Por Flavio Giai, enviado especial a Rusia
@FlavioGiai

A metros de la Plaza Roja, bajo un cielo iluminado por miles de lucecitas que le dan un aire casi navideño a la atmósfera, se encuentra la Embajada del Hincha Argentino. Es decir, el bar ubicado en una calle peatonal donde cada día se congregan cientos de argentinos para ensayar los cantitos que el sábado retumbarán en el estadio Luzhnikí. 

La procesión es constante: la concurrencia no baja de las 500 personas. Van y viene, cantan, saltan, hacen pogo, toman aire, reponen energía y otra vez al ruedo. Una y otra vez hasta quedar exhaustos. Todo bajo el ritmo de bombos y platillos.

 

La energía contagia a rusos y rusas, que se unen a la fiesta, imitan gestos e intentan balbucear alguna estrofa. Es que el clima que se vive es único y asombra a los miles de turistas que caminan por la zona. Claro que hay hinchas de otras selecciones. Y hasta algunos, como los mexicanos o brasileños, improvisan un rito similar. Pero ninguno se compara con el de los argentinos.

Más allá de los dos hits creados para la ocasión, los clásicos no se olvidan. El “Brasil, decime que se siente…” se reedita automáticamente en cuanto asoman la cabeza nuestros vecinos. Con el apoyo de los peruanos, otros que la ligan son los chilenos, aunque, claro está, por estas tierras no se ven muchos de ellos. ¿Y “el que no salta es un inglés”? ¡Obviamente! 

 

La cerveza corre generosa. Más de uno tambalea con destino de besar la lona, pero enseguida se apoya en el de al lado y sigue cantando. Aunque las autoridades rusas habían informado que se prohibirían tanto la venta de alcohol como las manifestaciones en la vía pública, la zona albiceleste por ahora está liberada, pues la policía hace la vista gorda. La Embajada, se sabe, forma parte del territorio argentino…