En la música y el arte en general suele decirse que siempre se necesitan desafíos, escapar de lo conocido, aprovechar la libertad que da lo que todavía no se ha hecho, como una virtud. Se utiliza, entre los músicos, para aclarar que no quieren repetirse o que no se quieren quedar con lo ya ganado, y al mismo tiempo, vanagloriarse de evitar la fórmula del éxito. ¿Tan mala es la tan temida zona de confort, que todos quieren salirse de ella? En charla con DiarioShow.com, Kevin Johansen desmitifica esa concepción al dar detalles de su nuevo disco, "Tu ve", en donde se amiga con el confort, tanto musicalmente como en toda su vida.

Comenzando la charla sobre lugares comunes, una forma típica de describir un disco es decir que es "una fotografía del momento". Sirviéndose de esa idea, Kevin, que presentará el álbum el 24 de septiembre en el Teatro Gran Rex explica que "este es un álbum de el álbum de viaje, de celebraciones, de diversidades, de a mí me gusta la gente diferente a mí. El disco tiene una variedad en en los temas elegidos y a la vez hablan mucho de mí porque hablan mucho de mi historia del Norte al Sur, temas en inglés y en castellano". Como si el listado de canciones fuesen una extensión de su esencia, asume que le falta elegancia y criterio: "Son dos cosas que yo no conozco. Es un poco un chiste, pero soy un cebado, parezco tranquilo, pero puedo cebarme para el lado de los tomates. Pierdo fácilmente la brújula".

Lo de perder la brújula tiene sentido cuando recuerda su ADN, que es de trotamundos: "mi esencia es un poco alasqueña y argentina, ¿cómo no voy a ser medio extraterrestre? Hay algo también en los islandeses y los nórdicos. Johansen es de Noruega, tengo de mi madre algo ibérico. Americano tengo del norte al sur. Se me extremizó (sic) la sangre".

Kevin Johansen disfrutando del vivo.

Uno de los temas que se destacan de "Tu ve" es "Perfect Day", cover de Lou Reed que Kevin transformó junto a su hija Miranda Johansen en una samba. "Esa versión resume lo que quise hacer. Encontrarle la vuelta de tuerca a una gran canción y sentir que se banca a cualquier cosa porque es una composición de la hostia".

Comienza a hablar de cómo se pergeñó el disco con una declaración fuerte: "Estoy a favor de la zona de confort. Uno hace todo esto también para estar en su zona de confort. Es lindo decir que algo es desafiante, pero a veces es lindo hacer lo contrario, tener la oportunidad de invitar a la gente a mi casa y ser anfitrión, agasajar desde tu hogar". Y mucho depende de qué se considere el hogar para el músico. Para Kevin Johansen puede ser una canción o un disco, pero lo es más un show: "El bacalao se corta cuando estás arriba del escenario. Ese momento teatral de equivocarse, de salir de hablar, de ser un anfitrión, como una fiesta que hacés en tu casa, y preguntás si están bien con la música, la comida. Estás preocupado, pero a la vez estás ofrendándote a que la gente se relaje y esté a gusto. Eso puede ser un desafío porque es el último acto de generosidad que tiene el artista".

Kevin Johansen junto a su hija Miranda.

En el álbum, varias canciones son en colaboración con su hija, otro punto que también podría ser considerado un lugar cómodo. Sobre la carrera de su hija, revela: "Para mí fue algo fundamental que ella la pase bien, que no padezca. Si ella hubiese aprendido a los nueve años dos temas en el piano y después se dedicaba a ser contadora o abogada o lo que fuere, yo, feliz. Resulta que la música la llamó y disfruta. El tema es que uno puede momentáneamente abandonar la música, pero la música nunca lo abandona a uno. Aunque sean esos dos temas que te aprendiste en el piano a los 9 años, te queda para toda la vida. La música tiene ese poder y siempre podés volver a ella".