Este martes se cumplen 43 años del asesinato de Oscar "Ringo" Bonavena, pero ha dejado una estela de popularidad tan grande que su vigencia es asombrosa. Tuve la oportunidad de conocerlo, por notas periodísticas y puedo calificarlo como el rey de la autopromoción.

Una vez fue a pelear contra Goyo Peralta y en el aeroparque no había nadie de prensa, estaba él y Tito Lectoure, a la media hora se encontraba lleno de periodistas y Ringo, por lo bajo, con su voz aflautada, le dijo a Tito: "Sabés lo que hice llamé y dije que se había caído un avión", por supuesto, la nota fue Oscar Bonavena. Un genio de la promoción.

Su amor por su madre, doña Dominga, era inconmensurable: "Ríete, vieja, que ya sufriste mucho lavando ropa pa’ fuera" ―susurraba en el oído de doña Dominga, su mayor amor en este mundo...."Con el boxeo y con las vitaminas que me diste desde chico, te voy a ofrecer una vida hermosa. ¡Se acabó la miseria, vieja…!", agregó.

"Me produce risa cuando dicen que tengo complejo de Edipo. ¡¡Qué boludez…!! Si mi vieja tiene unas várices así. Simplemente la amo por sus sentimientos, por su alegría de vivir y por la manera que siempre tuvo de tratarme. ¡Es la mejor de todas! ‘Mirá, te traje esto de París, ponételo en la cabeza, que es un perfume francés’. Me lo agradecía mirándome fijo a los ojos”.

Nació bajo el signo de Libra, una mañana del 25 de septiembre de 1942. Fue el séptimo hijo de los nueve que tuvo el matrimonio de inmigrantes italianos integrado por Dominga Grillo y Vicente Bonavena, en la casa de Treinta y Tres Orientales 2189 del barrio de Boedo. El bebé, un "toro" rozagante y fornido ―como diagnosticaron los médicos responsables de traerlo a este mundo― que, posteriormente, revolucionaría el ámbito del boxeo y se convertiría en uno de los personajes más populares de la Argentina y del universo.

"Nací con una estrella distinta a la de mis hermanos. ¿Sabés quién fue mi madrina de bautismo? Mora Martínez de Hoz. ¡¡Qué talco!! Mi vieja trabajaba de lavandera en esa casa y, cuando mamá quedó embarazada, la señora le prometió que sería la madrina. Y cumplió, che…", añadió.

Esa noche del 7 de diciembre de 1970, el país entero se mantuvo en vilo. Su fracaso con Muhammad Ali (fallecido en junio de 2016) lo proyectó a la fama perpetua.

La pelea con Mohamed Alí fue lo hizo trascender y lo llevó a la fama.

Este gladiador argentino se transformó en un símbolo de rebeldía y guapeza. Una derrota que causó orgullo popular, una admiración hacia Bonavena que, hasta ese momento, nunca antes había sido expresado. Los privilegiados que vimos aquella batalla heroica y la recordamos, después de casi 50 años, volvemos a tener la misma sensación de dolor en el alma. Nuestro eterno recuerdo.

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