@perez_daro

Si, llega una nueva película de “La Masacre de Texas”. Y sí, ya hay poco que se pueda contar al respecto. Pero no, no estamos en presencia de una obra maestra.

Con todos los prejuicios que podamos encontrar a la hora de ver y hablar de un filme que ronda entre lo clásico por su historia en el cine, y lo patético, por algunas versiones que han devastado la franquicia, llega esta precuela y sorprende en varios aspectos.

Esta vez, el largometraje lleva como nombre original “Leatherface”, porque justamente cuenta todos los hechos que llevarán a un joven a transformarse en el clásico asesino de la motosierra que todos conocemos. Con esa base argumental, veremos a Jackson (Sam Strike), Bud (Sam Coleman), Clarice (Jessica Madsen) e Ike (James Bloor), cuatro seres violentos que se escapan de un psiquiátrico y secuestran a Lizzy (Vanessa Grasse), una de las enfermeras. Obviamente comienza un viaje por la ruta en la que protagonizarán todo tipo de crímenes, mientras son perseguidos por Hal Hartman (Stephen Dorff), un policía que no está en mejores condiciones mentales que los muchachos que debe recapturar.

Toda esta travesía terminará de fundir el cerebro de Jackson, uno de los fugitivos, para luego transformarse en "Leatherface".

En el relato se destaca la violencia, algo que siempre pareció lógico como elemento traumático del famoso asesino. Pero de alguna forma, los crímenes son más que ejecuciones, y están relacionados al tipo de violencia animal con la que se muestras a los protagonistas, en un universo en el que los buenos son muy pocos y los malos se eliminan sin piedad.

Aunque pueda parecer inverosímil, todo encaja justamente por lo arquetípicos -aquí como virtud que parecen algunos personajes, lo que ayuda a descubrir rápidamente qué quieren o qué desprecian.