Apenas unas horas antes del partido, el joven arquero del Naft Maysan, de la liga iraquí, se enteró de la peor noticia: su pequeña hija, de apenas cinco días, murió como consecuencia de las complicaciones del parto.

Sin embargo, y a pesar del dolor que lo embargaba, Alaa Ahmad no contó nada ni a sus compañeros ni a su entrenador para no ser excluido del encuentro contra el Al-Shorta, uno de los equipos más populares del país. Sólo con el sonido del silbato que marcó el fi nal del partido, Ahmad se permitió demostrar sus sentimientos y explotó en llanto.

Sus compañeros no entendían lo que ocurría: el resultado del encuentro -un empate había sido más que positivo para el equipo habida cuenta del contrincante. El arquero se abrazó a uno de sus compañeros y el resto se acercó sin entender qué ocurría. Sólo en ese momento reveló lo ocurrido y la noticia se propagó rápidamente a través de las redes sociales.

Ahmad contenido por sus compañeros, también emocionados.

“Quería demostrarles de lo que soy capaz”, aseguró el joven entre lágrimas. “Horas antes del partido, mi hija de cinco días falleció como consecuencia de complicaciones posparto. Pedía a mi familia que no difundieran la información. Lo guardé para mí y no dije nada a mis compañeros ni a mi entrenador porque estaba seguro de que se hubiesen negado a que yo jugara el partido”, explicó.

Lo cierto es que Ahmad había esperado con muchas ansias el encuentro y el resultado fi nal fue positivo. En efecto, los medios locales aseguran que uno de los árbitros del partido, Sabah Abed, aseguró que Ahmad había “jugado un encuentro espectacular”. En las redes, en tanto, le llegaron mensajes de apoyo y empatía respetando su dolor y su decisión.