CINE Y SERIES

Adrián Suar vuelve al cine con "Yo, Narciso", junto a Natalia Oreiro: una oda al ego superlativo, y la construcción constante de su "Homo argentum"

El 13 de agosto llega a las salas la nueva película del director y actor, su tercera obra como realizador, que es una sátira sobre el narcisismo moderno que explota el costado más absurdo de su humor.

@perez_daro

El 13 de agosto llega a los cines "Yo, Narciso", la nueva comedia de Adrián Suar, que nuevamente asume el doble rol de director y protagonista, acompañado esta vez por una brillante Natalia Oreiro. La película, que también cuenta con un elenco de lujo que incluye a Julieta Zylberberg, Moria Casán y Eleonora Wexler, encuentra a su realizador en un momento de madurez creativa donde parece haber dado con el tono exacto para su comedia: un registro que se corre cada vez más hacia el absurdo y la sátira, sin perder el contacto con esa humanidad cotidiana que hace reconocibles a sus personajes.

Adrián Suar, una de las figuras más influyentes del espectáculo argentino, vuelve a la carga con su tercer largometraje como director y protagonista. Después de las experiencias de "30 noches con mi ex" (2022) y "Mazel Tov" (2025), el actor, productor y programador de El Trece estrena "Yo, Narciso", una comedia que lo encuentra en su doble rol y que, además, coescribe junto a Pablo Solarz. 

Adrián Suar vuelve al cine con "Yo, Narciso", junto a Natalia Oreiro: una oda al ego superlativo, y la construcción constante de su "Homo argentum"

La película, que llega a los cines el 13 de agosto con distribución de Disney (Buena Vista International), sigue la historia de Máximo Rey, un cirujano plástico que encarna el estereotipo del macho vanidoso y egocéntrico, y Rocío Flores, una profesora de sociología que lo convierte en su objeto de estudio para un libro sobre el narcisismo moderno. Con un tono que se corre cada vez más hacia la sátira y el absurdo, y una generosidad actoral que permite lucirse a su coprotagonista, Suar consigue una obra que, sin virtuosismos formales, resulta ágil, entretenida y, en más de un sentido, sale airosa.

Como actor, Suar construyó una carrera de éxitos masivos en el cine y la televisión, desde "Un novio para mi mujer" hasta "El hijo de la novia", pasando por "Igualita a mí" y "Dos más dos". Su carisma popular y su timing para la comedia costumbrista son indiscutibles, aunque muchas veces se le critique por repetir un registro de hombre neurótico o acelerado, con ciertos tics gestuales que parecen acompañarlo en cada personaje. 

En "Yo, Narciso", Suar asume el personaje de Máximo, un cirujano plástico que no puede pasar frente a un espejo sin admirarse en cámara lenta. Rocío, por su parte, es lesbiana y está en pareja con Karla (Julieta Zylberberg), pero decide hacer un "trabajo de campo" y seducirlo adoptando otra identidad. 

En un caso de enamoramiento trunco, la película de Adrián Suar gana al centrarse en la comedia.
En un caso de enamoramiento trunco, la película de Adrián Suar gana al centrarse en la comedia.

La película apuesta al juego de la manipulación mutua, donde cada personaje cree tener el control de la situación, pero la inteligencia del relato reside en mostrar cómo ambos terminan atrapados por sus propias estrategias. Suar demuestra una generosidad notable: pone su personaje en desventaja para que Oreiro luzca más inteligente, más ingeniosa y con un rango cómico que va de la frialdad académica a la seducción fingida. Allí aparece otro acierto, jugársela por la comedia más que por el romance, que parece más la excusa de acercamiento más que una búsqueda amorosa dentro del film. Ahonda en la propuesta de la sorpresa (nadie esperaría que una película de Suar no genere interés romántico entre sus personajes, que aquí se da unilateralmente).

El desenlace conciliador apuesta a la seudo redención, que lleva aparejada la sinceridad, acá no se trata de buscar la absoluta evolución de un hombre nuevo, sino de entender que esas personas vagan por el mundo, a veces a plena conciencia de sus temperamentos y formas.

El director, en su faceta de realizador, muestra soltura para manejar ritmos dinámicos, aunque su estilo visual a veces queda supeditado a la palabra y a una estructura más televisiva que cinematográfica. Aun así, "Yo, Narciso" funciona como una comedia de enredos que aborda temas universales: el culto a la imagen en la era de los filtros, la dictadura del yo y la superficialidad contemporánea. 

La mirada a la institución familiar, por ejemplo, se cuela en las tensas relaciones de Máximo con su ex Silvia (Eleonora Wexler) y su hija Andrea (Sofía Morandi). El momento más hilarante llega con la irrupción de Moria Casán como la madre del protagonista, Graciela, en una escena de almuerzo que roza el absurdo y que funciona como una de las cumbres de la película.

Adrián Suar vuelve al cine con "Yo, Narciso", junto a Natalia Oreiro: una oda al ego superlativo, y la construcción constante de su "Homo argentum"

Ya desde el nombre del protagonista, Máximo Rey, el espectador debería tomar nota del tono que va a encontrar. No es casualidad que el cirujano plástico se llame así: un nombre que combina la máxima soberbia con la realeza, una declaración de intenciones que anticipa el registro satírico y la falta de sutileza con la que la película aborda el ego masculino. 

Eso, lejos de ser un defecto, funciona como una clave de lectura que le pide al público que se suba a la propuesta sin esperar grandes complejidades. La película se toma el tiempo de establecer ese universo donde todo es un poco más grande, un poco más absurdo, y donde los personajes, con sus grandilocuencias y sus miserias, merecen ser vistos desde esa perspectiva. Porque cuando Suar elige un nombre así para su protagonista, nos está diciendo, desde el minuto cero, que lo que viene no es realismo puro, sino una comedia que se permite exagerar para reírse de lo que retrata.

Lo cierto es que Suar, a lo largo de su trayectoria de personajes, construyó una suerte de "Homo argentum" propio. No el de Guillermo Francella, que en su reciente película homónima buscaba una definición más amplia y prejuiciosa del ser argentino. El de Suar es más cotidiano, más vecino: tipos que por error, omisión o traumas pasados resultan incorrectos, egoístas o directamente mala gente, pero que no se caricaturizan desde el espanto sino desde la plena conciencia de lo que podrían ser. 

La dupla Oreiro-Suar funciona muy bien en "Yo, Narciso".
La dupla Oreiro-Suar funciona muy bien en "Yo, Narciso".

Esa humanidad recuperada, aunque sea desde el absurdo, es la que sostiene su comedia. Y aunque algunos lo denuesten o resistan, lo cierto es que sus historias llegan al público, lo divierten y, tal vez sin proponérselo, reflejan algo de esa multiplicidad argentina.

A pesar de su larga trayectoria, Suar parece seguir en la búsqueda, consciente o inconscientemente, del tono justo. Sigue afinando la puntería, probando registros, corrigiendo el tiro después de cada experiencia. Y aunque "Yo, Narciso" no sea una obra magistral ni su opus máximo, lo cierto es que está encontrando ese punto dentro de la comedia que le calza justo a él y que transporta al espectador. 

Esa zona donde el humor no necesita justificarse ni pedir permiso, donde la sátira fluye sin esfuerzo y donde el público se reconoce en esos personajes que, con todas sus miserias, resultan entrañables. Suar, fiel a su estilo, sigue su camino. Esta nueva película confirma que su fórmula, cuando se corre hacia la sátira y el absurdo, sigue funcionando. Los personajes que crea, con sus defectos y sus grandezas, caen en sus propias trampas y eso los vuelve humanos, cercanos, reconocibles. 

Tal vez por eso, pese a las críticas que siempre lo acompañan, el público sigue yéndolos a ver. Porque en el fondo, todos reconocemos algo de esos tipos que, como Máximo Rey, se miran al espejo y no ven más que su propio reflejo. 

Esta nota habla de: