Por Marcelo Rodríguez 
@marcel_rodrig 

La situación futbolística por la cual está atravesando Boca es crítica. Es verdad que en el torneo pasado, faltando cuatro fechas, sus perseguidores (River y Banfield) también habían quedado a cuatro unidades del líder; sin embargo el Xeneize pudo consagrarse campeón, y antes de que finalizara el torneo.

De todas maneras las situaciones son diferentes. El contexto es otro ya que este Boca llega más herido que aquel que sufrió un bajón futbolístico. Porque el conjunto actual no sólo tiene una merma en el juego, sino que además sufre de mucha ausencias. Las “históricas”, como las de Fernando Gago y Darío Benedetto, pero ahora se les suman tres desgarrados más: Edwin Cardona, Paolo Goltz y Wilmar Barrios.

Asimismo, en el caso de Carlos Tevez no está claro, porque en principio habían dicho que tenía un golpe en la rodilla y que tenía sinovitis, pero este lunes se dijo que tenía un problema en los aductores. Una incomprensible falta de comunicación y de información por parte de la institución.

A las ausencias, entonces, habrá que agregarles los errores del cuerpo técnico, que comenzó a administrar de manera incorrecta las cargas de los jugadores y de los planteos, pocos entendibles, en especial lo realizado en Brasil ante Palmeiras y frente a Independiente. En ambos encuentros hubo una particularidad: Boca jugó con el freno de mano puesto y cuando aceleró jugó mejor y generó situaciones.

En Brasil logró convertir; en Avellaneda, no. De aquella “ponchada” de puntos que llevaba sobre el final del año pasado y comienzos de este, se redujo drásticamente a 4 la diferencia. Una situación que, por más que la dirigencia no lo diga abiertamente, hace que estén mirando de reojo el trabajo de Guillermo Barros Schelotto,  a quien no le encuentran demasiadas virtudes y comienzan a criticar planteos, sistemas, elección de refuerzos y hasta la confección del banco de suplentes.