@LuisVenturaSoy

Toda la luz y el color que simbolizó la vida del diseñador Carlos Di Doménico, hoy se opaca al tratar de hilvanar el derrotero de sus últimos días terrenales. El cáncer que lo sorprendió y arrasó, y la desazón que lo fue invadiendo terminaron llevándose a un ser que era todo un cascabel de alegría y buen gusto.

Con la muerte previsible de este distinguido diseñador se fue un referente de la moda mundial, ya que Di Doménico había trascendido nuestras fronteras del “fashion”, y siempre fue tendencia en las pasarelas europeas como en sus locales de moda esteños y recoletos.

Susana Giménez y Carlos Di Doménico

Por eso supo vestir a nuestras luminarias del espectáculo y alta sociedad. Por sus manos pasaron los modelos que alguna vez utilizaron gloriosas como Mirtha Legrand, Marina Dodero, Susana Giménez, Amalita Fortabat, Graciela Borges, Mora Furtado y Moria Casán, entre las mujeres que más diseños suyos supieron llevar sobre sus pieles.

Pero entre la vida y la muerte, en ese camino parabólico que llevan nuestras existencias, Di Doménico no siempre supo elegir bien a la hora del amor. Y cuando el amor no es luminoso y colorido como su alma, se entra en un cono de oscuridad y en esa oscuridad muchas veces está la mismísima muerte, que aun durante la propia vida adelanta su presencia y se puede llegar a estar muerto aún estando vivo.

Carlos Di Doménico y Susana Giménez

Eso le pasó a Di Doménico, después de haber constituido una familia con esposa e hijos, porque un día eligió una pareja igualitaria y se fue a vivir con César Turicich, otro diseñador con el que se enamoraron, pero terminaron muy mal. Con juicios desgastantes y un final que mejor olvidarlo que recordarlo, porque ambos se hicieron mucho daño.

En esa necesidad de orientar la proa hacia aguas más transparentes y menos turbulentas, Carlos Di Doménico se enamoró de un contador que en otra época no tenía notoriedad, pero que hoy está detenido y es pieza clave en varias causas de lavado de dinero, que llevaron a definirlo como uno de los primeros “valijeros K” de la Argentina. Estoy hablando de Juan Manuel Campillo, que fue la tumba para quien llegó a ser su esposo, en un casamiento que se realizó en secreto.

Juan Manuel Campillo y Carlos Di Doménico

Hoy los hijos de Di Doménico denuncian a ese mismo Campillo por haber robado y estafado a su padre, y no permitieron que se cremara su cuerpo porque sospechan que aquel Di Doménico, en decadencia hasta su muerte, habría sido envenenado para quedarse con la fortuna y el patrimonio que cosechó con trabajo.

No sería extraño que muchas personalidades del espectáculo que amaron a Di Doménico puedan surgir en alguna causa de lavado o enriquecimiento ilícito a partir del asesoramiento del contador y ex ministro de Economía de Santa Cruz, Juan Manuel Campillo, que tendría más víctimas o secuaces en los balances impuros que se le investigan. La de Carlitos, una muerte que todavía sigue latiendo y oscurece. Te lo digo yo.