Por Marcelo Rodríguez 
@marcel_rodrig

En enero de este año decíamos en este mismo espacio que el problema para Guillermo Barros Schelotto es  Carlos Tevez. Que la cuestión no tiene nada que ver con las relaciones personales, sino que hablamos pura y exclusivamente de cuestiones futbolísticas. Y el tiempo termina dándonos la razón. Una vez más, ante un rival que exige más de la pobre media habitual, esa posición de punta y media punta del Apache termina siendo sumamente perjudicial para el funcionamiento del equipo.

Primero, Tevez está lejos de lo que supo ser; hay un océano entre el que mejor jugó y este que no puede gambetear a un rival. Y esto obligó a Guillermo a cambiar de sistema táctico, con lo cual, para no resignar todo su trabajo, decidió que el jugador sea el 9 del equipo. Un 9 que no pisa el área; que hizo un par de goles -es cierto- pero no por ser centrodelantero, los hizo porque al fin y al cabo es un atacante.

Preguntamos varias veces si Guillermo se va a animar a patear el tablero y poner en cancha lo que él quiere. Pero más allá de esta limitación que el DT de Boca experimenta y se ve a las claras (no hace falta que nadie lo diga), la cabeza técnica sigue sin encontrar respuestas y es evidente que no está a la altura de las circunstancias.

Cuando los síntomas se repiten es porque algo está mal. No se puede mirar para el costado. El técnico no puede convertirse en un negador serial. El Boca de Guillermo juega a una sola cosa; piensa de una sola manera y no hay forma ni capacidades para dar vuelta, desde lo táctico, un partido que le es adverso.

El ciclo de Guillermo se va acabando inexorablemente. Pero no por la derrota del miércoles, sino por la seguidilla de estas, que el equipo acumula cuando no hay margen para el error. Los resultados negativos ante Racing, Central, Argentinos, y ni que hablar con River, socavaron el poder del cuerpo técnico.