Por Flavio Giai 
@flaviogiai 

Si un vaso de vodka suele tomarse de un solo trago, a Moscú conviene saborearla despacio, para no correr el riesgo de embriagarse. El Kremlin, la catedral de San Basilio, el teatro Bolshoi, el Mausoleo de Lenín, el parque Gorki, los puentes sobre el río Moscova, las magníficas estaciones de subterráneo.

La capital de Rusia es imponente. Y sin dudas, la Plaza Roja es el sitio obligado de todos aquellos que se deleiten con una ciudad que combina con astucia su pasado imperial, sus años de comunismo y su presente de metrópoli que derrocha modernidad. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, este emblemático punto neurálgico va tomando otro color. O mejor dicho, otros colores: los de cada una de las camisetas de fútbol que brillan bajo el sol primaveral.

Y entre la marea de gente que va y viene, los latinos sin dudas dejan su huella. Los argentinos enseguida se encuentran: "Aguante Crónica", le grita un hincha de Vélez a uno de nuestros enviados, al detectar el micrófono que lleva en su mano. Los brasileños, cuándo no, imponen sus ritmos en plena calle; los mexicanos y los colombianos lucen orgullosos el verde y el amarillo respectivamente- de sus casacas; y a lo lejos se adivina un mate uruguayo.

Sin embargo, al menos en el mediodía de este lunes, las calles del centro moscovita se tiñeron de blanco y rojo. Después de una larga abstinencia mundialista -36 años para ser exactos- los peruanos demuestran su entusiasmo a flor de piel, envalentonados con una selección que revivió de la mano del Tigre Gareca.

"Qué técnico que nos dieron", nos dice Ramón, con una sonrisa de oreja a oreja. Todos ellos confían en superar la fase de grupos. Y tal vez se encuentren a la albiceleste en el camino... Habrá que improvisar dos arquitos y definir más o menos los límites de la cancha: la pelota ya comenzó a rodar en la Plaza Roja. Rompe, pincha o cuelga, garpa...