A lo largo de su carrera, los compañeros de Lionel Messi no sólo le elogiaron su virtud con la pelota sino también su enorme corazón. Absolutamente nadie en el mundo del fútbol se animó a detectar un defecto en "La Pulga", que no para de tener actitudes dignas de elogiar.

Después de ganar la Copa América prácticamente no durmió en la noche del sábado, el domingo llegó por la mañana a Ezeiza y en horas del mediodía arribó en su avión privado a Rosario, donde lo esperaba Antonela Roccuzzo y sus tres hijos.

Desde el aeropuerto rosarino se dirigieron a su casa en la ciudad natal. Y por la siesta, la gente que vive en los alrededores se acercó al domicilio del "10" para cantar y gritar en la puerta. Absolutamente nadie esperaba que ocurriera lo que finalmente pasó: Messi -cansado y después de estar 45 días lejos de su familia- salió a la puerta para firmar autógrafos y sacarse fotos con cada uno de los presentes.

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