Que este nuevo ascenso de Arsenal a Primera tiene muchos aspectos para destacar, de eso no quedan dudas. Conformado con el objetivo inicial de sumar puntos para no tener problemas con la permanencia, tal como lo reveló su entrenador Sergio Rondina, los objetivos fueron creciendo con el correr de las fechas hasta llegar al punto en el que volver a la máxima categoría del fútbol argentino no sólo era una posibilidad, sino algo palpable.

El resto de la historia es conocida: un gran sprint final y la chance, en algún momento utópica, de jugar una final ante Sarmiento, situación que se rubricó con el gran triunfo que lo devolvió a la élite a un año nomás de tocar fondo.

Esta conquista, además, tiene varios puntos en común con aquella hazaña conseguida un 18 de mayo de 2002, cuando de la mano de Jorge Burruchaga y de un grupo de jugadores que estamparon su nombre en la historia, Arsenal lograba su primer ascenso a la “A”, tras una dura final ante Gimnasia de Concepción del Uruguay.

De la casa

La primera coincidencia es, precisamente, en cuanto a los entrenadores: tanto Burruchaga como Rondina fueron jugadores muy identificados con el club: mientras que el campeón del mundo en México 86 debutó con la celeste y roja, el Huevo llegó tras un breve paso por Deportivo Merlo y estuvo seis temporadas en Sarandí, ganándose el cariño de todos.

Y, como técnicos, llegaron al club en un momento complicado: Burru agarró a un equipo que venía de un flojísimo semestre de la mano de Roberto Mariani y, con pequeños retoques, lo convirtió en una maquinita que no paró hasta el ascenso.

Por su parte, Rondina inició su segundo ciclo como DT en Primera con un Arsenal casi descendido y con la premisa de ir preparándolo para la B Nacional. Con un presupuesto acotado y sacando agua de las piedras, le dio forma a un equipo con mucha identidad y una idea de juego clara. ¿El resultado? Título y ascenso.

Y qué decir de Facundo Gareca, otrora implacable goleador del Arsenal de Burruchaga en 2002 y que, hoy, fue parte de la vuelta a Primera, pero como ayudante de campo de Rondina.

Cuestión familiar

Pero acá no se terminan las similitudes porque, además, hay lazos de familia que unen ambas consagraciones. Hincha fanático del Viaducto, nacido y criado en el club de sus amores, Aníbal Leguizamón Espínola, una de las murallas defensivas del flamante campeón, es sobrino de dos jugadores símbolo: los hermanos Darío y Oscar Espínola.

Cafú y Junior fueron los laterales derecho e izquierdo titulares del once que comandaba Burruchaga. Aníbal recién pudo cumplir su anhelo de jugar en el Arse esta temporada, y vaya si valió la pena la espera: se afirmó como titular tras la lesión de Zamponi y formó una dupla monolítica con Fabio Pereyra.

No sólo entre jugadores y entrenadores hay conexión entre los ascensos de 2002 y 2019. Abanderados del trabajo silencioso, entre los utileros también hay una relación que une ambos logros. José Balbi fue, durante décadas, el encargado de que cada uno de los jugadores tuviera todo en orden a la hora de entrar al vestuario, incluso en aquel equipo que depositó a Arsenal por primera vez en la máxima categoría. Ahora, su nieto Mario Siciliano no sólo cumple con la misma labor sino que, como su nono, también festejo un ascenso.

Claro que, en el caso de este último, también tiene en sus fojas los títulos que el club logró cuando estaba plenamente afirmando en Primera.

El presidente

El último de los protagonistas que se repite en ambas proezas es Julio Ricardo Grondona, quien tiene el gran privilegio de haber sido el presidente de Arsenal en esta etapa dorada del club. Julito, hijo de Don Julio, asumió en 2001 sucediendo a Roberto Gargiulo y, apenas un año después, logró el ascenso a Primera, donde los del Viaducto estuvieron 16 años ininterrumpidos, sufrió el descenso en 2018 y confió a ciegas en Rondina, como en 2002 lo había hecho con Burruchaga, para llevar al club a lo más alto una vez más.

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