En medio de la habitual calma que reina en el Hotel Savoy de la Capital Federal, aparece un hombre que rompe con toda esa quietud. Un grupo de huéspedes se acerca tímidamente a la mesa donde se encuentra Sergio Martínez con la intención de conseguir una de esas fotos que se guardan para la posteridad. "Salí de ahí, Maravilla", bromea alguno mientras hace el ademán de pelea al tiempo que posa para la foto. Misma escena se replica en la vereda de la Avenida Callao, donde los transeúntes detienen su marcha al verlo posar frente a la cámara de Crónica para agradecerle por llevar la bandera argentina a lo más alto.

Tras saludar a la gente y sacarse algunas fotos, el campeón se acomoda y toma asiento. Pocas horas habían pasado desde su triunfo ante Macaulay McGowan, en lo que fue su cuarto combate desde su regreso al ring en 2020. A días de cumplir 47, el quilmeño se encuentra en plena vigencia alimentando el sueño de convertirse en campeón mundial tras seis años de retiro. Pero tras derrotar por puntos al británico, Maravilla se subió al escenario para dar rienda suelta a otra de sus pasiones: el teatro.

-¿Es más difícil actuar o boxear?

-Más complicado es ganarle a un rival en el boxeo, pero a nivel emocional es muchísimo más intenso y duro lo que estoy haciendo en Bengala. Es una paliza a nivel emocional. Se me va un kilo en transpiración y medio kilo en lágrimas porque la obra pasa por todos los estadios emocionales y tengo que conectar con los ocho personajes. Todos tienen un sentir y un accionar diferente.

-En la pelea con McGowan se te vio muy bien físicamente ante un rival mucho más joven. ¿Cómo te sentiste en el combate?

-Bien, manejando la situación, los tiempos, la distancia. Diría que tuve un control casi absoluto por una cuestión de experiencia y de manejo dentro del ring. Soy bastante consciente y sigo desarrollando esa consciencia, lo que me da confianza para poder seguir afianzándome en mi estilo de boxeo, que es bastante particular y raro.

-Después de esa victoria dijiste "hasta el mundial no paro". ¿Qué viene en el futuro para vos? Se habla sobre una pelea con Ryota Murata...

-Vamos a ver si Murata puede estar, porque tiene una pelea pactada con Golovkin. Pero la posibilidad está. Lo primero que yo necesito es ganar mis próximos dos combates, seguir creciendo y que mis rivales sean de mayor oposición. Eso me acercará a ese hoy hipotético mundial. Necesito una mayor exigencia de la que tuve hasta ahora. Pero eso es algo lógico. Empecé con (José) Fandiño y hoy estoy con McGowan, pero los próximos van a ser más exigentes.

-George Foreman salió del retiro para volver a ser campeón mundial. ¿Te imaginas haciendo una hazaña así?

-Si. Yo trato de visualizar todas las posibilidades, tanto las buenas como las malas, para que nada me sorprenda. Es una buena manera de seguir desarrollando consciencia, una forma de afrontar el presente y el día a día que me toca vivir. Si me toca perder cualquiera de los combates previos al mundial me tendré que ir, porque es muy difícil que con 47 años tenga alguna oportunidad. Me voy a tener que ir porque es lógico, me quedaré sin chances. Las puertas se cerrarán y es algo que no puedo descartar. Pero también veo la posibilidad de estar ganando mis próximos combates y el mundial también.

-Si las cosas no se dan como querés, ¿pensás en colgar los guantes?

-No es que yo piense en eso, sino que... ¿quién me daría una pelea con 47 años habiendo perdido la última? Me pasaba cuando tenía 33 años. Me decían "mirá que si no ganas y de manera espectacular las puertas se van a cerrar", y yo tenía que ganar de manera brillante y haciendo el nocaut del año. Esa presión me vino bien, me hizo crecer. Ya peleé durante mucho tiempo con la posibilidad de que la próxima pelea sea la última.

-Dijiste también que te gustaría un combate con Golovkin ¿No te da miedo esa pelea?

-Naaaa. Yo estuve a horas de que me amputen la pierna. Me dijeron: "Sergio, son las 12 del mediodía. Te tengo que operar antes de las 13 y si no tenemos que amputarte la pierna, porque sino entre medianoche y las 12 del mediodía de mañana te vas a morir". Después de haber atravesado eso, Golovkin solo me va a pegar. ¿Me va a golpear la cabeza? Si. ¿Quizás me rompa algunos huesos? Probablemente. O yo a él. Así que mejor que él también se cuide.

-La posibilidad está. Y si está, vas con todo entonces...

-Obviamente. No puedo ir a medias, ya no puedo. No lo hice cuando era más joven y no lo puedo hacer ahora menos que nunca. Estoy embarcado en algo que es realmente maravilloso. Tengo todo para ganar y nada para perder. Y cuando uno no tiene nada para perder es muy difícil que dobleguen a esa persona.

-Siempre se habla de cómo el retiro afecta psicológicamente al deportista, y vos estuviste varios años abajo del ring. ¿Cómo viviste todo ese tiempo?

-Me pasó que aprendí a mirar hacia adentro en esos años. El haber pasado por algo tan doloroso como lo de mi rodilla hizo que valorara la vida. Cuando empecé a mirar para adentro descubrí un universo maravilloso, que es encontrar que los límites están solamente en mis miedos. No le puedo ganar a eso porque está intrínseco y vas a tener miedo hasta el día que te mueras, pero sí aprendí a convivir con el miedo.

-En tu carrera tuviste grandes peleas, pero quizás la más emblemática haya sido con Julio César Chávez Jr. porque en ese momento el general de los argentinos pudo conocer quién eras. ¿Cómo viviste la relación con el público desde en ese momento?

-Fue bonita por momentos, y en otros muy difícil porque no sabía lo que era la popularidad. Yo boxeaba para ser campeón, no popular ni famoso. Y de repente pasar a ser popular y famoso fue abrumador y muy difícil. Yo estoy acostumbrado a ir a cafeterías y en su momento fue imposible. Fue difícil porque dejé de tener una vida común y corriente. Pasé a tener una en la que tenía que ir con 10 o 12 guardaespaldas para ir a una radio o un canal de televisión.

-¿Y cómo manejaste la efervescencia que te trajo la fama?

-Muy fácil: viviendo en Madrid. Hace 11 años que vivo ahí y 20 que estoy en España. Estando allá es otra cosa, otra vida, porque no tengo el nivel de popularidad que tengo acá. Me conocen, sí, pero la gente es distinta. Puedo ir al mercado y hacer las compras como cualquiera. Soy uno más que está en la sociedad.

-Más allá de que las puertas se abran o cierren, ¿la gente se puede ilusionar con que haya Maravilla para rato?

-Hay que ver. Hoy por hoy tengo ganas, entusiasmo y mucho compromiso con lo que hago. Tengo un plan fijo en la cabeza que lo traigo desde hace 4 años y está inquebrantable: el de ser campeón del mundo. Pero no puedo prometer mucho porque no quiero ser esclavo de mis palabras, eso es algo jodido. Me gusta vivir el presente. Estoy boxeando y, como diría Mostaza, vivo paso a paso.

Su pasión por el boxeo y su mentalidad ganadora que lo llevó a lo más alto

Sergio Martínez lleva el box en la sangre. Si eso no fuera cierto, el campeón no seguiría a sus 46 años con hambre de gloria para poder ser nuevamente campeón del mundo. Pero todo ese amor por ese deporte comenzó desde muy chico en su hogar, donde creció escuchando hablar de hazañas de los grandes pugilistas de la histria argentina.

"Mi pasión por el boxeo arrancó probablemente con mi nacimiento.En casa se hablaba de eso antes que otra cosa. De hecho, cuando era pequeño creía que, por ejemplo, Pipino Cuevas, Roberto Durán o Monzón eran familiares míos. Se hablaba tanto de ellos que para mí eran el tío Pipino, el tío Galíndez o el tío Bonavena. Los tenía como propios. Mis tíos eran boxeadores y venían a hablar de eso a casa. Mi padre, fanántico del boxeo igual que mi madre. Entonces ya desde muy chico estaba en mi vida", confesó Maravilla.

Como en cada ámbito de la vida, uno siempre se anima a soñar en grande. Pero desde el momento que Sergio se calzó los guantes no solo imaginó llegar a lo más alto, sino que se visualizó haciendolo. Es con esa mentalidad ganadora que el oriundo de Quilmes logró escribir su nombre en las páginas doradas del boxeo nacional.

"Siempre imaginé estar en el lugar donde estoy hoy. Yo veía que tenía condiciones para ser campeón del mundo. De hecho hay entrevistas mías de 1996 donde recuerdo haber dicho, con todo respeto, que yo no quería ser campeón del mundo de un título: quería ser campeón unificado y después serlo libra por libra. Yo ya lo visualizaba y trabajé para eso", cerró.

El fútbol su gran frustración

Pese a ser un boxeador de élite, Maravilla Martínez tuvo un sueño trunco en lo que respecta al deporte: ser futbolista. A pesar de que en su casa mamó box prácticamente desde la cuna, el campeón confesó que también le hubiera gustado ponerse los botines y salir a patear a una cancha.

"Me hubiera gustado hacer fútbol, pero mis condiciones vinieron por el boxeo", sostuvo Sergio, confeso hincha de River. Y agregó: "Menos mal, porque mal no me fue. Pero hubiese querido aunque sea un partido. El fútbol es mi gran frustración".

Hace algunos años el multicampeón olímpico Usain Bolt se dio el gusto de probar suerte en el mundo de la redonda tras su retiro de las pistas, pero para Maravilla esa posibilidad no parece algo probable. "Tal y como está la rodilla hacer eso es complicado. Es difícil que chifle el chancho. Pero por ahora puedo decir que soy boxeador y vengo bien. Sobrevivo", finalizó.

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