El campeón está intacto. Y va por más, mostrando la chapa de "acá estoy yo". Los octavos de final de la copa Libertadores vuelven a inscribir el nombre de River, que tiene entre ceja y ceja conseguir el bicampeonato continental.

En Chile, con el contundente y merecido triunfo frente a Palestino 2-0, no sólo consiguió el pasaje a la próxima instancia en forma anticipada, sino también que volvió a dejar en claro que se perfila como serio candidato para dar pelea por quedarse nuevamente con el título.

Un resultado positivo que motiva de cara a lo que se viene y que pudo haber sido más abultado, especialmente después de que el conjunto trasandino se quedó con un hombre menos.

Se encendió el campeón, que sigue invicto. Está firme. Y volvió a dejar demostrado que va por todo. Hizo lo que tenía que hacer. Cumplió y ganó, apoyado en la jerarquía tanto individual como colectiva, de un equipo que tiene en claro a lo que juega y que sabe lo que es disputar partidos claves.

En deuda quedó pendiente la falta de precisión para definir, especialmente en el complemento, lo que hubiese sido una goleada inobjetable. En dos semanas recibirá a Inter de Porto Alegre para cerrar la fase de grupos.

El arranque fue parejo, ante un equipo chileno ordenado tácticamente, pero a River le faltó precisión para conectarse en tres cuartos de campo y llegar con claridad al área rival. Hasta que comenzó a aparecer Ignacio Fernández para ser la carta de peligro mediante un desmarque o un pase.

Apareció Nacho

Y fue Nacho quien abrió y definió la clasificación. Primero, envió el tiro libre para el cabezazo, con palomita incluida de Pinola, en el 1-0; y promediando el complemento, aprovechó un grosero del arquero Ignacio González para sentenciar el juego con el arco a su merced.

La victoria también trajo la confirmación de varios puntos altos: Lucas Martínez Quarta reflejó una gran tarea en la zaga central; Bruno Zuculini sigue brindando equilibrio; Enzo Pérez muestra cada vez más el nivel de elite europea con lucidez e intensidad para jugar y marcar; y Exequiel Palacios demostró desde el banco que peleará por un lugar al mostrar toda su calidad para jugar y fue el generado del segundo gol con un gran pase entre líneas.

El 2-0 no terminó siendo más amplio solo por la falta de efectividad en el tramo final. Pero es la consolidación de un presente prometedor y la reivindicación del pasado que invita a River a creer.

Pinola abrió el marcador del partido con un potente cabezazo. (Fotobaires)
Tras un horror del arquero de Palestino, Nacho Fernández anotó el 2-0 final. (Fotobaires)
Los jugadores de River celebran el pase a octavos de final. (Fotobaires)

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