Por Diego Rodia 
@drodia1971

"Vuelvan a la cancha. Vayan, sean hombres, jueguen y ganen”. La conmovedora frase reto de José Omar Pastoriza cumple 40 años, así como también la máxima hazaña futbolística, al menos de la Argentina. Algo difícil que se repita. En medio de un clima hostil, no sólo dentro de la cancha, y con un arbitraje sospechoso.

Un 25 de enero, pero hace cuatro décadas, Independiente escribía una de sus páginas más gloriosas de su rica historia al conquistar el Nacional 1977, convirtiendo el gol de la consagración con tres jugadores menos. Impactante.

La fiesta que no fue
Todo parecía preparado en Córdoba para que aquel impresionante Talleres se quedara con toda la gloria. Había empatado en un gol cuatro días antes en Avellaneda y llevaba las de ganar en La Boutique. A pesar de que la historia había arrancado en forma adversa por el gol de Norberto Outes, la terna arbitral tenía preparadas un par de decisiones equivocadas que pusieron a la T con todo a favor para gritar campeón: el empate con un penal inexistente, el 2-1 convertido por Boccanelli con un manotazo y la posterior expulsión de tres hombres de la visita: Galván, Trossero y Larrosa.

Los jugadores de Independiente, que se sintieron despojados, iniciaron la retirada del campo de juego cuando surgió el grito ya mencionado del Pato y el equipo, en clara desventaja, volvió a la cancha. Y vaya que valió la pena. Pastoriza mandó a la cancha a Bertoni y Biondi, quienes en medio de un dominio abrumador del rival, armaron una impresionante triple pared dejando adversarios en el camino y  Bochini que ese día festejaba su cumpleaños número 24, convirtió el 2-2, que sería definitivo, a pesar de que en los últimos minutos el aluvión tallarín no alcanzó para conquistar el desnivel. Asi la gloria sería del Rojo gracias a los goles de visitante. 

El Rojo se la bancó en un terreno hostil, con un árbitro localista y un país en contra. Es que cuando más que jugadores aparecen los hombres, es posible cualquier tipo de hazaña. 

El recuerdo de la hazaña