.

-¿Con qué atajada te quedás?

-Unas cuantas. Pero si tengo que elegir, me quedo con dos: una a Nico Ramírez, contra Morón en un partido difícil que ganamos 1 a 0. Y la otra en la final del otro día, frente a Miracco porque fue un remate complicado.

-Y encima sos el capitán del campeón...

-Llevar la cinta representa mucho aunque tuve el respaldo de todos, del cuerpo técnico y los compañeros. Sinceramente es una satisfacción aunque esa responsabilidad la compartimos con Ramiro (López). Lo que pasa es que a mí me tocó jugar más que a él. Pero es un orgullo porque en los momentos más difíciles debemos estar los más grandes, para hablar y también para apuntalar a los más jóvenes.

-¿Ya te imaginaste un mano a mano con algún delantero en especial de Primera?

-Solamente se me pasaron imágenes de esa gran final. Vivimos tanta alegría que no llegamos a imaginar en un partido particular. Lo único que puedo decir es que si Dios quiere, me daré el gusto de mi vida. Eso que tanto quería.

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