@matanasoff

"Gracias señor Pastoriza, por todo lo que nos da. Esta hinchada le agradece, le agradece hasta el final”, se escuchó en más de una oportunidad durante la década del 70 (y cada vez que se puso el buzo de entrenador en Independiente), en referencia al querido y recordado Pato, quien con su estilo de juego guió al Rojo a la conquista de la Libertadores y de varios torneos locales.

Y, en la actualidad, la canción puede modificarse a “Gracias señor Holan, por todo lo que nos da, esta hinchada le agradece, le agradece hasta el final”. Desde que asumió la conducción técnica del elenco de Avellaneda, el Mundo Rojo se revolucionó. Ni el más optimista hincha soñó con levantar un trofeo al finalizar el año.

El equipo no venía bien, se había ido un ídolo como Gabriel Milito del cargo de entrenador y el presente, con limpieza de varios referentes, no parecía ser el mejor. Varios lo miraron de reojo por sus “novedosas” técnicas (uso de la tecnología, principalmente), pero demostró que con compromiso, actitud e intensidad (casualidad o causalidad la sigla de Club Atlético Independiente) puede conseguir todo lo que se proponga.

Las lágrimas cuando terminaron el encuentro, mirando al cielo y dedicándoselo a su padre, describieron perfectamente lo que vivió y sintió Ariel Holan a lo largo de toda la competencia. Independiente vivió otro Maracanazo. Como en 1995, cuando de la mano del Zurdo López y, a pesar de haber perdido en la revancha, dio la tan ansiada vuelta olímpica, siendo el único club en el mundo que lo hizo en el mítico estadio carioca.

Salud, Holan. Salud, Independiente. El Rey de Copas está de pie, y más vivo que nunca.