Chacarita luchó hasta donde pudo en desigualdad de condiciones, afrontando la Superliga con un plantel de inferior calidad al que había logrado el ascenso apenas la temporada pasada, luego de siete años en la B Nacional, a la que volverá después del Mundial para navegar en un mar de incertidumbres.

El descenso se concretó en la noche del lunes porque Véle. sumó un punto ante San Lorfenzo de local (2-2) y eso lo dejó anclado definitivamente en zona de descenso, sumándose así a los otros tres condenados previamente: Arsenal, Olimpo y Temperley.

Ya no quedan más equipos para bajar de categoría. La crueldad de los promedios condenó a este cuarteto mucho antes del final del campeonato, nada menos que faltando cuatro jornadas. Un indicio también de lo que propone esta flamante Superliga como criterio de sustentación: el pez económicamente más grande se devora al chico.

Jorge González, ex jugador del club a principios de los 70 y fiel seguidor del equipo dirigido por Walter Coyette desde el ascenso primero y ahora de Sebastián Pena, reflejó la realidad que condujo a los de San Martín de regreso al fútbol de ascenso. "Este descenso no es solamente de los jugadores, que con sus limitaciones, hicieron lo que pudieron, sino también de una dirigencia que no logró reemplazar a jugadores como Julio Salinas y Nicolás Oroz que fueron claves en el ascenso, ni dotar al cuerpo técnico de un plantel que esté a la altura de lo que es la primera división", indicó el también ex futbolista de Estudiantes de Buenos Aires.

Por su parte el arquero Pedro Fernández fue avizorando lo que se venía desde varias fechas atrás, porque en cada entrevista que se le realizaba post partidos decía siempre lo mismo: "no solamente los jugadores y el cuerpo técnico son responsables de esta situación, sino todas las cosas que se hicieron mal dentro del club y de las que habrá que hablar cuando esto termine".

Bueno, ahora la historia se terminó, mucho antes de lo esperado por todos, seguramente, pero quizá rendido ante lo inexorable, el joven Fernández hablará sobre todo eso que se hizo mal fuera de la línea de cal. Y cuando lo haga, coincidirá en un ciento por ciento con el veterano González. El arquero tiene 31 años y el ex volante 71, pero esos 40 de diferencia no se notarán a la hora del diagnóstico final.