Juan Minujín protagoniza "Los Domingos", la emotiva película española que triunfó en los premios Goya
Bajo la dirección de Alauda Ruiz de Azúa, este drama español explora las tensiones familiares, la búsqueda de identidad y el peso que tienen la fe y las creencias religiosas en las decisiones de sus protagonistas.
Este jueves llega a los cines argentinos "Los domingos", el nuevo drama español protagonizado por Juan Minujín, quien gracias a este trabajo consiguió una nominación en la última edición de los Premios Goya. La película fue una de las grandes protagonistas de la temporada de premios en Europa, donde obtuvo cinco estatuillas, además de destacarse previamente en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
Con una historia íntima y atravesada por los vínculos familiares, la fe y los conflictos personales, propone un relato que pone en primer plano las tensiones entre las convicciones religiosas y las decisiones que pueden cambiar el rumbo de una vida. Bajo la dirección de Alauda Ruiz de Azúa, construye un retrato sensible sobre la identidad, las creencias y el impacto que tienen en quienes buscan seguir su propio camino.
¿De qué se trata "Los domingos", la película que invita a Juan Minujín a reinventarse?
¿De qué se trata "Los domingos", la película que invita a Juan Minujín a reinventarse?
Los domingos suelen tener un significado especial para muchas familias. Para algunos son el día del asado, de reunirse alrededor de la mesa, de visitar a los abuelos o de descansar después de una semana de trabajo. Para otros, además, conservan un fuerte componente religioso: asistir a misa, compartir el almuerzo después de la celebración y mantener tradiciones que pasan de generación en generación. Esa combinación entre la vida familiar, las costumbres y la fe es justamente uno de los ejes sobre los que se construye esta película.
Una especie de "Esperanza Mía" española mezclada con "Sor Juana Inés de la Cruz" de María Luisa Bemberg, con un despampanante drama que sin dudas te hace reír a carcajadas e imaginar hasta qué lugar uno está dispuesto a seguir una fuerte convicción. Como en la novela argentina, la religión aparece atravesada por vínculos familiares, emociones y situaciones que rozan la comedia, mientras que, al igual que la película de Bemberg, la historia se pregunta qué sucede cuando una mujer decide seguir una vocación que desafía lo que los demás esperan de ella.
Acá nos encontramos con la historia de Ainara, una joven de 17 años que se forma en una escuela religiosa, rodeada de jóvenes muy poco ortodoxos, que asisten a fiestas, se emparejan y disfrutan de la adolescencia, pero que se siente muy desconectada de su realidad, intentando encontrar cuál es su verdadero destino. Así, un día sin previo aviso, siente fuertemente en su interior el llamado de Dios que la invita a hacer el discernimiento vocacional, desencantada de las actividades de sus amigos, descreída del amor por un enamoramiento que salió un poco mal y muy creyente de que su bienestar está con las monjas.
A partir de allí, toda una familia que la rodea y que la quiere, pero que no la entiende, se convierte en el verdadero motor de la película. Un padre de principios liberales que queda completamente paralizado, sin saber muy bien cómo reaccionar, que polulea entre el respeto de la decisión de su hija y el pánico de sentir que la va a perder o que puede perder una vida que, según él, puede ser más feliz, y una tía que hace todo lo posible por abrirle otras puertas, mostrarle otro mundo y engatusarla para que desista de sus principios.
"Los domingos" en cines desde el 30 de julio
Y en el medio, Ainara, que cuanto más la presionan, más convencida está. La rebeldía acá no tiene capucha, bombas o guitarra eléctrica: tiene rosario, oración y una determinación que por momentos te descoloca y por otros te arranca una carcajada.
Blanca Soroa, en su debut como actriz, construye un personaje que por momentos es genuinamente convincente y por otros te genera una especie de distancia, un rechazo suave pero real, como cuando alguien está tan convencido de algo que se vuelve medio orgulloso en una conversación. Hay algo en la protagonista que es admirable y al mismo tiempo ligeramente insoportable, lo cual, pensándolo bien, es exactamente lo que necesitaba para funcionar.
Juan Minujín aparece como Pablo, tío de la protagonista, en un rol bastante secundario, casi al margen del conflicto central que atraviesa la historia. Sin embargo, cada vez que entra en escena, logra captar la atención con una simpatía muy natural y un humor que surge sin esfuerzo. Su personaje aporta momentos de distensión dentro de un relato cargado de tensiones familiares y dilemas personales, convirtiéndose en un alivio para el espectador.
En esta oportunidad, el actor vuelve a mostrar su versatilidad al alejarse de personajes más intensos o dramáticos como el profesor de "El suplente", el abogado de "Cromañón" o el representante Guillermo Coppola en " El representante", para ponerse en la piel de un hombre mucho más simple y cotidiano. Esa faceta más contenida le permite mostrar otra cara de su trabajo y confirma, una vez más, la adaptabilidad que lo caracteriza.



