Seguramente este domingo la imagen de Braian Romero aparecerá en los diarios de todo el país. No es para menos: marcó uno de los tantos con los que Defensa goleó a Lanús y se consagró campeón de la Copa Sudamericana por primera vez en la historia.

Pero los flashes no lo marean. Tiene en claro que el año pasado fue "colgado" de Independiente, con el atenuante que también sabe que nueve años atrás sufrió una enfermedad que casi lo obligó a colgar los botines de forma prematura.

En 2012, cuando daba sus primeros pasos en la Primera B con la camiseta de Acasusso recibió una devastadora noticia. Una artritis reumatoidea, enfermedad que provocó la inflamación de las articulaciones y tejidos circundantes, lo tenía a maltraer, inclusive para caminar y le dijeron que no podría volver a jugar al deporte más popular del mundo. “Cuando me levanté de la siesta tenía un dolor en la cintura. Pasaron las horas y el dolor empezó a aumentar. Al otro día fui a entrenar con mis compañeros, me revisaron los médicos del club y ahí me llevaron al hospital donde quedé internado. Estuve quince días con mucho dolor, no podía mover el cuerpo desde el cuello para abajo y luego de dos meses me detectaron la enfermedad. Me aferré a la religión. Tuve que dejar el fútbol porque no podía caminar", le confió hace un tiempo a una entrevista realizada por la Conmebol.

Sin embargo, el resto es de público conocimiento. Revirtió el problema de salud y se sobrepuso a todos los momentos adversos que le tocó vivir como jugador, inclusive cuando desde el Rojo le cerraron las puertas.

"Me viene un millón de cosas a la cabeza. En la pandemia me tocó que no me tengan en cuenta, fue un golpe duro. Tuve que buscar club y estoy feliz por lo que elegí. Sabía que este era el club", confesó entre lágrimas segundos después de dar la vuelta olímpica".

"Crespo fue muy importante, la primera vez que me dan tanta continuidad de 9. El equipo juega alrededor mío y me genera las situaciones para que yo pueda convertir, es un trabajo grupal", agregó en relación a la influencia del entrenador, quien creyó que podía desempeñarse mejor dentro del área que sobre la línea de cal que marca el lateral.

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